Lo de Dortmund (extracto de la novela “Caos muy berraco”)

Ah, aquella dolorosa que pagó su viaje a Alemania porque el Málaga que había visto en Tercera División y Segunda División B, el Málaga que jugaba a veces en campos de albero, el Málaga que hacía el ridículo aquel año de Primera, el Málaga en quien se cagaban todos al pasar por aquí estaba a sólo un partido de las semis de Champions… Y va la virgen vestida de malaguista y se acurruca con los Malaka Hinchas y quedan sólo dos minutos del descuento y ganamos 1-2 y aún nos vale el empate y te acuerdas fugazmente de aquel Manolito o como coño se llamara que era medio acondroplásico y medio no, seguro gordo como un sollo, y con la camiseta del Málaga iba a todas partes ni para ducharse se la quitaba porque directamente no se duchaba y tan contento iba él con Paquito, Juanito, Azuaga, Albis, hasta el puto Husillos nos valía en la delantera… Aquellos hombres que poblaron mi infancia y ya sé que no debo, ya sé que es opio y circenses y lo que le salga de los cuernos al intelectual de turno de mañana, pero los ojos se abren de par en par porque está a punto el Málaga de ser uno de los cuatro mejores equipos de Europa, jugar unas semis, juro por Diego Armando Maradona, único dios que reconozco, que iré cada jueves santo a Sevilla  a ver salir la Macarena como penitencia cruzada y para un malaguista lisérgica e incomprensible, máxime siendo ateo por la gracia de Diego, pero así son las promesas, locas, absurdas, ilógicas y absolutamente necesarias en cuanto a su cumplimiento; sí, Macarena, sí, allí iré, pero

Algo va mal. Algo pasa. Como si los ojos de nuestros jugadores hubieran sido enjuagados con eau de burundanga a la par que los otros han recibido una inyección de zumo de glóbulos rojos y el pedazo de mierda que no pertenece a ninguno de los dos equipos una transferencia a su cuenta desde Alemania y un espaldarazo a su carrera desde Zurich… Y todo cambia, todo vuelve a ser lo mismo, el mundo en el que los poderosos vuelven a aplastar a los pequeños como cucarachas que se hubieran colado en la limpia oficina y cómo van los zarrapastrosos esos a colarse en nuestra fiesta de etiqueta si no hace tanto tenían a un Manolito medio enano que apestaba como un caballo muerto paseándose por la ciudad con la camiseta ajada y un balón en la mano sin importarle demasiado que ya tuviera como cuarenta años y los niños con los que intentaba jugar tuvieran doce.

Y en dos minutos 3-2, a la puta calle, como sea, con los fueras de juego que sea, con las faltas que sea, a patadas, a escupitajos, fuera, fuera, fuera, y la dolorosa llora más que nunca porque es del barrio de La Luz y joder, cuándo coño iba a ocurrir algo así al Málaga, mi Málaga, al malaguilla que decía aquel tío mío, cuándo coño volverá a repetirse, esto ha sido un puto crimen rastrero y como en cualquier crimen rastrero sólo se obtendrá una mínima justicia si ésta se toma por la mano y joder

si no hubiese fumado aquel día mientras volvía del bar al que me condenó la pedazo de mierda restregada en boñigas de cabra anciana de Paloma del Río, qué habría sido de mí, joder, qué habría sido de mí… le debo tanto al tabaco… le debe tanto Craig Thomson, el escocés hijo de puta, y tanto Paloma del Río, la centralista cabrona… Vete a tomar por culo y comenta la puta gimnasia con los muertos de Sissi Emperatriz y los cuernos humeantes de María de las Mercedes de sus Muertoans. Y ya sabemos que el Madrid tiene mejor audiencia que el Málaga, no hace falta que asomes tu jeta de pija de mierda mongola y con la condescendencia que parece cosecharse alrededor de la Cibeles aparezcas en TVE para decir que tomaste la decisión de emitir el Madrid por eso, cerda, cerda, cerda, oh, como te odié/odio y tabaco relativizando, pero bueno, si esto es un deporte, joder, un juego de mierda, qué más da, qué importa que los de blanco tengan más copas de Europa que tengo yo para beber si dentro de 100 años todos calvos, todos muertos, dediquémonos a mejorar este mundo shitero que tenemos en vez de llegar a la final de la Champions y, sobre todo, entendamos que el fútbol es desde hace un par de décadas más que un deporte un tablero geoestratégico de militares y capitalistas, es decir, los que manejan el cotarro y vienen manejándolo desde que los nobles fueron desposeídos de sus estupendos derechos bendecidos por la Iglesia, prima nocte y tal.

Eso es esa mierda de deporte y no más: Florentinos como Ronald Reagan y catalanes varios como Margaret Thatcher. Pinochetitos tipo Cerezo y siempre alemanes, en todas partes alemanes, allá donde los adultos hablan y se deciden las cosas, alemanes. Y hasta cuando los cabrones se han cargado Europa dos veces se les sigue dando lametazos en sus culos teutones y dándoles coba a ver si pueden conseguirlo de verdad a la tercera y un sembrado nuclear nos hace abandonar esta parte del mundo para siempre. Pero no te preocupes, que allá donde vayan los supervivientes, dejémoslo ya claro por si te quedaba alguna puñetera duda, seguirán mandando los alemanes.

El mundo es un sitio en el que la gente nace, muere y, al final, ganan los alemanes. Incluso cuando pierden.

Sí, tal vez el hecho de no fumar me esté agriando el humor. Es más que posible. Así que me recluiré aquí con la pequeña Tora y no llamaré a Idoia hasta que hayan muerto las células rebeldes que me piden Ducados Rubio sin entender, las pequeñas, que por mucho que me haya hecho mucho bien fumar durante todos estos años no es mi deseo seguir sufriendo esa tos maligna a la mañana, ese sabor de boca nauseabundamente constante o versavice, ese subir no puedo, ese hablar a la vez tampoco y, sobre todo, ese esclavismo de encontrar la droga a la que eres adicto y consumir como si no hubiera un mañana porque sí hay un mañana que si por casualidad no trae un precioso cáncer de pulmón con él traerá, cuanto menos, un lindo enfisema, unas bombonas de oxígeno y un morir solo y en el peor de los pesares.

En resumen: tengo que ir haciendo preparativos previos a mi muerte y aunque no pueda decidir – salvo que quiera decidirlo- cómo será ésta, he de poner de mi parte para intentar decidir cómo no será.

Así que ya no veo ninguna virgen malagueña que viajara a Dortmund, ni aquel escocés llamado Thomson merece ser golpeado con el bate de Negan –Lucille- en Walking Dead hasta ver sus sesos esparcidos por el suelo ni Paloma del Río recibiría un escupitajo en los ojos si algún día me la cruzase. Son personas con intereses que hizo el destino que chocaran contra los míos. Sin más.

Pero no volveré a ver un puto de partido de fútbol jamás. Y en eso, como Oliverio, soy irreductible: quedaos con vuestro infecto deporte. Seguid comiéndole el rabo a los mongoloides que sepan manejar mejor el esférico y asistid a sus ruedas de prensa como si fueran científicos que por fin pueden curar el sida. ¡A la mierda! Puto deporte de corruptos y de correveidiles que harían lo que fuera por su migajita de la mesa donde comen los poderosos. Meteos el fútbol en el orto. Yo amaba ese deporte y vosotros lo habéis convertido en una pura estafa. Bueno, pues a partir de ahora podéis estafar el cráneo con cuatro pelos de vuestra puñetera bisabuela. A mí, nunca más.