Pedro Sánchez no tiene vergüenza ni para pegar un sello

Pedro Sánchez no podría dormir con ministros de Podemos en el gobierno. Igualito que Santi Abascal. Son personas que se preocupan por España y que saben qué es lo mejor para este país en cada momento.

Entiendo que Santi es un ultraderechista y antiizquierdista de toda la vida que se ha ganado con tesón, esfuerzo, dedicación y capacidad tales honores. Pero hasta estos meses, entendía que Pedro Sánchez Castejón y el PSOE se consideraban de izquierdas. Él, un hombre de izquierdas; el partido, un partido de izquierdas. Yo lo dudo desde que tengo uso de razón política. Ya en aquel entonces veía a Barrionuevo, Vera, Corcuera o Rodríguez de la Borbolla y aquello podía ser cualquier cosa menos gente de izquierdas. Pero bueno, ellos se consideraban así como antítesis a la derecha representada por el Partido Popular y, ciertamente, alguna diferencia podía haber entre algunos miembros del PSOE como Ernest Lluch, Pedro Zerolo o Cristina Narbona y gente como José María Aznar, Mayor Oreja, Álvarez Cascos y el propio Santi Abascal, que hasta hace dos telediarios había vivido toda la vida de ser del PP.

Pero hete aquí que llega abril de 2019 y gana la izquierda española las elecciones generales. Gana el PSOE con 123 diputados, lo cual era un resultado ridículo hasta hace nada para el PSOE, pero que dada esta nueva situación pluripartita en territorio nacional, no está nada mal. Con los diputados de Unidas Podemos y algún partido nacionalista más se puede formar gobierno. El PP se ha hundido miserablemente con 66 ridículos escaños. Ciudadanos no ha sido capaz de abanderar la oposición liberal haciendo el sorpasso al PP aunque se ha quedado cerca. VOX ha obtenido un gran resultado para ser un partido de nuevo cuño, pero por debajo de lo que ellos y a quienes nos provocan náuseas preveíamos.

En fin, todo es felicidad aquella noche primaveral hasta que se oye “con Rivera no” frente a la sede del PSOE en la calle Ferraz. Pedro mira con desconfianza, como pensando si no le estarán diciendo que con Podemos sí. Esos rojos piojosos sarnosos comeniños incultos y corruptos. Cómo va a pactar con ellos. No podría dormir si lo hiciera. Esta plebe de ahí abajo no entiende que para que un país funcione ha de ser la derecha la que lo dirija. Maldita sea, qué gente más ignorante. Eso del socialismo ya queda atrás. Ya no tiene sentido. Necesitamos gestores. Necesitamos que la banca esté contenta. Necesitamos que las multinacionales estén contentas. No podemos pensar que es buena idea trasladar a un gobierno lo que hayan dictado las urnas. Las urnas no gobiernan un país. Gente como yo lo hace.

Hagamos aquí un alto. ¿Por qué es Pedro Sánchez Castejón presidente en funciones del gobierno de España mientras está ahí sonriendo en el balcón con cara de lelo? ¿Ganó unas elecciones? No. No ganó. Consiguió el peor resultado de la historia del PSOE con 85 diputados. 85 ridículos y patéticos diputados (me refiero al número, luego ya habría que mirar cada caso individual para dar un empaque fundamentado a esos juicios de valor). ¿Entonces? Pues entonces sucede que salió la sentencia de la Gürtel en la que quedaba bastante claro que el PP era un partido corrompido hasta los cimientos. Precisamente, hasta los cimientos de su sede en calle Génova que también se benefició en su estructura e interiores del amor del peperío por el dinero en sobres a cambio de favores políticos. Salió la sentencia de la Gürtel y Podemos puso de acuerdo a todos los partidos que debía poner para hacer presidente a Pedro Sánchez que era, en realidad, quitar de presidente a Mariano Rajoy al que le importaba tres pitos lo que era una realidad palmaria respecto a la corrupción en su partido y no pensaba dimitir ni aunque le hubieran pillado en un barco con la espalda llena de crema de protección solar con un narco. Ah, no, perdón. Eso es otra película. Ese era la solución del PP al problema de la corrupción. Feijoo. Vale.

Entonces para entendernos: ¿era y es presidente en funciones del gobierno Pedro Sánchez gracias a Podemos? Totalmente. ¿Me estás diciendo entonces que esos zarrapastrosos cuya ministrabilidad no dejaría dormir a Pedro fueron quienes le hicieron presidente? Exacto.

