Pandemia en los tiempos de la derecha con bilis

La epidemia del coronavirus ha puesto de manifiesto algo que ni siquiera imaginábamos los más derrotistas sobre la actitud de la derecha española: es para ellos más importante que el gobierno de España no sea de izquierdas a seguir viviendo.

Es decir, hay un virus de lo más cabrón matando a cientos de personas diariamente y encuentras que tanto los periódicos de la derecha (El Mundo, ABC, La Razón) como los derechistas individualmente vía twitter, facebook o whatsapp están más ocupados en echar abajo el gobierno que en unirnos todos puesto que nadie, desde Ortega Smith a Óscar Reina, secretario general del sindicato SAT (qué apellido para alguien del SAT), quiere morir o que mueran las personas que quiere. De hecho, quiero pensar que la mayoría deseamos que pare de morir gente ahora mismo y que esta pesadilla desaparezca. Quiero entender que ese es objetivo común. Volver a retomar nuestras vidas. Disfrutar nuestras calles. Amar a quienes amábamos.  

Es por ello que me parece sorprendente ver que twitter está lleno cada día de hashtags como #SanchezDimisionYa #PodemosPandemia #VicePandemias y todo el aluvión de bilis que cada día reparte esta cohorte de trifáchicos (es muy sorprendente viendo twitter que la izquierda ganara las elecciones dos veces seguidas) para debilitar al gobierno que va a salvarles el culo o a condenarles a la muerte o a la ruina económica o social.

Me parece evidente que el gobierno de España se equivocó. Nadie a estas alturas puede defender que Pedro Sánchez y sus asesores científicos acertaron sobre la mejor manera de encarar este virus que nos había dado semanas para pensar. Ni el gobierno de España ni ningún otro gobierno europeo movió un dedo cuando estaban muriendo cientos de chinos. Ni siquiera cuando estaban muriendo decenas de italianos. Todo era felicidad y alegría y escucha a ese virólogo de prestigio llamado Lorenzo Milá que te va a dar varias lecciones sobre la vida y los virus y los alarmistas y no escuches a Iker Jiménez que ve fantasmas y mira, mira, que Fernando Simón dice que está todo bajo control y que no hay problema alguno en España. Total, es un gripe o incluso menos, que la gripe mata más. Claro.

Es evidente que habrá que reflexionar sobre varios temas cuando esta pesadilla haya pasado (si es que pasa y ya veremos cómo pasa), pero cenutrios y zoquetes de la derecha española, muy española, ¿por qué es tan difícil de entender para vosotros que debilitar al gobierno en momentos de vida o muerte no es la mejor manera de encarar este virus?

Os guste o no, tenemos algo en común: somos humanos y este virus nos mata o mata a quienes queremos. No distingue entre izquierdas o derechas. ¿No os vale la pena que luchemos todos juntos contra el virus? ¿No sois capaces de esperar un tiempo para exponer vuestras reivindicaciones y para luchar contra los contubernios socialcomunistas que tanto odiáis?

Por último: el gobierno de España socialcomunista, comeniños, traidor, felón, antiespañol y proetarra no hizo nada hasta que pasó el 8M. Cierto. Error. Pero el mismo puñetero error que el que haya podido cometer el de Francia, Portugal o Alemania. El mismo o menos, porque incluso tomó medidas drásticas antes que esos países.

A ver si os entra en vuestra mollera derechista: estamos juntos en esto. No queremos que muera nadie más. Queremos volver a vivir. Este virus lo paramos unidos.

Pedro Sánchez y sus drugos no quieren testigos

Pedro Sánchez y sus drugos no quieren testigos en sus consejos de ministros. Prefieren que les apoye Unidas Podemos desde la distancia. Es una sabia medida profiláctica, la más antigua de todas y que la Iglesia Católica y otros religiones han intentado propagar, con escaso éxito según épocas, por el mundo: la abstinencia.

Sí, para Pedro Kent Sánchez resulta más adecuado no tener a podemitas sentados a su lado. Es que son de un pesado. Hasta rojos se consideran. Y de izquierdas. Cosa más antigua. Ya sólo faltaba que llevaran piojos a La Moncloa. O sarna, que es peor. Uno nunca sabe con esa gente.

