Canciones que he oído compulsivamente en algún momento de mi vida (I)

Porque habrá que dejar las vacunas a un lado, los virus y la absoluta maldad de quien ordena un ataque aéreo sobre población civil para matar cientos de personas y decenas de niños o, incuso, la maldad de quien ve a unos pocos miles de personas necesitadas traspasar una línea imaginaria y quieren revolver a las masas haciendo creer que nos invaden y nos declaran la guerra. Nunca conoció la aporofobia días mejores que estos últimos días en España.

Así que para dejar un poco de lado, aunque sea por un rato, todo ese nivel de podredumbre humana, la absoluta mediocridad mental y ética del ala derecha de nuestro avión (no es que en el lado izquierdo estemos tampoco carentes de mediocres, ojo), he pensado hacer un post de canciones que he oído obsesivamente en algún momento de mi vida. Ni tienen por qué ser las mejores ni las peores. Solo canciones que asocio a épocas de mi vida porque durante aquel tiempo no dejaba de oírlas. Y empiezo por esta “Wonderful Life” que escuchaba todo el rato en la radio en un luto por un abandono. Recuerdo cuando un amiga que sabía de mi luto y de mi apego a esta canción me llamó a aquel primer móvil mío (verano de 2001) y me puso la canción que estaba sonando por la radio (M80 Radio, imagino) que yo, de hecho, ya estaba oyendo mientras penaba con Bitter Kas en El Balneario, en la playa de Los Baños del Carmen de Málaga:

No puedo decir que con “What’s up” de Four Non Blondes me pasara como con “El Principito” que lo disfruté mucho más como adulto que cuando lo leí de niño. Me gustó la canción desde el principio (ya tenía 17 años y hasta veía la MTV), pero la amé verdaderamente unos cuantos años después y cada día que la vida me zarandea, la busco antes entre los discos, ahora en Spotify o YouTube. Qué canción maravillosa:

Y dentro de una serie que vista ahora como adulto no hay por dónde cogerla, qué momentazo viví a mis catorce o quince añitos con Donna y Dylan cortando dentro del descapotable de él, de noche en una especie de montaña a la que se va a hacer cosas bastante distintas a cortar una relación, pero bueno, a los guionistas les dio por ahí y yo escuché, creo que por primera vez, una canción que me acompañará siempre. Y es esta:

Poco después de ser casi niño y ver “Sensación de vivir”, era ya casi adulto y fui al cine a ver “Trainspotting”. Aparte de cuánto pudo influirme esa película y esa novela (que leí gracias a ver la película), me quedé impactado con la escena en la que Renton cae por la alfombra en su sobredosis y empiezan a sonar los primeros acordes de “Perfect Day”. La vida tiene sus momentos también.

El concierto que más he disfrutado en mi vida fue uno de Manu Chao en Granada, en septiembre u octubre de 2001. Probablemente, el segundo que más he disfrutado es uno de Manu Chao en Frigiliana, en agosto de 2015. Y seguramente el tercer concierto que más disfrute es si, ojalá, le vuelvo a ver alguna vez. Podría poner un ramillete de canciones de Manu Chao, pero me quedo con esta. “Nos engañaron con la primavera” y sirva esa “primavera” como que nos engañaron con tantas cosas. Con lo que a mí no me engañan, desde luego, es con una entrada para un concierto de Manu Chao. Brutal.

Muchos años después de aquel concierto de Granada, dieciocho para ser exactos, iba andando por la orilla de la playa (playa de río, de desembocadura, lo que sea) de mi querida Sanlúcar cuando algún algoritmo de YouTube me cambió, si no la vida, que sería exagerado decirlo, sí algo en mi vida. Resulta que me mandaron esta canción de Nacho Vegas, del que solo conocía vagamente su existencia (sí conocía y me gustaba y gusta Christina Ronsenvinge y por eso, supongo, que YouTube pensó en su infinita sabiduría programada que me gustaría) y resulta que empecé a oírle compulsivamente y llevo ya así dos años. Además, no es que oiga esta canción o alguna otra. Es que oigo prácticamente toda su discografía una vez al mes salvo “Cajas de música difíciles de parar” que hay canciones que sí y otras que no. ¿Pero el resto? Un groupie en toda regla. Por cierto, suyo fue el último concierto al que asistí, el 28 de diciembre de 2019 en Sevilla. Y claro, ya para entonces era un absoluto groupie. Y sí, “sencillamente (es) algo superior”:

