Deportes COPE: después de 27 años, ahí os quedáis.

Fue en el Mundial de Estados Unidos, en 1994, cuando empecé a oír a quienes hoy forman Deportes COPE. Yo era oyente de García, claro. Tenía diecisiete años. Oía a José María García desde que tenía uso de razón. Mi hermano mayor, con el que compartía habitación cuando era pequeño, lo hacía y así se quedó. Probablemente era el único niño de doce años de mi colegio que escuchaba el programa de García casi entero. Y a veces entero, porque llegaba a oír las geniales borderías de Carlos Pumares que empezaba, como suele decir José María García, cuando él terminaba. Que podía ser la una y media o podían ser las dos. Dependía de si ese día tenía que solucionar una huelga de Iberia o tenía que destripar a algún presidente o terminar con la carrera de un entrenador. Sin duda, aquello era animado. No sé si bueno o lo mejor, pero solía dejarte con la idea de que estabas oyendo el programa donde pasaban cosas. Ni siquiera se me ocurrió pensar que había otras cadenas con programas de deporte a esa hora.

Luego pasó lo de la compra de Antena 3 por PRISA, el Imperio del Monopolio y todo aquello que ahora parece tan remoto. De algún modo, supe que había otras emisoras en las que también se hacía un programa de deportes. De hecho, hasta que García llegó a COPE, estuve oyendo a los compañeros que se habían quedado, pero también otras emisoras aunque siempre esperando el regreso del pequeño profeta al que el destino, como le pasa a algunos deportistas, había dejado sin Juegos Olímpicos justo cuando se hacían en su país. Caprichos del destino.

Sin embargo, en 1994, por alguna razón que ahora no recuerdo, me dio por mover el dial. Por poner la SER. A veces, oía un rato de uno y otro de otro. A veces, todo el programa entero de uno. Por supuesto, para el deporte en directo, seguía con García porque jamás he oído en España a nadie narrar fútbol tan bien como lo hacía Gaspar Rosety. Oía a Manolo Lama y me parecía un aprendiz comparado con Rosety. Pero con ponme aquí ese dial, cambia y oye, la cosa es que para 1996 ya no oía apenas a García (creo recordar que Rosety dejó la radio también) y sí oía Carrusel Deportivo y El Larguero.

Aquello era buena radio. Había mucha gente joven (yo no sabía en ese momento que eran tan jóvenes), pero como decía un anuncio de aquella época “sobradamente preparada”. Paco González era una auténtica pasada. Era tan natural que parecía un amigo tuyo que te hablaba al teléfono en vez de un desconocido que hablaba por una radio. Había también gente menos joven, pero muy interesante como Valdano, Relaño, Andrés Astruells. Estaba Tomás Guasch, que me parecía entonces un tipo extremadamente gracioso que le quitaba hierro a un asunto como el fútbol que, en realidad, tampoco debería tener tanta importancia. “Lo más importante de lo no importante”, que a veces ha dicho Paco González, no sé si parafraseando a alguien.

No me gustaba mucho Pepe Domingo Castaño. Sus análisis al final de El Larguero me parecían cursis y su acompañamiento y anuncios de Carrusel tampoco me apasionaban. Pero bueno, el hombre cumplía con sus obligaciones. La única vez que estuve presenciando Carrusel fue en enero de 2006. Estaba en Madrid por un curso para el que era entonces mi trabajo. Recuerdo que jugaba el Madrid contra el Betis. Y que marcó o debutó Cassano con el Madrid. Pepe Domingo Castaño después de anunciar Marina D’Or (que entonces pagaba una fortuna en publicidad en Carrusel) dijo fuera de antena, para los que estábamos allí: “es una horterada importante”. Nos reímos mucho con aquello, claro. Me gustó más el tipo. Parecía tener un rollo New Age en su modo de vestir, lo cual me pareció realmente impactante con la imagen que tenía de él previamente.

En cualquier caso, todo iba bien con mi radio deportiva hasta que en mayo de 2010, Anido se creyó un tipo relevante e iba a meter en vereda a Paquito González y al final todo terminó con una prima coja, un despido y un error mayúsculo de la Cadena Ser y de un tipo que no había hecho absolutamente nada por conseguir un solo oyente para esa radio (Anido), pero que pensó que podía pegar una patada en el culo a otro que había ganado cientos de miles de oyentes para esa radio (González). Era como si en una clínica de cirugía estética el administrador se permitía el lujo de ningunear al mejor cirujano solo porque él no tenía que oler la sangre. Claro, Anido, no tenías que ponerte delante de un micro porque no valías para eso. No creabas valor en aquella empresa y tuviste a bien joder las cosas para quien sí creaba ese valor, probablemente en mayor cantidad que nadie entonces.

Y todo estaba para que Paco González se perdiera el Mundial en el que España, por fin, fue campeona, como le había pasado a García con los JJOO de Barcelona, pero hete aquí que la flor de González le puso a narrar para todo el país, precisamente, el título de campeones del mundo, vía Telecinco. Iniesta de mi vida y tal. Auténtica historia del deporte español y mundial.

Yo fui uno de esos limones que estaba seriamente contrariado porque echaran a un tipo al que llevaba quince años oyendo y que me parecía para entonces el alma auténtica de aquella redacción de Deportes una vez que quedó claro que José Ramón de la Morena era un García mucho más alto, pero con mucha menos gracia. El Larguero cada vez era peor porque de la Morena cada vez se pensaba más grande. Y daba vergüenza oírle hablar de toros cada dos por tres o, incluso sin hablar de toros, usar términos taurinos para explicarlo todo. Los nombres extranjeros como si los pronunciara Franco borracho y la confusión de nombres de deportistas y de hechos como rutina. Por no hablar de lo absolutamente insufrible que resultaba relacionarlo todo con su torneo de niños de Brunete.

