¡Es la sanidad, estúpidos!

Se hizo famosa durante la primera campaña electoral a la presidencia de Bill “el sexo oral no es sexo” Clinton la frase “es la economía, estúpido”. En realidad, según la siempre útil wikipedia, no era un eslogan de campaña sino una línea maestra marcada por el director de campaña para olvidar la política exterior donde el rival de Clinton, Bush Padre, había visto caer de maduro a su gigante enemigo, la URSS.

En cualquier caso, me sirve la frase como marco de otra que me parece mucho más interesante: “¡Es la sanidad, estúpidos!”.

Se ha demostrado en este mes y medio que, sin duda, es la sanidad. Porque nos importa tres pepinos que Messi sea capaz de cosas imposibles. Nos importa un comino que Rafa Nadal vuelva a ganar o no un grand slam o que Pau Gasol se recupere y pueda jugar los Juegos Olímpicos o no. Buena suerte a esos muchachos, pero si se tiene dos dedos de frente, a día de hoy, nos importa más que las UCIs de los hospitales no estén presionadas, que los sanitarios estén bien equipados y que puedan desarrollar su trabajo sin pensar, por un momento, que podrían morir en el empeño.

Ahora mismo, a cualquier persona con un mínimo de inteligencia (que en este país no son, ni mucho menos, todas) le importa más si hay enfermeros suficientes en el hospital que pudiera corresponderle si enferma que cualquier otra cosa que era – o parecía ser- absolutamente imprescindible a comienzos del mes pasado. Quien dice enfermeros dice médicos, respiradores, EPIs para sanitarios, etc.

Una auxiliar de clínica tiene más importancia que todas las películas de Quentin Tarantino y, por supuesto, que el propio Quentin Tarantino.

Cuando todo era felicidad neandertal a nuestro alrededor, se pensó que la sanidad era un lujo que había que pagarse aparte. Entre funcionarios y clientes individuales, la sanidad privada tiene un peso muy relevante en España. Lo tiene porque se estaba abandonando la Sanidad Pública de tal forma que alguien que se sintiera enfermo y necesitara una prueba y a quien le fijaban dicha prueba para dos meses después, echaba mano de sus ahorros, grandes o pequeños, porque nada hay más importante que la salud. Absolutamente nada. Y nada hace más pueblo a un pueblo que puede sentirse orgulloso de su sanidad pública. Que le den al fútbol, al baloncesto, al tenis y a todos los logros deportivos que no valen para una puñetera mierda a la hora de la verdad.

Esta es la hora de la verdad. Y ahora no importan cuántos mundiales de fútbol, de baloncesto o cuántos Gran Slams hayan ganado los tenistas patrios. No sólo no importan. Es insignificante. Lo significante, lo que de verdad importa, es si vamos a seguir vivos y si van a seguir vivas las personas que queremos. Y eso se consigue con sanidad. Sanidad para todos. De calidad.

Nuestro Messi ahora son los que están investigando para una cura y una vacuna. Y cuando encuentren esa cura y/o esa vacuna (como todos queremos), no volverá a ser Messi nuestro Messi. Al menos, no el mío. El mío será (porque ya lo era) el investigador que seguirá necesitando fondos para investigar sobre el cáncer o sobre las enfermedades autoinmunes o sobre las enfermedades raras que, valga el oxímoron, cada vez son más comunes. Mi héroe será esa doctora que opera a corazón abierto o ese auxiliar de clínica que limpia a ese enfermo que podría ser yo. Imprescindible será esa internista que acierta con el tratamiento adecuado para salvar la vida de esa persona que se debate entre la vida y la muerte en una UCI.

Por eso digo lo de antes. Si queremos invertir en algo que de verdad es relevante, algo que de verdad importa y algo que no solo nos va a alegrar la vida sino que va a impedir que nos la arrebaten, “es la sanidad, estúpidos”. Es la sanidad pública. Y tiene que ser de calidad, tiene que ser rápida y tiene que ser para todos y todas.