Los desprecios del PSOE en estos meses a Unidas Podemos son incontables. No se pueden relatar todos porque daría para un libro. Un libro aburrido, lleno de basura intelectual y emocional. Centrémonos en lo último: “ya el tiempo de un gobierno de coalición ha pasado”, ha dicho Pedro y sus adláteres.

Yo puedo soportar que me llamen rojo, perroflauta, comeniños, basura… Uno va a una manifestación contra la valla en Ceuta y acaba vacunado de las cosas que te pueden gritar los fascistas desde un puente.  Uno puede soportar que le digan que sólo un mundo es posible y es el del neoliberalismo nacionalista, clasista y racista. Vale. Lo estamos viviendo cada día desde hace décadas. Pero lo que no es aceptable es que salga un men(drugo) como el ministro en funciones Ábalos o un despojo intelectual (me importa un bledo su cátedra) como Carmen Calvo y diga “el tiempo de un gobierno de coalición ha pasado” como si estuviera hablando de un temporal o un huracán. Si algo no puedo soportar es que me tomen por imbécil. Prefiero el vil insulto.

Hoy, Pedro ha descubierto la pólvora y es poner tropecientas medidas en lo alto de la mesa y ofrecer unos cuantos puestos de alta dirección, seguramente remunerados de una manera muy parecida a la de un ministro, para convencer a Unidas Podemos y conseguir su apoyo. Hablamos de un presidente que lo es gracias a que Unidas Podemos trabajó en las diferentes bancadas del Parlamento para que ÉL fuera presidente. Así paga Pedro. Le salvas la vida y te manda un vino de cinco euros a casa.

Es una vergüenza lo que ha hecho Pedro y sus mamandurrios estos meses, ciertamente. Tampoco ha tenido mucho sentido la apuesta de Nuestro Amado Líder de Galapagar para formar coalición con un partido que es solo el menos malo de los que pueden gobernar España. No el mejor. No un partido en el que quienes hemos votado a Unidas Podemos (con más o menos cariño por sus líderes) podamos vernos representados y podamos sentirnos orgullosos del voto que ha hecho presidente a Pedro Sánchez Castejón.

Llegados a este punto, sólo hay dos alternativas: mandar a la mierda a Pedro Sánchez y sus pelotas rastreros o aceptar esto con todo el desprecio posible y dejando claro que no se va a dejar pasar ni una sola de las medidas anunciadas. Ya también podemos colocar a Echenique en algún puestazo y quitarlo un poco de en medio.

La otra posibilidad, sin duda tentadora, es decirles a todos estos arrogantes traidores y sinvergüenzas que vayan al super chaletazo de Albert (incluso más grande que el de nuestro Pablemos, pero eso sí, de alquiler) y se pongan allí de rodillas rezando una novena para convencerle y que ofrezca su apoyo y el de su partido (eso sí que es una Naranja Mecánica y no la de Burgess), pero tendría esta solución poco recorrido porque después de unas nuevas elecciones para martirizarnos, el resultado podría ser más o menos el mismo. Y entonces, ¿qué hacemos? ¿Seguir así toda la puta vida? Peor aún, que gane el bloque de derechas, que podría ser el trifachito con nombre de España Suma. Y Espinosa de los Monteros y el ex boina verde, Ortega Smith, de ministros. Holy mother of god.

En fin, yo creo – y lo creía antes de los desprecios del PSOE- que lo mejor es, precisamente, no sentarse junto a ellos. Tal vez no pensemos de ellos que tengan piojos o sarna, pero sí algo mucho peor: la fuerza destructiva de la política de baja estofa que desanima a todo el mundo y que sólo existe para perpetuar el sillón o puestazo que se haya conseguido, medrada en partido mediante. Y contagiarse de eso es contagiarse de la enfermedad que podría acabar, definitivamente, si no lo ha conseguido ya la familia real podemita, Pablo e Irene, con un partido fuerte a la izquierda del PSOE. O, en otras palabras, la única plataforma electoral de izquierdas fuerte que se presenta en todo el Estado Español.

