Afirmativistas del mundo: uníos.

No es que valga para mucho. La partida se está jugando y nadie nos ha dado una puñetera vela en este entierro. Y eso que los entierros se cuentan por millones ya.


Los afirmativistas somos los tontos de esta historia. Los asustados. Los que han dejado de vivir. Los que llevaríamos a la ruina al país si nuestros queridos dirigentes nos hicieran caso. Si hicieran como si les importaran los muertos. Si se comportaran como si ellos también pudieran morir. Y lo mismo pasa con La Gran Masa. Y qué decir de esos etíopes tras gran sequía que son nuestros hosteleros. Pobrecitos. Les veo y lloro de la pena.


Pero nadie nos hará ni puto caso. Por eso no hay ni que preocuparse. Hubo un momento en marzo de 2020 en el que el gobierno de España tuvo un desliz. Tuvo miedo. Les llegaba un virus del que habían dicho que era una mierdecilla con la que solo tendrían que lidiar ancianos e inmunodeprimidos (lo cual era genial si no querías a ningún anciano ni a ningún inmunodeprimido, que era entonces mi caso ni, por supuesto, si eras uno de ellos) y resulta que el virus empezó a colapsar los hospitales. Habían dicho que tendríamos unos pocos casos y teníamos ya miles para cuando quisieron darse cuenta. Así que como no sabían qué hacer, hicieron lo mismo que habían visto hacer a China e Italia y cerraron todo a cal y canto. Mentira también. Solo se cerró todo a cal y canto la semana antes de la semana santa y durante dicha semana. El resto del tiempo, había millones de personas usando trenes, metros, autobuses y, en general, una buena cantidad de sitios en los que poder meterse el virus en el cuerpo, máxime cuando ese Oráculo de Delfos averiado que responde por Fernando Simón había dicho ya que la mascarilla no valía para nada. Se había reído de quienes la usábamos. Él y la delegada de la OMS en España. Dos prendas de la naturaleza. Si Fleming salvó millones de vidas y las sigue salvando décadas después de morir, podríamos decir que entre estos dos se han cargado a miles con sus ridículas proclamas. Con sus mejores intenciones, por supuesto.


Porque lo contrario a los negacionistas no son Fernando Simón, Pedro Sánchez o Moreno Bonilla. En absoluto. Lo contrario a los negacionistas somos los afirmativistas, los que no solo afirmamos que existe un virus conocido como covid19 que es potencialmente mortal sino que actuamos como si lo fuera y nos gustaría que nuestros queridos gobernantes actuaran igual.


No va a pasar. Seguirán intentando hacer como si el emperador no fuera desnudo y no hubieran muerto casi mil personas en Andalucía esta semana y varios miles en España durante esa misma semana y muchos más miles durante este mes.


Es curioso cómo son las cosas. Cuando empezó todo este horror, estábamos tan al tanto de los muertos y contagiados como si hubiera ocurrido en nuestras familias. Ahora hay días que debo investigar para saber cuál es “la cuenta del carnicero” que decían en aquella película basada en el magnífico libro “And the band played on” de Randy Shilts, libro sobre el comienzo de la pandemia del sida del que tanto me he acordado estos meses.


Hay que vivir. Orondos y sesentones jueces que no durarían ni un asalto con el coronavirus (al menos esos son las apuestas, también hay quien lo pasa con 90 años y está ahora jugando al dominó, cosas extrañas de este virus) se ríen de las magras medidas de seguridad que nuestros políticos llevan a cabo a regañadientes y las tumban por ser propias de la Edad Media. No dicen nada sobre si ellos también son gentes propias de ese tiempo.


El gobierno de España pasa de poner un toque de queda más temprano. Los de las autonomías pasan de cerrar centros educativos aunque sea la fiesta del covid en el municipio. El covid no se pega en ninguna parte: ni en los colegios, ni en los bares, ni en los teatros. De hecho, dicen los neandertales políticos de cualquier administración que el covid se pega en las casas, sobre todo. ¡Pues claro que se pega en las casas que es donde más tiempo se comparte espacio sin mascarilla, cenutrios! ¿Pero quién carajo lo lleva a casa? ¿El puto Ratoncito Pérez? ¿Spiderman subiendo por las puñetera paredes del bloque?

Sí, el asunto pone de mala leche a cualquiera que tenga un poco de empatía. Por eso, casi es mejor dejarlo estar. Yo intento no ocuparme del asunto mucho tiempo al día. Ya me he peleado con demasiada gente tanto presencial como virtualmente. El tema es, más bien, intentar sobrevivir sin dejarse seducir por la locura.