Llego por tanto a una conclusión muy clara: Pedro Sánchez y su PSOE no tienen vergüenza. Ni para pegar un sello. Si después de estar décadas diciendo que son un partido de izquierdas se niegan a gobernar junto a otro partido de izquierdas; si trata como basura a quienes le hicieron presidente; si dice que no podría dormir con un ministro de Podemos cuando él fichó a varios indocumentados como ministros, alguno de los cuales duraron días en el cargo… Si dejó pasar meses sin negociar y cuando lo hizo fue desde una postura de superioridad y de desprecio hacia quien te tendía la mano Y LE HABÍA HECHO PRESIDENTE, concluyo, pues, que Pedro no tiene vergüenza ni debería ser nunca más presidente del gobierno de España. Pero lo será. Lo será junto a Ciudadanos, que es lo que él siempre quiso. Y yo no me callaré nunca más cuando alguien que diga ser del PSOE hable de “nosotros los de izquierdas” o “los de derechas”.

No, bonita, no, que diría Carmen Calvini, que esa es otra con capítulo aparte.

Vosotros, de izquierdas, un mojón de pato.

PD: Ya el PSOE decepcionaba y traicionaba a mediados de los 80…

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“Assemblea Oberta amb Pedro Sánchez” by pscbarcelona is licensed under CC BY 2.

Imagen banquero: geralt en Pixabay

Pedro Sánchez y sus drugos no quieren testigos

Pedro Sánchez y sus drugos no quieren testigos en sus consejos de ministros. Prefieren que les apoye Unidas Podemos desde la distancia. Es una sabia medida profiláctica, la más antigua de todas y que la Iglesia Católica y otros religiones han intentado propagar, con escaso éxito según épocas, por el mundo: la abstinencia.

Sí, para Pedro Kent Sánchez resulta más adecuado no tener a podemitas sentados a su lado. Es que son de un pesado. Hasta rojos se consideran. Y de izquierdas. Cosa más antigua. Ya sólo faltaba que llevaran piojos a La Moncloa. O sarna, que es peor. Uno nunca sabe con esa gente.

Los desprecios del PSOE en estos meses a Unidas Podemos son incontables. No se pueden relatar todos porque daría para un libro. Un libro aburrido, lleno de basura intelectual y emocional. Centrémonos en lo último: “ya el tiempo de un gobierno de coalición ha pasado”, ha dicho Pedro y sus adláteres.

Yo puedo soportar que me llamen rojo, perroflauta, comeniños, basura… Uno va a una manifestación contra la valla en Ceuta y acaba vacunado de las cosas que te pueden gritar los fascistas desde un puente.  Uno puede soportar que le digan que sólo un mundo es posible y es el del neoliberalismo nacionalista, clasista y racista. Vale. Lo estamos viviendo cada día desde hace décadas. Pero lo que no es aceptable es que salga un men(drugo) como el ministro en funciones Ábalos o un despojo intelectual (me importa un bledo su cátedra) como Carmen Calvo y diga “el tiempo de un gobierno de coalición ha pasado” como si estuviera hablando de un temporal o un huracán. Si algo no puedo soportar es que me tomen por imbécil. Prefiero el vil insulto.

Hoy, Pedro ha descubierto la pólvora y es poner tropecientas medidas en lo alto de la mesa y ofrecer unos cuantos puestos de alta dirección, seguramente remunerados de una manera muy parecida a la de un ministro, para convencer a Unidas Podemos y conseguir su apoyo. Hablamos de un presidente que lo es gracias a que Unidas Podemos trabajó en las diferentes bancadas del Parlamento para que ÉL fuera presidente. Así paga Pedro. Le salvas la vida y te manda un vino de cinco euros a casa.

Es una vergüenza lo que ha hecho Pedro y sus mamandurrios estos meses, ciertamente. Tampoco ha tenido mucho sentido la apuesta de Nuestro Amado Líder de Galapagar para formar coalición con un partido que es solo el menos malo de los que pueden gobernar España. No el mejor. No un partido en el que quienes hemos votado a Unidas Podemos (con más o menos cariño por sus líderes) podamos vernos representados y podamos sentirnos orgullosos del voto que ha hecho presidente a Pedro Sánchez Castejón.

Llegados a este punto, sólo hay dos alternativas: mandar a la mierda a Pedro Sánchez y sus pelotas rastreros o aceptar esto con todo el desprecio posible y dejando claro que no se va a dejar pasar ni una sola de las medidas anunciadas. Ya también podemos colocar a Echenique en algún puestazo y quitarlo un poco de en medio.

La otra posibilidad, sin duda tentadora, es decirles a todos estos arrogantes traidores y sinvergüenzas que vayan al super chaletazo de Albert (incluso más grande que el de nuestro Pablemos, pero eso sí, de alquiler) y se pongan allí de rodillas rezando una novena para convencerle y que ofrezca su apoyo y el de su partido (eso sí que es una Naranja Mecánica y no la de Burgess), pero tendría esta solución poco recorrido porque después de unas nuevas elecciones para martirizarnos, el resultado podría ser más o menos el mismo. Y entonces, ¿qué hacemos? ¿Seguir así toda la puta vida? Peor aún, que gane el bloque de derechas, que podría ser el trifachito con nombre de España Suma. Y Espinosa de los Monteros y el ex boina verde, Ortega Smith, de ministros. Holy mother of god.