Imagen de Creative Commons. Autor: ec-jpr

Patriotas en mitad de una pandemia

Patriotas en mitad de una pandemia

Agazapados cuando vigías hacían falta.

Escondidos cuando necesitábamos tablas

a las que asirnos para salvarnos del naufragio.

Grandilocuentes en el relato de lo sucedido.

Acusadores de crímenes que han cometido.

Sienten más a los muertos que los padres.

Sienten más a los muertos que los hijos.

Seguirán retrepados como ratas de alcantarilla

esperando la oportunidad de un trozo de pan

que masticar a conciencia y luego vuelta a la cloaca

porque tal vez mañana puedan volver a comer.

España se desangra y sólo ellos pueden salvarla.

España se desangraba porque ellos

y sus padres y sus abuelos y bisabuelos pensaron

que para salvar a España

había que matar la mitad de España.

Patriotas patrios: apartad de nosotros ese cáliz.

                   Charly Beteta (abril 2020)

Imagen destacada: de Creative Commons, por Franco Pecchio de Milán, Italia.

Caceroladas para un golpe de estado

La derecha española no dejar de sorprenderme. Han convocado esta noche una cacerolada que amenazan con mantener durante todo el confinamiento hasta que los suyos entren en el gobierno siguiendo su eterno principio de “nosotros o el golpe de estado”.

Así ha sido desde que el 17 de julio de 1936 se rebelaron las tropas militares españolas en el norte de África y les siguieran buena parte del ejército peninsular el 18 y el 19 posteriores, tal vez con el paréntesis de la década de los ochenta una vez que el golpe de verdad con sus militares ocupando el Congreso y movilizados en Valencia aquel 23 de febrero de 1981  resultara fallido. O gobierna la derecha o en España hay golpe de estado, amenaza de golpe de estado o estado de furia para pavimentar el golpe de estado. No hay más opción.

Uno podría pensar que si hay un enemigo común que nos va asesinando sin distinguir credo, edad (ya no se oyen a aquellos de “sólo los viejos y los que tengan patologías previas”) o ideología sería inteligente que todos hiciéramos un frente común para vencer a ese enemigo. Una vez vencido, sería también inteligente analizar los pasos dados para depurar las responsabilidades pertinentes y para que sirva de aprendizaje para futuros ataques. Eso sería lo inteligente. No lo que lleva haciendo la derecha desde el lunes 16 de marzo, primer día laborable del confinamiento. Desde ese día, todo tipo de ataques han salido de sus filas o de sus acólitos enardeciendo el mensaje a medida que los fallecidos iban aumentando. Más fallecidos, más ataques.

¿Creéis, hijos ideológicos de Goebbels y Millán Astray, que esos son vuestros muertos? Pues os diré algo: son los muertos de todos. Capitalizar esos muertos como vuestros porque sois los más españoles entre los españoles y vivaspaña y arribaspaña es sólo parte de vuestras actividades de hienas inmundas, neandertales incapaces de entender que el drama que estamos viviendo lo estamos viviendo todos, que no dijisteis una sola palabra de confinar a nadie hasta el 11 de marzo, que habríais puesto el grito en el cielo si España (uno de los países más turísticos del mundo) hubiese cerrado todo a finales de febrero (como el tiempo ha demostrado que era la única opción de evitar el desastre porque tanto desastre me parece treinta mil muertos, nueve mil muertos o mil muertos).

Ahora os dedicáis a poner todos los palos en la rueda posible mientras os hacéis llamar patriotas sin entender que la vida de todos (tanto si morimos o mueren nuestros seres queridos como si nos empobrecemos exponencialmente) depende de las decisiones del gobierno que tenemos y que sólo a un hatajo de fascistas iletrados que sólo han aprendido a insultar y a usar su bilis como arma se les ocurriría jugar al golpismo, otra vez,  mientras el enemigo sigue haciéndose con cuerpos y matando a quien puede.