PD: Imagen destacada, “Alex DeLarge” by El Muro Art is licensed under CC BY-NC 4.0

Poli malo y poli mala: la nueva táctica de negociación del PSOE

Hemos visto en tantas películas y series lo del poli bueno, poli malo que asombra la capacidad de la dirección del PSOE para ni siquiera respetar un poco ciertos principios básicos que se dan en todo interrogatorio y también, por extensión, en ciertas negociaciones en las que dos entes del mismo bando tienen una actitud disimilar con la intención de ganar y ganar: por una parte se gana porque se va a llevar a cabo el acuerdo o negocio y por otra se gana porque se realizará en las condiciones más ventajosas para el bando que defienden.

Bueno, pues en el tema dela investidura de Pedro Ken Sánchez como nuestro querido presidente, el PSOE ha inventado una nueva táctica de negociación: se trata de mandar a la mierda la zanahoria y probar la táctica del palo-palo.  Poli malo y poli mala. Con dos cojones y dos ovarios.

La táctica del palo-palo consiste en que los dos polis pesoístas de esta historia, Pedro y Carmen, se dedican a hinchar a hostias a los perroflautas rojos comeniños de Podemos e IU, a la sazón, Unidas Podemos. Y, por extensión, a todos sus votantes.

Es una táctica nueva por lo que no se sabe con certeza su nivel de eficacia. De momento está sirviendo para que gente como este alter ego mío llamado Charly Beteta, que estaba a medio metro de mandar al carajo a Unidas Podemos cansado del ego elefantiásico de Pablo Iglesias y de su legión de pelotas rastreros, esté ahora a partir un piñón con mi Amado Líder de Galapagar.

Mi puto líder con su amiguito de nombre también Pablo, que se estaba rascando los cojones mientras allí estaba Carmen Calvo con un par de coleguis en aquel hotel. Imagino a esos camareros del hotel cuchicheando que a la vicepresidenta le habían dado plantón mientras imagino a Pablo Echenique buscando imágenes de Pablo Iglesias en google en las que no se notase demasiado ese almohadillado que rellena las mejillas de algunos con el inexorable paso del tiempo y de la manduca por el buche. Una tarde cualquiera para el buen Echenique, peón fiel donde los haya.

Pero también el cretino de Echenique es mi hombre. Mi amiguito del alma, sin trajes corruptos de por medio. Porque si tocan a nuestros mierdas, nos tocan a todos. Al fin y al cabo, con asco, con esperanza o con inercia hemos votado a Unidas Podemos y vemos tres meses y medio después que el poli malo y la poli mala se cagan en nosotros día sí y día también, tristes como están porque su Albert neoliberal y ultranacionalista no les quiera. Y lo más grande de todo es que Albert no les quiere por rojos. ¡Rojos Pedro Ken Sánchez y Carmen No, Bonita, no Calvo!

¡Rojos Ábalos y Borrell! ¡Santa Madonna!

Y ahora piensan estos que se cagaron en dos Pablo Iglesias distintos que igual es mejor ir a nuevas elecciones porque les van a votar más. Pero no entienden los cenutrios traidores que otra puñetera vez dependerán de Unidas Podemos para gobernar. A menos que ocurra lo de siempre. Que la banca siempre gana y, al final, Albert con cara azorada y después de haber mentado, no ya las madres, sino las abuelas de todo el PSOE, firme donde Pedro J le indique y sea la traición ya consumada en su versión más abyecta.

Entonces, poli malo y poli mala sonreirían con fruición, les enseñarían a Inés Arrimadas desde qué despacho nos llamará fascistas a todo bicho viviente y todo habrá acabado. Por fin.

Imagen destacada de Creative Commons: “‘Full Metal Jacket’ Lee Ermey” by VDO Vault is licensed under CC BY-NC-ND 2.0  Pero sin duda el Sargento Hartman era mucho más gracioso y agradable que Ken y No, bonita, no.

La traición del PSOE

Otra vez el PSOE ha traicionado a la izquierda. Lo empezó a hacer en Suresnes cuando Felipe González se escandalizó porque el partido en el que había ingresado años antes fuera marxista, que es básicamente por lo que se llama, aún hoy, socialista.

En 1982, el PSOE arrasa en las elecciones generales. Catorce años estuvieron al frente del país en los que se pueden observar algunas luces y sombras terribles como el GAL, la corrupción y dos huelgas generales de masivo seguimiento por torcer ya a finales de los 80 todo lo que podía considerarse de izquierdas de aquel PSOE.