En fin, yo creo – y lo creía antes de los desprecios del PSOE- que lo mejor es, precisamente, no sentarse junto a ellos. Tal vez no pensemos de ellos que tengan piojos o sarna, pero sí algo mucho peor: la fuerza destructiva de la política de baja estofa que desanima a todo el mundo y que sólo existe para perpetuar el sillón o puestazo que se haya conseguido, medrada en partido mediante. Y contagiarse de eso es contagiarse de la enfermedad que podría acabar, definitivamente, si no lo ha conseguido ya la familia real podemita, Pablo e Irene, con un partido fuerte a la izquierda del PSOE. O, en otras palabras, la única plataforma electoral de izquierdas fuerte que se presenta en todo el Estado Español.

PD: Imagen destacada, “Alex DeLarge” by El Muro Art is licensed under CC BY-NC 4.0

La traición del PSOE

Otra vez el PSOE ha traicionado a la izquierda. Lo empezó a hacer en Suresnes cuando Felipe González se escandalizó porque el partido en el que había ingresado años antes fuera marxista, que es básicamente por lo que se llama, aún hoy, socialista.

En 1982, el PSOE arrasa en las elecciones generales. Catorce años estuvieron al frente del país en los que se pueden observar algunas luces y sombras terribles como el GAL, la corrupción y dos huelgas generales de masivo seguimiento por torcer ya a finales de los 80 todo lo que podía considerarse de izquierdas de aquel PSOE.

Desde 1996, cuando el PP gana las elecciones por muy pocos votos, el PSOE sólo ha tenido un presidente de gobierno salido directamente de unas elecciones generales, José Luis Rodríguez Zapatero.

En 2018, el PSOE volvió a tener un presidente del gobierno, Pedro Sánchez Castejón. Fue así porque tras la sentencia del Caso Gürtel en el que se demuestra la profundidad de la corrupción dentro del Partido Popular, Unidas Podemos (entonces Unidos Podemos si no recuerdo mal) maniobró con el resto de partidos que podían apoyar una moción de censura para que Pedro Sánchez fuera presidente.

No parece que Pedro Sánchez hiciera nada para ser presidente salvo dejar que Unidos Podemos negociara con una multitud de partidos y fuerzas para que votaran a favor de Pedro Sánchez -cuyo partido contaba con la pírrica cantidad de 85 escaños- en la moción de censura, tal como finalmente ocurrió.

Un año después, en las elecciones generales, el PSOE de Pedro Sánchez consigue 123 escaños por los 42 de Unidas Podemos. Los titulares son que la izquierda ha ganado las elecciones y los correligionarios del PSOE le gritan a Sánchez “con Rivera no”, que era evidentemente un con “Unidas Podemos sí” porque por mucho que estuvieran disfrutando la victoria, podían entender que con 123 diputados no se es presidente a menos que cuentes con otros partidos con cierta representación parlamentaria.

Lo primero que hace Sánchez es anunciar que hasta después de las elecciones municipales y de algunas comunidades autónomas de mayo no se iba a negociar nada. ¿Por qué? ¿Qué razón lógica había para ello si pasara lo que pasara en esas elecciones el PSOE seguía con 123 escaños? Todo el mundo pareció ver eso muy lógico y normal. Pero lo que estaba pasando es que se estaba perdiendo tiempo. En cualquier caso, desde las elecciones municipales y autonómicas de finales de mayo hasta la sesión de investidura aun quedaban casi dos meses. Tiempo suficiente para negociar tranquilamente los apoyos que ERC y Bildu estaban vendiendo baratos y el PNV no lo ponía mucho más caro. Sólo quedaba Unidas Podemos. Con el sí de Unidas Podemos, Pedro Sánchez sería presidente, esta vez después de ganar unas elecciones, y en principio, habría cuatro años de un gobierno progresista en España, apartando, además, la posibilidad de que la extrema derecha de VOX y el extremo centro de Ciudadanos gobernara con la derecha del PP.

Entonces, después de meses y meses sin pedir un solo apoyo, el PSOE parece acordarse de que necesita a Unidas Podemos y les llama para negociar. Faltaban ya días para la investidura.

Lo primero que hace el PSOE para “seducir” a Unidas Podemos es decirle que su líder no va a ser ministro ni vicepresidente. Que no lo quieren en el Consejo de Ministros. Eso es lo primero que hacen. Pablo Iglesias, que parecía encantado de ser vicepresidente o, en su defecto, ministro, se echa a un lado cuando ve que él es el señalado como el problema.