Ni España os pertenece ni es sólo vuestro este dolor. Sí es sólo vuestro ocuparos de dañar al gobierno mientras dura esta guerra de un virus contra la población de todo el planeta. Y que, por ahora, va ganando ese virus.

imagen destacada: de Creative Commons, creada por follyofreason

Pandemia en los tiempos de la derecha con bilis

La epidemia del coronavirus ha puesto de manifiesto algo que ni siquiera imaginábamos los más derrotistas sobre la actitud de la derecha española: es para ellos más importante que el gobierno de España no sea de izquierdas a seguir viviendo.

Es decir, hay un virus de lo más cabrón matando a cientos de personas diariamente y encuentras que tanto los periódicos de la derecha (El Mundo, ABC, La Razón) como los derechistas individualmente vía twitter, facebook o whatsapp están más ocupados en echar abajo el gobierno que en unirnos todos puesto que nadie, desde Ortega Smith a Óscar Reina, secretario general del sindicato SAT (qué apellido para alguien del SAT), quiere morir o que mueran las personas que quiere. De hecho, quiero pensar que la mayoría deseamos que pare de morir gente ahora mismo y que esta pesadilla desaparezca. Quiero entender que ese es objetivo común. Volver a retomar nuestras vidas. Disfrutar nuestras calles. Amar a quienes amábamos.  

Es por ello que me parece sorprendente ver que twitter está lleno cada día de hashtags como #SanchezDimisionYa #PodemosPandemia #VicePandemias y todo el aluvión de bilis que cada día reparte esta cohorte de trifáchicos (es muy sorprendente viendo twitter que la izquierda ganara las elecciones dos veces seguidas) para debilitar al gobierno que va a salvarles el culo o a condenarles a la muerte o a la ruina económica o social.

Me parece evidente que el gobierno de España se equivocó. Nadie a estas alturas puede defender que Pedro Sánchez y sus asesores científicos acertaron sobre la mejor manera de encarar este virus que nos había dado semanas para pensar. Ni el gobierno de España ni ningún otro gobierno europeo movió un dedo cuando estaban muriendo cientos de chinos. Ni siquiera cuando estaban muriendo decenas de italianos. Todo era felicidad y alegría y escucha a ese virólogo de prestigio llamado Lorenzo Milá que te va a dar varias lecciones sobre la vida y los virus y los alarmistas y no escuches a Iker Jiménez que ve fantasmas y mira, mira, que Fernando Simón dice que está todo bajo control y que no hay problema alguno en España. Total, es un gripe o incluso menos, que la gripe mata más. Claro.

Es evidente que habrá que reflexionar sobre varios temas cuando esta pesadilla haya pasado (si es que pasa y ya veremos cómo pasa), pero cenutrios y zoquetes de la derecha española, muy española, ¿por qué es tan difícil de entender para vosotros que debilitar al gobierno en momentos de vida o muerte no es la mejor manera de encarar este virus?

Os guste o no, tenemos algo en común: somos humanos y este virus nos mata o mata a quienes queremos. No distingue entre izquierdas o derechas. ¿No os vale la pena que luchemos todos juntos contra el virus? ¿No sois capaces de esperar un tiempo para exponer vuestras reivindicaciones y para luchar contra los contubernios socialcomunistas que tanto odiáis?

Por último: el gobierno de España socialcomunista, comeniños, traidor, felón, antiespañol y proetarra no hizo nada hasta que pasó el 8M. Cierto. Error. Pero el mismo puñetero error que el que haya podido cometer el de Francia, Portugal o Alemania. El mismo o menos, porque incluso tomó medidas drásticas antes que esos países.

A ver si os entra en vuestra mollera derechista: estamos juntos en esto. No queremos que muera nadie más. Queremos volver a vivir. Este virus lo paramos unidos.