Desde 1996, cuando el PP gana las elecciones por muy pocos votos, el PSOE sólo ha tenido un presidente de gobierno salido directamente de unas elecciones generales, José Luis Rodríguez Zapatero.

En 2018, el PSOE volvió a tener un presidente del gobierno, Pedro Sánchez Castejón. Fue así porque tras la sentencia del Caso Gürtel en el que se demuestra la profundidad de la corrupción dentro del Partido Popular, Unidas Podemos (entonces Unidos Podemos si no recuerdo mal) maniobró con el resto de partidos que podían apoyar una moción de censura para que Pedro Sánchez fuera presidente.

No parece que Pedro Sánchez hiciera nada para ser presidente salvo dejar que Unidos Podemos negociara con una multitud de partidos y fuerzas para que votaran a favor de Pedro Sánchez -cuyo partido contaba con la pírrica cantidad de 85 escaños- en la moción de censura, tal como finalmente ocurrió.

Un año después, en las elecciones generales, el PSOE de Pedro Sánchez consigue 123 escaños por los 42 de Unidas Podemos. Los titulares son que la izquierda ha ganado las elecciones y los correligionarios del PSOE le gritan a Sánchez “con Rivera no”, que era evidentemente un con “Unidas Podemos sí” porque por mucho que estuvieran disfrutando la victoria, podían entender que con 123 diputados no se es presidente a menos que cuentes con otros partidos con cierta representación parlamentaria.

Lo primero que hace Sánchez es anunciar que hasta después de las elecciones municipales y de algunas comunidades autónomas de mayo no se iba a negociar nada. ¿Por qué? ¿Qué razón lógica había para ello si pasara lo que pasara en esas elecciones el PSOE seguía con 123 escaños? Todo el mundo pareció ver eso muy lógico y normal. Pero lo que estaba pasando es que se estaba perdiendo tiempo. En cualquier caso, desde las elecciones municipales y autonómicas de finales de mayo hasta la sesión de investidura aun quedaban casi dos meses. Tiempo suficiente para negociar tranquilamente los apoyos que ERC y Bildu estaban vendiendo baratos y el PNV no lo ponía mucho más caro. Sólo quedaba Unidas Podemos. Con el sí de Unidas Podemos, Pedro Sánchez sería presidente, esta vez después de ganar unas elecciones, y en principio, habría cuatro años de un gobierno progresista en España, apartando, además, la posibilidad de que la extrema derecha de VOX y el extremo centro de Ciudadanos gobernara con la derecha del PP.

Entonces, después de meses y meses sin pedir un solo apoyo, el PSOE parece acordarse de que necesita a Unidas Podemos y les llama para negociar. Faltaban ya días para la investidura.

Lo primero que hace el PSOE para “seducir” a Unidas Podemos es decirle que su líder no va a ser ministro ni vicepresidente. Que no lo quieren en el Consejo de Ministros. Eso es lo primero que hacen. Pablo Iglesias, que parecía encantado de ser vicepresidente o, en su defecto, ministro, se echa a un lado cuando ve que él es el señalado como el problema.

Una vez apartado Pablo Iglesias, el PSOE propone a Unidas Podemos una serie de competencias y ministerios que suponen el 3% del presupuesto del Estado Español. Recordemos que los votos de Unidas Podemos son 3,7 millones y los del PSOE 7,5 millones. Mis cuentas son que se trata de algo menos de la mitad de los votos y un tercio de los escaños. No es exactamente que Unidas Podemos tuviera seis diputados para llegar a una mayoría con una amplísima victoria del PSOE. Por no decir, que Unidas Podemos arrastra otros votos (ERC, Compromís…) que son esenciales para llegar a los 176 diputados.

Luego, el desastre. Carmen Calvo tratando a Unidas Podemos como lo que estoy convencido que fue siempre su intención: démosles a los niñatos unas cuantas chucherías y que dejen a los respetables adultos como yo ocuparse del país.

Pues bien, “los niñatos” no se conformaron con ser tratados como estúpidos y pidieron competencias para cambiar las cosas. Cuando Carmen Calvo y su jefe se dieron cuenta de que su estrategia de ir de listos, sobrados y arrogantes no funcionaba fue demasiado tarde para cambiar porque las dos sesiones de investidura se echaron encima. Todo por no empezar a negociar dos meses antes. Todo por pura arrogancia y pura traición a la idea de un gobierno de izquierda pues no hay que olvidar que Pedro Sánchez llevaba semanas casi suplicando a Albert Rivera que le apoyara “para no tener que apoyarse en fuerzas independentistas”, aunque lo que de verdad quería decir era “para no tener que apoyarme en esos rojos de Unidas Podemos”.