Entre enero de 2009 y junio de 2010, trabajé en un lugar en el que no quería vivir y que no diré para no enfadar a sus habitantes, ya suficientemente enfadados porque hay millenials bastante menos respetuosos que yo con la autoestima de esta gente (y de cualquiera, de hecho). Recuerdo que ese mes de junio en el que veía por fin la salida a aquel tiempo horrible, oía todos los días esta canción:

En realidad, estoy escribiendo esta entrada porque esto de obsesionarme con canciones que tengo que escuchar una vez al día me pasa más ahora que antes. Así que iré poniendo mis últimas obsesiones aquí:

Esta me hace llorar, pero no la canción sino precisamente este vídeo. Ver las caras de la gente que está gozando con el concierto y entender todo lo que nos ha pasado desde marzo de 2020 me conmueve del mismo modo que lo hace la abuela de Billy Elliot o la madre del galés de la magnífica miniserie “It’s a sin” en HBO. Será que las señoras mayores británicas tienen ese poder sobre mí.

Qué maravilloso tema de Radiohead for fuck’s sake. Creo que lo oiría 60 veces este pasado enero y 30 veces más febrero.

Ahora una con la que ya llevo años casado y que me enteré hace poco que no era del grupo por el que la conozco sino de un tal Dave Brubeck. Y claro, evidentemente, también estuve oyendo la versión original de jazz sin parar. Pongo las dos:

¿Cuántas veces habré oído “Sultans of Swing” en mi vida? ¿Mil? ¿Dos mil? Tranquilamente. Tuve la suerte de oírsela en directo a Mark Knopfler en Córdoba hace unos años. Por desgracia, no estaba en la misma forma que en el vídeo que pongo ni tocaba con Dire Straits, pero aun así, lo disfruté mucho. Un calor indescriptible, por otra parte, aquella noche en Córdoba. Seis años después, en el mismo sitio (cuya actividad habitual prefiero no recordar porque entonces tendría que volver al comienzo de esta entrada), vi a Silvio Rodríguez. Una auténtica delicia. Pongo temas. (Por cierto, pongo abajo una crónica del concierto de Mark Knopfler de ese día y ya entiendo que no fuimos los únicos que pasamos calor).

Cuatro conciertos he visto de Sabina, dos con Serrat y dos solo, pero ninguno, por desgracia, o que me acuerde, con Mara Barros. Esta canción “Y sin embargo”, que ya es genial, es introducida de una manera que se escapa de lo narrable por la voz y el arte de Mara Barros.

Y como podría estar aquí horas y horas, para hacerla corta, termino con las dos últimas canciones que he oído obsesivamente. Una, “Pirata Capitán” no la conocía. Otra, “Rose Garden” la conozco de toda la vida (primero de niño en la versión de Duncan Dhu), pero se me ha pegado a la piel ahora. Cosas de la vida. ¡Sube que nos vamos pa’ las nubes!

Y como postdata y porque ha aparecido en YouTube (la tendría en cola porque es bastante superior a mis fuerzas pasar mucho tiempo sin oírla) mientras copia y pegaba el link de “Pirata Capitán” estos dos que hicieron, sin duda, buenos temas, pero que “la pegaron”, que decía una conocida argentina mía, con este “The Sound of Silence”:

“Oigan eso” que dijo ese ideólogo del siglo XXI: “es el silencio”. ¡Que no quiero volver a al principio de esta entrada!

http://celtibetico.blogspot.com/2010/07/el-concierto-de-mark-knopfler-en.html

El título (I) porque me ha gustado el asunto y no descarto su II, su III y hasta el palito y la V.