Extracto de la novela “Caos muy berraco” sobre El Caso Alcassèr.

(Extracto de la novela “Caos muy berraco” de Charly  Beteta)

(…) nadie sabe qué pasó realmente con aquellas niñas. O de hecho, sí se sabe qué pasó. Se sabe que fueron violadas, torturadas y asesinadas. Lo que no se sabe es quién lo hizo. La Justicia, esa mujer ciega que en España tiene tanto resto visual que casi no puede ni optar a vender cupones de la ONCE, sentenció que lo hizo Miguel Ricart y otra persona o personas, en referencia a Antonio Anglés que no fue detenido ni interrogado por esos hechos.

¡Hay que felicitar a la Guardia Civil, chico! Encuentran junto a la fosa donde se hallaban los cadáveres de las niñas un papelito con una cita médica a nombre de Enrique Anglés – hermano de Antonio, con profunda discapacidad mental- y alguien dice “¡Tate! Verás tú que este que pone aquí el nombre va a tener algo que ver con estas muertes”. Hablamos de más de dos meses después en lo alto de una montaña en pleno invierno con vientos, comprobables con el servicio de meteorología, de más de cien kilómetros por hora en varios días. Dos huevos.

Total, que ya alguien diría “pues este es el hermano tarado del pollo ese que trafica con droga y que no es conocido, precisamente, por asistir a conferencias sobre la obra de Heidegger o Derrida.”. Así que dos más dos suman cuatro y si hay un papel a unos metros de donde se encontraron los cadáveres de las niñas del hermano de un delincuente común de la zona, pues coño, ha sido ese. Y vamos a detenerlo. Pero ya. Que está Nieves Herrero que trina.

Y ahí que van los miembros de la Benemérita, sacrosanta organización española a caballo entre lo policial y lo militar, que cogen sus coches patrulla y se plantan en la casa de los Anglés, en Catarroja, Valencia.

En aquel tiempo, no había e-mails, pero les faltó poco para haber mandado uno a cada miembro de la familia diciendo que iban para allá. Tampoco había sms ni teléfonos móviles para la plebe, pero el resultado de su acercamiento a la casa de los Anglés fue prácticamente el mismo: Antonio Anglés, que se encontraba en situación de “busca y captura” por no haber regresado a la cárcel después de un permiso penitenciario, no estaba cuando llegaron. Hay quien habla de un salto suicida por la ventana de un quinto piso y hay quien dice que Anglés no estaba allí cuando llegó la guardia civil. Hay, incluso, quien dice que a Anglés ya le habían dado matarile, antes de que se encontraran los cadáveres, los hombres que le habían pedido a él y a Ricart que les secuestraran a las niñas.

Me pregunto qué les hubiese costado a esas criaturitas de verde haber mandado a unos agentes de paisano a la casa de los Anglés y haber detenido a Antonio en cuanto hubiera salido del bloque (si es que estaba vivo por entonces). Me pregunto por qué fueron con los coches patrulla y pegaron en la puerta diciendo que era la  Guardia Civil en una casa en la que ver a un guardia civil y saber que venían a por uno de ellos era todo uno.

Pues allí estaban los agentes del sacro cuerpo de la Benemérita, en aquella casa en la que los banqueros españoles de principios del siglo XXI se habrían sentido requeteagusto, tal era el nivel de caos y de coñobernardismo que existía en el lugar, cuando llegó uno de los hermanos de Antonio junto al Rubio, Miguel Ricart, otro pequeño delincuente medio trisómico que vivía en la casa por invitación de alguno de los Anglés, dicen que Antonio, pero poco importa porque aquello no era la casa de “Tócame, Roque” sino la casa de “Roque, acaríciame, masajéame, ponme aceite por el cuerpo y frótate conmigo. Y después me follas”.