Y ahora lo mejor: el PSOE considera caducada su oferta de gobierno de coalición (recordemos que estuvo semanas antes de sentarse a negociar negando que ese gobierno de coalición pudiera existir) para septiembre. Ya no está esa oferta sobre la mesa. ¿Por qué? ¿Tenía mahonesa la oferta y ya se ha puesto mala? ¿Qué razón lógica hay para que lo que vale a finales de julio no vale a principios de septiembre?

La razón es muy sencilla. El PSOE no quiere gobernar con la izquierda aunque ésta solo dirija ministerios menores. Quiere ser apoyado por Ciudadanos para hacer un gobierno neoliberal o, en su defecto, ir a elecciones en noviembre convencidos de que ganaran. Y seguramente lo hagan. ¿Pero obtendrán mayoría absoluta o una mayoría para gobernar junto al Partido de Revilla? Porque no hay nadie más que le apoye. Ese ha sido su “triunfo”. Ir a una investidura con un solo voto a favor de alguien que no sea del PSOE. Vergüenza debería darles, pero vergüenza no tienen.

Como dijo Krahe, ni es socialista ni es obrero. Español solamente.

De cómo Pedro Sánchez me desprecia

Pase lo que pase hoy, haya gobierno con Unidas Podemos o no, una cosa queda clara: Pedro Sánchez ha despreciado a todos aquellos que votamos a Unidas Podemos el pasado abril. Él no quería ni quiere nuestros votos. Quiere los de Ciudadanos. A Ciudadanos le habría reservado una Vicepresidencia señorial, unos ministerios estupendos y no hubiese sido raro que alguno de esos hubiesen sido Interior, Exteriores o Hacienda. Pedro Sánchez y el PSOE se han retratado en Madrid como ya lo hicieron en Sevilla: ellos quieren centro. En las campañas electorales, son rojos, pero una vez que se vota su rojo deviene en naranja. Y allí les espera Albert. Sólo que Albert se ha empeñado en escorarse a la derecha y no pactar con enemigos de España como es todo aquel que no le acompañe a Colón a hacer autos de fe patrióticos.

Tampoco sería raro, que Pedro nos trate como a kleenex porque su agenda oculta pase por dinamitar las negociaciones pensando que en noviembre podría obtener más diputados y, por fin, convencer a Albert para que sea su vice. O Arrimadas, que ella sí es buena compañera de gabinete. (por ley de probabilidad, en algún momento les llamará fascistas si es que no lo ha hecho ya). Pero sí queda clara una cosa que no deberíamos olvidar nunca: Pedro ha despreciado lo que le dijeron sus seguidores en la noche electoral y a todos los votantes de Unidas Podemos. Los que aman a Pablo y los que les votamos a pesar de Pablo. Y si no hay gobierno esta tarde y dentro de unos meses, otra vez necesita Pedro a Unidas Podemos, las condiciones deberían ser claras: se comen a Pablo de vicepresidente y cinco ministerios, eso incluso si UP obtiene menos diputados que esta vez. Y, por supuesto, nada de Ministerio del Humo. Dos o tres de los de verdad: Justicia, Trabajo o Hacienda. Y si no, que llame a Albert.

La negociación de Ken y Amado Líder

Se han hecho muchas reflexiones sobre las negociaciones de PSOE y Unidas Podemos para llegar a un acuerdo para la investidura de Pedro Ken Sánchez. Aquí va otra:

Está siendo muy patético.

Los unos tratan a los otros como perroflautas cuyos millones de votos son válidos para hacer presidente a Ken, pero no les quieren ni a medio metro de las moquetas más nobles. ¿Ministro un melenudo podemita? Ni de puta casualidad. Jamás nos lo permitirían nuestros amos Aliertas, Botín Jr, Florentinos, etc. Un respeto por los generadores de riqueza de este país. Por todos es sabido que lo hacen como una obra de caridad.

