Reduction ad Hitlerum, la Ley de Godwin y los cientos de muertos de covid diarios

Se entiende por Reductio ad Hitlerum un tipo de falacia por la cual se intenta desacreditar cualquier cosa si era algo que también Hitler hacía. Por ejemplo, ser vegetariano, tratar bien a los perros, oír la música de Wagner, etc.

Se acepta que es falaz considerar algo esencialmente malo porque lo hiciera Hitler. En todo caso, será malo lo que el genocida hiciera de malo, esto es, provocar una guerra mundial, mandar a millones de personas a la cámara de gas, acabar con cualquier atisbo de libertad en Alemania y los territorios ocupados, etc.

Otra gente piensa que reductio ad Hitlerum se refiere a que en una conversación en tanto que se alarga, se tiende a hacer comparaciones con Hitler o con el nazismo. Pero esta no es la reductio ad Hitlerum sino la Ley de Godwin. Veamos qué dice la Ley de Godwin:

“A medida que una discusión se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno”.

La veo muy real. Y si es en un homenaje a la División Azul en pleno centro de Madrid, lo veo clarinete. Después de todo, ¿para qué fue la División Azul a Rusia sino para luchar al lado y bajo las órdenes de Hitler?

En cualquier caso, me desvío. Todo esto iba de cómo se tiende a comparar todo con Hitler y con el nazismo. Y eso es lo que yo voy a hacer. Pero como mi blog ya solo habla de coronavirus, tendré que usar el coronavirus para hacerlo. Y es que he terminado de ver el Informativo de Telecinco de hoy 22 de febrero de 2021 y me he dicho: ¿habrá muerto hoy alguien de coronavirus en España? Porque esta gente no lo ha dicho. Y si lo ha dicho, estaría yo llevando los platos de la cena a la cocina y en ese ínterin de 30 segundos igual lo han soltado para a continuación contar cualquier noticia chorra con la que sacar el champán, algo del tipo “no sé quién ha superado el coronavirus” algo de lo que yo me alegro mucho, pero cuando mueren cientos y cientos me parece sorprendente que el mismo tiempo que ocupa esa noticia, la ocupe algo del tipo “eh, eh, que hay alguien que ha superado el virus”. “Ah, bueno, me quedo más tranquilo entonces”.

En fin, me da a mí que esta gente de Telecinco con la que intento evitar al inefable Vicente Vallés, no ha dicho, como no ha dicho muchísimas noches, cuánta gente ha muerto hoy en España de coronavirus. Y resulta que han sido 535 personas. No digo 53. No digo 35. No digo 353. No. Digo 535 personas. Divididas por 192, me sale 2,78 veces las víctimas del 11M. Ni mencionarlo. Ni una palabra. Total, hay gente que quema contenedores. Hay gente que se vuelve a ver después de no sé cuánto tiempo. Hay no sé qué de la Semana Santa de Sevilla. ¿Le puede importar a alguien que hayan muerto 535 personas en España hoy? Nah.

Y aquí viene la comparación con Hitler y el nazismo:

Muchas veces, tras ver una película o un documental o leer un libro sobre el Holocausto, nos hemos preguntado: ¿pero cómo no le importaba a nadie lo que estaba pasando con los judíos en Alemania y en los territorios ocupados por los nazis? Ni lo que les pasaba a los comunistas ni a los gitanos ni a los Testigos de Jehová. Los estaban exterminando y parecía que no le importaba a absolutamente nadie, Iglesia Católica incluida.

Hasta nos habremos llevado las manos a la cabeza porque sucediera así. Se supo después que todos los estados implicados en la Segunda Guerra Mundial sabían, detalle más, detalle menos, lo que estaba pasando con los judíos y resto de grupos señalados para el exterminio. Y, por supuesto y casi mejor que nadie, la Iglesia Católica. No hicieron nada. Desde 1940 podían los británicos entrar por el aire en Alemania para bombardear sus ciudades, pero fíjate qué cosas que no pudieron ni ellos ni los estadounidenses ni tampoco luego los soviéticos bombardear vías de tren o comunicaciones esenciales para llevar a cabo el Holocausto. Tenían sus temas. Tenían sus prioridades y los judíos y demás presos en campos de trabajo/exterminio no estaban, desde luego, en la parte alta de la lista.