Llegó Miguel Ricart con una bolsa de mandarinas que no había comprado precisamente  en la frutería de la esquina y después de algunas preguntas sherlockholmesianas de los benditos agentes de la bendita benemérita[1] y algunas respuestas confusas de Ricart, propias de un individuo con cinco neuronas jugando un permanente pinball en algo sólo aparentemente parecido a un cerebro, se lo llevó la Guardia Civil para interrogarlo en el cuartelillo. También se llevó a Kelly (la hermana de Anglés que siempre quiso ser famosa) y a Enrique (el hermano enfermo mental de Anglés cuyo volante médico es el que, supuestamente, apareció junto a la fosa. Nótese que el supuestamente no va porque el papel no estuviera allí, que seguro que estaba. La pregunta es si estaba porque se cayó del bolsillo de Anglés o porque alguien lo puso allí).

Entonces, para entendernos:

 ¿Se dirige la Guardia Civil a la casa de Antonio Anglés varias horas después de haberse descubierto la fosa en la que están los cadáveres de las niñas de Alcàsser porque uno de los apicultores que descubrieron la fosa, ayudando – ¿ayudando los apicultores?- a la Guardia Civil a recoger objetos cercanos a la fosa encuentra un volante de la seguridad social a nombre de Enrique Anglés? Sí.

¡Ole los huevos del CSI!

Por lo tanto, cuando el padre de una de las niñas, que consagra su existencia a conocer la verdad de los crímenes para encontrar a los responsables y que paguen su culpa, se entera de que la Guardia Civil se dirigió al domicilio de Antonio Anglés sólo porque habían encontrado un volante médico a veinte metros de la fosa[2] a nombre de su hermano Enrique, el hombre, Fernando García, padre de Miriam, huele no ya a chamusquina sino a un bosque entero ardiendo delante de sus narices.


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Lo de Dortmund (extracto de la novela “Caos muy berraco”)

Ah, aquella dolorosa que pagó su viaje a Alemania porque el Málaga que había visto en Tercera División y Segunda División B, el Málaga que jugaba a veces en campos de albero, el Málaga que hacía el ridículo aquel año de Primera, el Málaga en quien se cagaban todos al pasar por aquí estaba a sólo un partido de las semis de Champions… Y va la virgen vestida de malaguista y se acurruca con los Malaka Hinchas y quedan sólo dos minutos del descuento y ganamos 1-2 y aún nos vale el empate y te acuerdas fugazmente de aquel Manolito o como coño se llamara que era medio acondroplásico y medio no, seguro gordo como un sollo, y con la camiseta del Málaga iba a todas partes ni para ducharse se la quitaba porque directamente no se duchaba y tan contento iba él con Paquito, Juanito, Azuaga, Albis, hasta el puto Husillos nos valía en la delantera… Aquellos hombres que poblaron mi infancia y ya sé que no debo, ya sé que es opio y circenses y lo que le salga de los cuernos al intelectual de turno de mañana, pero los ojos se abren de par en par porque está a punto el Málaga de ser uno de los cuatro mejores equipos de Europa, jugar unas semis, juro por Diego Armando Maradona, único dios que reconozco, que iré cada jueves santo a Sevilla  a ver salir la Macarena como penitencia cruzada y para un malaguista lisérgica e incomprensible, máxime siendo ateo por la gracia de Diego, pero así son las promesas, locas, absurdas, ilógicas y absolutamente necesarias en cuanto a su cumplimiento; sí, Macarena, sí, allí iré, pero

Algo va mal. Algo pasa. Como si los ojos de nuestros jugadores hubieran sido enjuagados con eau de burundanga a la par que los otros han recibido una inyección de zumo de glóbulos rojos y el pedazo de mierda que no pertenece a ninguno de los dos equipos una transferencia a su cuenta desde Alemania y un espaldarazo a su carrera desde Zurich… Y todo cambia, todo vuelve a ser lo mismo, el mundo en el que los poderosos vuelven a aplastar a los pequeños como cucarachas que se hubieran colado en la limpia oficina y cómo van los zarrapastrosos esos a colarse en nuestra fiesta de etiqueta si no hace tanto tenían a un Manolito medio enano que apestaba como un caballo muerto paseándose por la ciudad con la camiseta ajada y un balón en la mano sin importarle demasiado que ya tuviera como cuarenta años y los niños con los que intentaba jugar tuvieran doce.