Afirmativistas, no tengo vocación de mártir. Cada día, me veo obligado a mezclarme con decenas de extraños en una sala. Me dicen que es imposible contagiarme así. Por si acaso, paso todo el tiempo que puedo junto a la ventana abierta. Con una mascarilla FPP2 bien colocada. Usando hidrogel. Cruzando los dedos.


La batalla está perdida. Si las vacunas funcionan, podremos pasar página en algún momento, dentro de unos meses, un año o dos. Todavía quedan por morir varios miles más, eso sí. Podrían ser menos, pero como decía Evaristo “la bolsa de Nueva York/ controla este mogollón”.

Al principio, pasaremos página como si la página fuera de cemento. Si tenemos suerte, dentro de un tiempo ahora equis, las pasaremos como las páginas de esas biblias tan finas como papel de fumar. Será también un error. No recordar lo que ha pasado. No recordar el desastre. Esta agonía. Pero conozco demasiado bien a la Gran Masa para saber que no solo lo olvidarán entonces sino que les importa una reverenda mierda a día de hoy, 16 de febrero de 2021. Pero no escribo para ellos. Escribo para ti, afirmativista que eres como yo. Tonto que eres como yo. Enemigo de la economía que eres como yo. Unámonos aunque solo sea para mandar a la mierda a los negacionistas primero, pero, sobre todo, a los coexistencistas (palabro recién nacido), esos que abren y cierran el grifo y gimotean entre medias, un Moreno Bonilla que llora entre líneas con la misma credibilidad con la que habríamos visto espantados como el papel de Tom Hanks en Philadelphia lo hubiera interpretado Steven Seagal.


Afirmativistas del mundo: el tiempo nos juzgará y quedaremos mejor que Fidel y mucho mejor que todos aquellos que sobre el covid se rieron primero, se rasgaron las vestiduras después y se adaptaron como ratas a lo que hubiera y nos obligaron al resto a hacer lo mismo. Darwinismo covidiano, nada nuevo bajo el sol. Esto es para listos, niño, que dicen los profetas de la Gran Masa.
Y nosotros, los afirmativistas, los que quisiéramos que nos ocupáramos del covid como quien se ocupa de un asesino y que se respetara y velara a los muertos como personas y que nos espantara la muerte masiva y lucháramos contra ella con todo lo que tuviéramos de inteligencia, esos, yo y tanta gente que piensa así, somos los tontos.

Diez mil muertos por covid en mes y medio: ¿le importa a alguien?

Diez mil muertos desde el 27 de septiembre en España. Lo pongo con letra porque si pusiera 10000 igual habría quien pensase que eran mil. No. Diez mil muertos. Ya no se habla de cuántos 11M serían. Lo digo yo: 52 veces los muertos del 11M. No hay terroristas yihadistas detrás de esa cifra. Por eso mismo debería dar más miedo. Al contrario que el 11M, sabíamos que podría pasar y, de hecho, lo más normal es que pasara. Y ha pasado.

¿Te dan miedo los atentados yihadistas que ocurren en cualquier parte porque piensas que podría pasarte a ti? Ahora mismo hay como cien mil veces más posibilidades de morir de covid que de morir de un atentado yihadista. Cuando existen estos atentados, culpamos con razón a los fanáticos que creen estar honrando a su dios al matar inocentes. ¿A quién culpamos por esos diez mil muertos desde finales de septiembre? Mes y medio, diez mil muertos. Lo normal sería otros diez mil antes de Nochevieja. Y otros diez mil antes de que la vacuna, que ojalá funcione, alcance un número significativo de inmunizados. Por no decir veinte mil.

Cuarenta mil desde que empezó todo allá por marzo. 208 veces el 11M. Los números son brutales, pero más miedo me da lo rápido que la gente se acostumbra a ellos. Los muertos de hoy no los veíamos desde abril y cuando sucedían en abril, parecía que el cielo se caía sobre nosotros y un abatimiento terrible embargaba la voz de los presentadores de noticias. ¿Valen menos estos muertos de ahora? En realidad, la pregunta debería ser: ¿valen algo los muertos de ahora? ¿Qué valen exactamente? ¿Estar en casita a las diez? ¿No poder echar una birra a partir de las seis?

Como hoy me contaba un amigo: va a un centro comercial porque su hija necesitaba folios para el colegio. Ya que va, compra algunas cosas para la casa, incluido una botella de ginebra. Cuando va a pagar, le dicen que los folios no se los puedes llevar porque son las seis y cuarto y no se venden artículos que no sean de primera necesidad a partir de las seis. Los demás, sí, incluido la ginebra.