Ya sé que lo de Paco González era deporte y eso se podía hacer en cualquier parte, pero yo me entendía bien. Sabía que si Paco González acababa en la COPE, todo se iría al carajo. Tarde o temprano se empaparía de la cultura derechista de esa cadena y de un modo más o menos directo, aquello saldría a antena.

Estaba claro que si Paco González se iba de la SER, solo podía ir a COPE o a Onda Cero, sobre todo si intentaba, como ocurrió, tirar de sus colaboradores más directos. Yo no rezaba, porque ateo soy o, en cualquier caso, solo creo en Maradona, pero poco me faltaba para que no fuera, precisamente, a la emisora de los obispos que se caracterizaba entonces, y se sigue caracterizando hoy día, por unos postulados absolutamente opuestos a los míos pues están los suyos, o así lo considero yo, en la derecha y extrema derecha política.

Hay que decir que en los primeros años, eso apenas sucedió. Sí, era verdaderamente molesto oír la COPE con sus anuncios y autobombo y a veces te encontrabas un cura echando un sermón lamentable antes de que empezara el programa, pero bueno, más o menos, aquello era todo como lo era en la SER y, además, se había dejado el lastre de de la Morena lejos. No es que tuviera gana alguna de comprarme una camiseta de la COPE, pero se podía soportar.

¿Por qué voy a aguantar que gente, que no lee un libro ni aunque caiga de boca inmóvil ante uno abierto, hable de Kichi como si fuera un imbécil cuando los únicos imbéciles de esta historia son gente como Guasch, como Pérez de Rozas o como Víctor Fernández, que se pone de pie (eso dice) cada vez que oye el nombre de Santiago Abascal?

Lo que ya no es soportable y lleva años sin ser soportable es que se utilice el micrófono de Deportes de la COPE para hacer política. Por supuesto, política en favor del PP o en favor de VOX (Víctor Fernández, de COPE Sevilla). Pero no solo política ensalzando lo bueno que ellos entiendan que hacen los políticos del PP y/o de VOX, sino, fundamentalmente, pisoteando el nombre de políticos de izquierdas como Ada Colau, José María González “Kichi” o Pablo Iglesias. Especialmente, desde que Juanma Castaño dirige El Partidazo de COPE y desde que Joseba Larrañaga está en lo que él llama “oasis de libertad” y solo es un “oasis de señoros ultraconservadores” es absolutamente insoportable para un oyente de izquierdas oír Deportes COPE porque las referencias a quienes ellos entienden y tratan como escoria (cualquiera a la izquierda del PSOE) son continuas y cuando tú estás en esa posición, lo lógico es preguntarse: “¿qué hago yo oyendo a esta gente que se dedica a hablar de Ada Colau como si fuera el demonio importándole tres pepinos que puedan tener oyentes que, como es mi caso, admiremos a Ada Colau?”.

¿Por qué voy a aguantar que Ada Colau, alcaldesa de Barcelona porque le han votado, tenga casi un apartado en el programa para que alguien Guasch escupa su casposa bilis sobre ella cada vez que una mosca pasa cerca de él?

¿Por qué voy a aguantar que un indocumentado (García dixit) como Juanma Castaño nos cuente lo maravillosa que es Isabel Díaz Ayuso porque a él le apetezca hacer una editorial al estilo Iñaki Gabilondo sin entender, en su inmensa estulticia, que no llega a Torrebruno con resaca?

Esto era Deportes. Esto era conseguir cientos de miles de oyentes que veníamos de otra emisora que nada tiene que ver con la COPE. Al principio, lo tuvieron en cuenta. Desde hace unos años, en absoluto.

Pero todo tiene un límite. Y ese límite ha sido sobrepasado. Ahí os quedáis algunos como Paco González, Lama, Pepe Domingo Castaño, Guasch, etc después de 27 años. Habéis ido a peor todos. Salvaría a Manolo Lama que siempre ha intentado respetar la condición ideológica de los oyentes. Al menos, se ha mantenido lejos de esos charcos.

¿Por qué le voy a dar audiencia desde mi aplicación móvil a gente que trata a personas que me representan políticamente como a escoria inmunda? Es cierto que hace unos meses me llamaron del EGM y, POR SUPUESTO, olvidé convenientemente decirle a la encuestadora que oía Deportes COPE. Fue mi pequeña venganza de diez o veinte mil oyentes menos dado el muestreo habitual de dicha encuesta. Pero resulta que donde suelo vivir no se oye la COPE a menos que se oiga por internet. Y cada vez que les oigo, queda registrado. Le doy un oyente a quien me está tratando como auténtica basura.

Paco González, el auténtico responsable de Deportes COPE, ha dejado que pasase todo lo relatado viviendo en su mundo propio de tipo enriquecido a quien ya le importa tres pitos casi todo menos su tranquilidad de espíritu y económica. Él fue el que decidió ir a COPE poniendo de excusa que ya no estaba Jiménez Losantos. Sí, será porque Carlos Herrera es mucho más “educado” que Losantos. Diría que está en la misma extrema derecha, pero se distinguen ambos en que Jiménez Losantos es bastante más culto que Herrera.

En fin, que han sido veintisiete años, que serían casi diez mil programas y si redondeamos dentro de los que he podido no oír, pues igual fueron cinco o seis mil programas nocturnos y varios cientos de programas de Carrusel Deportivo o Tiempo de Juego. Más de quince mil horas de mi vida oyéndoos. Pero ni un minuto más. Ahí os quedáis con vuestra caspa – que tenéis para exportar a China e India-, vuestros exabruptos, vuestros insultos a quien no pensamos ni pensaremos jamás como vosotros. Dais vergüenza ajena y podéis meteros el programa donde os quepa.