En resumen: los judíos murieron por millones y los demás grupos que he mencionado en número de decenas de miles o cientos de miles. Luego ya sí, luego ya fue el momento de rasgarse las vestiduras y de culpar a los nazis de todo aquel horror. Sin duda, fueron los nazis los culpables de aquel horror, pero había también un culpable, no uno que hubiera decidido el exterminio ni uno que lo hubiera llevado a cabo, pero sí uno que pudo, si bien no evitarlo, al menos, dificultarlo. Y esos eran los aliados. Los que miraron para otro lado. Los que sabían lo que estaba pasando.

¿Quiénes son los nazis y quiénes los aliados en esta historia del covid19 en España? Bueno, sabemos que los judíos/víctimas son esas personas que están muriendo a cientos cada día. Que cada uno realice su propia asignación de personajes. A mí lo que me escalofría es que está muriendo la gente en masa y a nadie parece importarle mucho.

En este artículo de hoy se explica bastante bien el grado de ignominia:

https://www.huffingtonpost.es/entry/la-radio-francesa-alucina-con-madrid-y-describe-en-dos-palabras-todo-lo-que-esta-pasando_es_60338933c5b66dfc101fef54

En una plaza con las tapitas y un poco más allá la gente con los tubos metidos. Así estamos.

¿Que nadie fue a ayudar a los judíos en el Holocausto? ¡Pero si estos cabrones están tomando cañas cuando en este caso hasta ellos podrían ser los que cayeran en unas semanas o unos meses! ¿Cómo queremos que hubieran ayudado a las víctimas de un régimen de un país extranjero si estos no son capaces ni de preocuparse cinco minutos por los cientos que mueren a unos metros de ellos?

Pues sí, otro día más sintiendo pena por este ser humano. Damos mucho asco. Me meteré para que nadie se sienta ofendido. Más, digo. Un asco atroz. Por pasar del asunto Shoah como si fuera una broma de mal gusto y por pasar de lo que está pasando cada día en España. Comparado con eso, un contenedor quemado es como una ola en el Océano Atlántico. Nada.

Darwinismo y Covid19 en España

Que sobreviva el más fuerte. Que quede quien mejor se adapte al medio. Que quien resulte infectado, rece si es creyente o haga yoga o cruce los dedos si, como yo, no lo es. O se concentre todo lo que pueda en pedir a su cuerpo que sea lo suficientemente inteligente para no dejarse engañar por el covid. Porque si mueren 500 personas cada día (a veces más) en España y miles en el mundo es porque cura no hay. Al menos, una cura que pueda ser usada para la plebe. Hay quien tiene más suerte, pero no todos podemos ser presidente de los Estados Unidos.

Que nadie piense que nuestros políticos intentarán salvarnos. No. Lo hará el azar o lo harán los médicos que, a falta de un remedio en forma de medicina, hacen cuanto pueden para evitar más muertes. Más no pueden hacer. Los milagros, en Lourdes. Para quien los crea, claro.

Los políticos no intentarán salvarnos. No lo hará ese político conservador, patriota, más de derechas que Bernabeu. Ni lo hará ese político independentista de izquierdas, más rojo que el círculo de la bandera de Japón y menos español que aquel árbitro, Al-Ghandour. Y, por supuesto, no lo hará ninguna entre medias. No significa eso que todos sean iguales. Ni siquiera dentro de los partidos lo son. No puede ser considerado del mismo modo Feijoo que Díaz Ayuso. Pero, en el fondo, todos están de acuerdo: confinamientos domiciliarios, no. Centros educativos cerrados, en absoluto. Toque de queda antes… igual te pongo una horita antes, pero vaya, porque me coges en un día generoso.

No somos nosotros los que tendríamos que pedir nada a los políticos. Son ellos los que tendrían que hacer de salvarnos su objetivo número uno. No deberían ocuparse de prácticamente nada más hasta que dejen de morir día tras día el triple de personas que murieron el 11M. Cada día, tres o cuatro once emes.