Y en dos minutos 3-2, a la puta calle, como sea, con los fueras de juego que sea, con las faltas que sea, a patadas, a escupitajos, fuera, fuera, fuera, y la dolorosa llora más que nunca porque es del barrio de La Luz y joder, cuándo coño iba a ocurrir algo así al Málaga, mi Málaga, al malaguilla que decía aquel tío mío, cuándo coño volverá a repetirse, esto ha sido un puto crimen rastrero y como en cualquier crimen rastrero sólo se obtendrá una mínima justicia si ésta se toma por la mano y joder

si no hubiese fumado aquel día mientras volvía del bar al que me condenó la pedazo de mierda restregada en boñigas de cabra anciana de Paloma del Río, qué habría sido de mí, joder, qué habría sido de mí… le debo tanto al tabaco… le debe tanto Craig Thomson, el escocés hijo de puta, y tanto Paloma del Río, la centralista cabrona… Vete a tomar por culo y comenta la puta gimnasia con los muertos de Sissi Emperatriz y los cuernos humeantes de María de las Mercedes de sus Muertoans. Y ya sabemos que el Madrid tiene mejor audiencia que el Málaga, no hace falta que asomes tu jeta de pija de mierda mongola y con la condescendencia que parece cosecharse alrededor de la Cibeles aparezcas en TVE para decir que tomaste la decisión de emitir el Madrid por eso, cerda, cerda, cerda, oh, como te odié/odio y tabaco relativizando, pero bueno, si esto es un deporte, joder, un juego de mierda, qué más da, qué importa que los de blanco tengan más copas de Europa que tengo yo para beber si dentro de 100 años todos calvos, todos muertos, dediquémonos a mejorar este mundo shitero que tenemos en vez de llegar a la final de la Champions y, sobre todo, entendamos que el fútbol es desde hace un par de décadas más que un deporte un tablero geoestratégico de militares y capitalistas, es decir, los que manejan el cotarro y vienen manejándolo desde que los nobles fueron desposeídos de sus estupendos derechos bendecidos por la Iglesia, prima nocte y tal.

Eso es esa mierda de deporte y no más: Florentinos como Ronald Reagan y catalanes varios como Margaret Thatcher. Pinochetitos tipo Cerezo y siempre alemanes, en todas partes alemanes, allá donde los adultos hablan y se deciden las cosas, alemanes. Y hasta cuando los cabrones se han cargado Europa dos veces se les sigue dando lametazos en sus culos teutones y dándoles coba a ver si pueden conseguirlo de verdad a la tercera y un sembrado nuclear nos hace abandonar esta parte del mundo para siempre. Pero no te preocupes, que allá donde vayan los supervivientes, dejémoslo ya claro por si te quedaba alguna puñetera duda, seguirán mandando los alemanes.

El mundo es un sitio en el que la gente nace, muere y, al final, ganan los alemanes. Incluso cuando pierden.

Sí, tal vez el hecho de no fumar me esté agriando el humor. Es más que posible. Así que me recluiré aquí con la pequeña Tora y no llamaré a Idoia hasta que hayan muerto las células rebeldes que me piden Ducados Rubio sin entender, las pequeñas, que por mucho que me haya hecho mucho bien fumar durante todos estos años no es mi deseo seguir sufriendo esa tos maligna a la mañana, ese sabor de boca nauseabundamente constante o versavice, ese subir no puedo, ese hablar a la vez tampoco y, sobre todo, ese esclavismo de encontrar la droga a la que eres adicto y consumir como si no hubiera un mañana porque sí hay un mañana que si por casualidad no trae un precioso cáncer de pulmón con él traerá, cuanto menos, un lindo enfisema, unas bombonas de oxígeno y un morir solo y en el peor de los pesares.