¿A nadie más le da vergüenza este país? ¿De verdad nos merecemos a paletos que dicten estas normas de imbéciles cuando deberían haber cerrado, otra vez, España hace un mes? Y todo lo demás son estupideces varias como lo de los folios. Que por cierto si el papel no es un artículo de primera necesidad será porque quienes dictan las normas son medio analfabetos y no han entendido que el papel y la imprenta están entre los mayores avances que jamás existieron en la historia. Justo al contrario que su modo de balancear muertos con economía.

Llevamos diez mil muertos en mes y medio cuando podrían haber sido la mitad o un cuarto si se hubiera confinado antes de que nos estampase en la cara la segunda ola, que empezó el mes pasado. No hay confinamiento domiciliario para salvar la economía, pero la economía no se se salva puesto que el desastre del covid lleva a corto o medio plazo al desastre económico. No es que se puedan soportar los diez mil muertos porque la economía flote. Es que han muerto esas diez mil personas y la economía se hunde también.

En fin, ya veremos mañana si son 450 o 520 los muertos. A veces pienso que solo me importa a mí saber el número. ¿A alguien más le pasa?

Eso sí. Si te quedas sin folios, ve antes de las seis. Si se compran folios después de las seis… en fin, no quiero imaginar qué pasaría, pero algo grave, seguro.

Aquí datos, para quien quiera comprobar los números:

https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/espana

La BBC en tiempos del covid19: bodas, bautizos, comuniones e infectados.

Leo con estupor que hay una veintena de infectados por una boda en Oviedo. Otra boda supuso un buen número de infectados en Murcia, incluido el novio que trabaja en un centro de menores donde hubo un brote muy fuerte. Probablemente, el hombre llevó el coronavirus a la celebración de su boda y unos cuantos de esos que no pueden entender que vivimos en una puñetera pandemia, le abrazarían aunque tampoco hacía falta que le abrazaran para contagiarse del virus. Bastaba con que compartieran un espacio cerrado por varias horas. Lógicamente, mientras se come en un banquete no se puede tener la mascarilla puesta.

Tal vez el banquete fue al aire libre. Me da igual. A medida que pasan las horas en una boda, el alcohol hace su efecto y lo que eran normas rígidas unas horas antes, se convierten en descontrol, farra y desfase unas horas después.

No entiendo que la gente no pueda aplazar unos meses su celebración BBC. Bodas, bautizos y comuniones. ¿Les va a dar algo si no se casan mientras sufrimos esta pandemia?

Entiendo que si la pandemia no desapareciera nunca, al final tendríamos que convivir con ella, pero todo hace indicar – ojalá- que pueda haber vacunas para hacer desaparecer o cuanto menos mitigar los efectos asesinos del covid19.

Pero hete aquí que hay quien no puede esperar. Su puñetera boda. La comunión del niño. El bautizo, que no puede el bebé vivir sin ese sacramento unos meses más, ¡por dios!, nunca mejor dicho.

No tienen vergüenza. Todos estos que hacen sus bodas y sus celebraciones multitudinarias mientras sigue muriendo gente a decenas o centenas por días en este país y decenas de miles en el resto del mundo. Les importa una mierda quién muera. Solo les importaría que murieran ellos, pero es que ellos creen estar a salvo. Si no sintieran estar a salvo, no organizarían bodorrios (el de Murcia tenía más de doscientos invitados).

Otro tema es el de los políticos. Los políticos nos dicen que todo es muy duro, que va a haber que tomar medidas, pero mientras esperan a tomarlas, es legal hacer celebraciones de ese tipo, absolutamente gratuitas en el sentido de no ser necesarias que no – y he ahí el quid de la cuestión- en el dinero que se mueve alrededor de todo ello.

Pues nada, a ver quién es el imbécil que se está casando hoy o que se casa mañana o que no puede esperar unos meses a que sus hijos estén en más gracia divina aún (que por cierto, se pueden realizar todos esos sacramentos sin celebración posterior, pero claro, no hay regalos y eso no mola), pero que no olviden que para que sus hijos estén en gracia divina o su unión consagrada por la Iglesia o por el estado, tal vez haya quien, por su culpa, viaje al otro mundo a ver si hay dios que le reciba.

Links de las noticias referidas:

https://www.lavozdeasturias.es/noticia/oviedo/2020/09/25/boda-provoca-nuevo-brote-veintena-infectados-oviedo/00031601035483173471534.htm?fbclid=IwAR05h1KL5ZS5VqZX_nPpRjNH3AdiXv2B1tjYFKGbDKftAMncA7VrXWIQEM8

https://www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/brote-boda-murcia-20200820133733-nt.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F