Una vez apartado Pablo Iglesias, el PSOE propone a Unidas Podemos una serie de competencias y ministerios que suponen el 3% del presupuesto del Estado Español. Recordemos que los votos de Unidas Podemos son 3,7 millones y los del PSOE 7,5 millones. Mis cuentas son que se trata de algo menos de la mitad de los votos y un tercio de los escaños. No es exactamente que Unidas Podemos tuviera seis diputados para llegar a una mayoría con una amplísima victoria del PSOE. Por no decir, que Unidas Podemos arrastra otros votos (ERC, Compromís…) que son esenciales para llegar a los 176 diputados.

Luego, el desastre. Carmen Calvo tratando a Unidas Podemos como lo que estoy convencido que fue siempre su intención: démosles a los niñatos unas cuantas chucherías y que dejen a los respetables adultos como yo ocuparse del país.

Pues bien, “los niñatos” no se conformaron con ser tratados como estúpidos y pidieron competencias para cambiar las cosas. Cuando Carmen Calvo y su jefe se dieron cuenta de que su estrategia de ir de listos, sobrados y arrogantes no funcionaba fue demasiado tarde para cambiar porque las dos sesiones de investidura se echaron encima. Todo por no empezar a negociar dos meses antes. Todo por pura arrogancia y pura traición a la idea de un gobierno de izquierda pues no hay que olvidar que Pedro Sánchez llevaba semanas casi suplicando a Albert Rivera que le apoyara “para no tener que apoyarse en fuerzas independentistas”, aunque lo que de verdad quería decir era “para no tener que apoyarme en esos rojos de Unidas Podemos”.

Y ahora lo mejor: el PSOE considera caducada su oferta de gobierno de coalición (recordemos que estuvo semanas antes de sentarse a negociar negando que ese gobierno de coalición pudiera existir) para septiembre. Ya no está esa oferta sobre la mesa. ¿Por qué? ¿Tenía mahonesa la oferta y ya se ha puesto mala? ¿Qué razón lógica hay para que lo que vale a finales de julio no vale a principios de septiembre?

La razón es muy sencilla. El PSOE no quiere gobernar con la izquierda aunque ésta solo dirija ministerios menores. Quiere ser apoyado por Ciudadanos para hacer un gobierno neoliberal o, en su defecto, ir a elecciones en noviembre convencidos de que ganaran. Y seguramente lo hagan. ¿Pero obtendrán mayoría absoluta o una mayoría para gobernar junto al Partido de Revilla? Porque no hay nadie más que le apoye. Ese ha sido su “triunfo”. Ir a una investidura con un solo voto a favor de alguien que no sea del PSOE. Vergüenza debería darles, pero vergüenza no tienen.

Como dijo Krahe, ni es socialista ni es obrero. Español solamente.

De cómo Pedro Sánchez me desprecia

Pase lo que pase hoy, haya gobierno con Unidas Podemos o no, una cosa queda clara: Pedro Sánchez ha despreciado a todos aquellos que votamos a Unidas Podemos el pasado abril. Él no quería ni quiere nuestros votos. Quiere los de Ciudadanos. A Ciudadanos le habría reservado una Vicepresidencia señorial, unos ministerios estupendos y no hubiese sido raro que alguno de esos hubiesen sido Interior, Exteriores o Hacienda. Pedro Sánchez y el PSOE se han retratado en Madrid como ya lo hicieron en Sevilla: ellos quieren centro. En las campañas electorales, son rojos, pero una vez que se vota su rojo deviene en naranja. Y allí les espera Albert. Sólo que Albert se ha empeñado en escorarse a la derecha y no pactar con enemigos de España como es todo aquel que no le acompañe a Colón a hacer autos de fe patrióticos.

Tampoco sería raro, que Pedro nos trate como a kleenex porque su agenda oculta pase por dinamitar las negociaciones pensando que en noviembre podría obtener más diputados y, por fin, convencer a Albert para que sea su vice. O Arrimadas, que ella sí es buena compañera de gabinete. (por ley de probabilidad, en algún momento les llamará fascistas si es que no lo ha hecho ya). Pero sí queda clara una cosa que no deberíamos olvidar nunca: Pedro ha despreciado lo que le dijeron sus seguidores en la noche electoral y a todos los votantes de Unidas Podemos. Los que aman a Pablo y los que les votamos a pesar de Pablo. Y si no hay gobierno esta tarde y dentro de unos meses, otra vez necesita Pedro a Unidas Podemos, las condiciones deberían ser claras: se comen a Pablo de vicepresidente y cinco ministerios, eso incluso si UP obtiene menos diputados que esta vez. Y, por supuesto, nada de Ministerio del Humo. Dos o tres de los de verdad: Justicia, Trabajo o Hacienda. Y si no, que llame a Albert.