Por otra parte, los otros mendigando una poltrona a quien no te quiere a su lado. No me extrañaría que Amado Líder, que se está convirtiendo en un nepotista que va a dejar mamando al PP gallego, estuviera pidiendo un ministerio para él y otro para su señora, pues es el sueldo de un ministro un camino corto para pagar el chaletazo (ya no te digo dos ministros compartiendo techo) y porque su ego no conoce límites. Su reflexión será: “si yo he montado Podemos (en realidad, él le llamaría Puedo), ¿cómo voy a dejar esta oportunidad para ser ministro?”

Yo creí en Amado Líder por un rato de cuatro años. No le voté aquella vez que dieron el zarpazo en las Europeas. Preferí al Partido X y ni siquiera sabía quién era Pablo Iglesias porque no había visto ninguno de los programas de televisión en los que había aparecido. Pero vi que Teresa Rodríguez había salido elegida y por cosas de la vida, y sin conocerla personalmente, la había oído hablar en un espacio más o menos privado y me había impresionado su inteligencia y su sencillez. Ahora su inteligencia no me impresiona tanto, pero ese es otro tema. El que no es otro tema es comprender cómo Pablo Iglesias, Pablo Echenique y Juan Carlos Monedero torpedearon a Podemos Andalucía y a Teresa Rodríguez de la manera más nauseabunda posible; de un modo que yo también estaba en ese momento sufriendo en mis carnes en otros menesteres. Me dio tanto asco que decidí dejar de votar a Podemos aun yendo con Izquierda Unida, cuyo líder, Alberto Garzón, me merece respeto y, no sé si decir, admiración.

En cualquier caso, no fue posible no votarles. Primero, en Andalucía eran las víctimas de los pittbulls mesetarios de su propio partido y, evidentemente, les voté. Luego en esas mismas elecciones andaluzas, surgió VOX con lo que las generales siguientes serían unas elecciones históricas si el fascismo, descarnado y no enmascarado en respetables siglas, conseguía llegar al Poder, aunque fuera en coalición. Presionado al máximo por todo bicho viviente cercano y también medio convencido de que no podía votar a PACMA en estas circunstancias tan trascendentales, voté a Amado Líder y a sus muchachos/as. Con el asco de votar a un bully y a sus amigos bullies Pablete y Juan Carlitos. Pero les voté.

Y aquí nos hallamos. Amado Líder suplicando un ministerio (MAL) y Ken tratando a Unidas Podemos como basura (PEOR). Una repugnancia dual se me forma entre los ojos cada vez que los veo forzar una mueca el uno frente al otro. Ken rebaja mi voto y el de millones de personas como yo a la categoría de escoria social izquierdista (izquierdista es algo que ni él ni su partido son, evidentemente) y Amado Líder, loco por un ministerio, se arrastra ante Ken en vez de renunciar a formar parte de un consejo de ministros lleno de pesoístas traidores y obligarle a hacer ciertas políticas sociales y económicas si quiere el apoyo. Y si no, que se vaya a la mierda. Que haya elecciones. Somos millones los que jamás votaríamos a PSOE. ¿Qué va a sacar 10 diputados menos Unidas Podemos? ¿Y qué? ¿Merece esa cifra el arrastrarse por las reuniones con Sánchez, Lastra, Ábalos (que siempre parece haberse acabado de comer un pobre lechón) y todo el que aparezca por ahí para escupir a los votantes de Unidas Podemos (por mucho asco que sintiera, soy uno de ellos) despreciándonos sin entender, como cretinos neandertales, que necesitan esos 42 diputados y que si no su victoria electoral no valdrá para absolutamente nada?

Yo digo que no necesito para nada dos ministerios. Que los necesita Amado Líder, que ya ha demostrado estos dos últimos años, la persona que es. Un bully que aplastará a cualquiera que piense distinto dentro de su partido y que se arrastrará como una serpiente para mendigar ministerios al jodido Ken. Asco profundo me dan, pero sé perfectamente quién es más imbécil de los dos.

Imágenes:

“tom_and_jerry_cartoon-5402” by momokacma is licensed under CC BY 2.0 Copy rich text

“Ken Crystal 1983” by Freddycat1 is licensed under CC BY-SA 2.0 

“” by Diari La Veu is licensed under CC BY-NC-SA 2.0  (Amado Líder alentando a las masas)

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