Evidentemente, no están solos en este tema de normalizar la muerte diaria de cientos de personas. Hay millones de compatriotas en el ajo. Gente que no ha leído ni el Pronto (aunque también los hay cultivados, menos, pero haylos) que repiten sin cesar dos estupideces verdaderamente notables:

  1. “Hay que vivir”. Normalmente dicha con un deje alegre, como si los demás no quisiéramos vivir y nos empeñáramos en refugiarnos de un mal inexistente o hubiésemos suspendido nuestra vida por mero capricho. Cómo me gustaría que alguno de estos pudiera hablar conmigo cuando están a punto de ponerle los tubos. Cómo me gustaría preguntarle: “¿hay que vivir o hay que morir?”.

2. “No se puede caer la economía porque si no morimos de covid, moriremos de hambre”. Esto es una falacia de libro y una falsedad manifiesta. Morir de hambre es hasta raro para países muchísimo más pobres que España y es una realidad, terrible realidad, en unos pocos países del mundo y, normalmente, tras sequías o guerras o desgracias tremendas. Cuando dicen que moriríamos de hambre se refieren a que ellos podrían ganar un 20 o 30 por ciento menos de lo que ganan. Se refieren a que sus pisos podrían caer de precio. Se refieren también, ciertamente es así, a que el paro aumentaría con el dinero público correspondiente a subsidios de desempleo.

Sí, eso es lo que pasa cuando ocurre una tragedia. Cuando hay una guerra civil, la economía se hunde. El país se desangra. No es precisamente España un país en el que eso no se sepa o no se haya vivido. ¿Pero qué hacemos? ¿Hacemos como que no hay guerra? ¿Hacemos como que no nos está ocurriendo esta desgracia?

Pues eso hacemos.

Cuando estábamos todos metidos en casa (excepto quien tuviera que trabajar fuera, que también había millones), la desgracia era evidente. La teníamos tan presente que nos impedía salir a la calle. No porque nos atormentara la pena por tantísimas muertes (que a poca gente le atormentaba de verdad) sino porque estaba prohibido. Ibas a comprar todo lo rápido y seguro que fuera posible y a casa. Todo el día en casa para rumiar la desgracia. Todos los días sabiendo cuántos muertos había habido en todo el país y en tu comunidad autónoma. Tasa de contagio por cien mil, tasa de contagio por persona, etcétera. Así cada día durante dos meses y medio.

Ahora tenemos los mismos muertos diarios que muchos de esos días, incluso más muertos que varios de esos días de confinamiento. Pero ha entrado Darwin en juego. El mismo Darwin que se quedó guardado (y no fue precisamente porque VOX no lo quisiera desde el minuto uno) en marzo, abril y mayo, está ahora capitaneando las operaciones. Pobre Darwin: entiendo que no era él mismo un darwinista social, pero para entendernos. Para ponerle nombre a lo que está pasando.

Darwinismo, sí. Que sobrevivan los fuertes. Que sobrevivan los afortunados. Que mueran los ancianos a quienes no se haya vacunado (esto en el caso en el que las vacunas sirvan para todas las cepas, que ojalá). Que mueran los no ancianos que tengan patologías previas o que, sin tenerlas, tengan la mala suerte de tener unas defensas algo estúpidas que se dejen engañar por el covid. Algo así como un Arbeloa en baja forma. Espero que me entiendan.

No esperemos nada de quienes tendrían que idear la manera de salvarnos. No esperemos, siquiera, que nos oigan a quienes estamos en el extremo opuesto de los negacionistas. Somos afirmativistas. Afirmamos que existe una pandemia mundial. Afirmamos que se trata de un virus que para una parte de la población puede ser mortal y que para otros puede dejar secuelas importantes, secuelas algo relevantes o, incluso, porque así de raro es este virus, se puede pasar sin ningún síntoma. Lo mismo que a una persona mata puede estar en otra persona que ni lo sepa. Pero en cualquier caso, tampoco importa mucho. Importa el azar. La suerte. No lo cogerlo. O si lo coges, ten la suerte de curarte. Nuestros políticos no van a hacer mucho por salvarte. Los jueces que imponen unas elecciones en mitad de este Titanic ya con agua por las rodillas no van a hacer nada por salvarte. Te salvarás tú. Si eres fuerte. Si eres ese espécimen que se adapta al medio. Y si no, nos vemos en el infierno. Estará tocando Lou Reed. Casi mejor.

Imagen destacada: Gordon Johnson (Pixabay)