En resumen: tengo que ir haciendo preparativos previos a mi muerte y aunque no pueda decidir – salvo que quiera decidirlo- cómo será ésta, he de poner de mi parte para intentar decidir cómo no será.

Así que ya no veo ninguna virgen malagueña que viajara a Dortmund, ni aquel escocés llamado Thomson merece ser golpeado con el bate de Negan –Lucille- en Walking Dead hasta ver sus sesos esparcidos por el suelo ni Paloma del Río recibiría un escupitajo en los ojos si algún día me la cruzase. Son personas con intereses que hizo el destino que chocaran contra los míos. Sin más.

Pero no volveré a ver un puto de partido de fútbol jamás. Y en eso, como Oliverio, soy irreductible: quedaos con vuestro infecto deporte. Seguid comiéndole el rabo a los mongoloides que sepan manejar mejor el esférico y asistid a sus ruedas de prensa como si fueran científicos que por fin pueden curar el sida. ¡A la mierda! Puto deporte de corruptos y de correveidiles que harían lo que fuera por su migajita de la mesa donde comen los poderosos. Meteos el fútbol en el orto. Yo amaba ese deporte y vosotros lo habéis convertido en una pura estafa. Bueno, pues a partir de ahora podéis estafar el cráneo con cuatro pelos de vuestra puñetera bisabuela. A mí, nunca más.

Caos muy berraco, una antinovela.

Esta novela o, como prefiero llamarla, antinovela, empezó a ser escrita en la primavera de 2015 y terminó de ser escrita el último día del 2019. Sí, habría dado tiempo para escribir dos o tres novelas de Dostoievski, pero yo he preferido parir este cagarro de menos de cien páginas. Soy así. Llámame modesto.

La novela Frankenstein en cuestión está escrita bajo seudónimo. El día que abandone mi actual puesto de trabajo o el día que este país deje de ser este país, me quitaré el capirote de nazareno  y proclamaré la autoría del texto a pleno pulmón en la Plaza Cabildo, en la Plaza de la Merced o allá donde esté. Sin pudor ni recato. En fin, ya he afirmado que no se trata de Crimen y Castigo, pero ello no implica que no haya un par de momentos aprovechables y, en cualquier caso, me importa un carajo todas las opiniones, incluida la mía.

Caos Muy Berraco es una antinovela de ficción (salvo cuando se habla de hechos reales y conocidos por todos), pero el noventa por ciento de lo que aparece en el texto referido a sucesos dentro de centros educativos, ya sean contados por mi alter ego o por otro personaje, son CIERTOS. Han sucedido y están sucediendo. Debería ello llevarnos a una profunda reflexión y a un proceso de vergüenza supina que diera paso a una revolución educativa para cortar de raíz determinadas situaciones que ocurren cada día en las aulas y pasillos de la escuela pública andaluza (y también de la española). Eso sería lo deseable. Lo necesario para que los institutos vuelvan a ser centros educativos donde se puede impartir y recibir clases sin que la salud del docente o de algún alumno señalado por el bully de turno acabe en pedazos.  Pero me resultaría menos sorprendente que el Ku Klux Klan abandonase su actividad y transfiriera sus activos a Open Arms. Me parecería más probable que Ortega-Smith se dejara llevar al ritmo de Manu Chao y a pleno pulmón cantara Clandestino. Sería mucho más fácil que Almeida y Díaz Ayuso crearan un colectivo ecologista o que Fran Rivera solicitara su ingreso en el siempre necesario PACMA.

Esas son mis esperanzas para el cambio. En cualquier caso, nadie podrá decir que yo o mi alter ego no advertimos de que esta era la situación. Pero tanto mi alter ego como yo llevamos ya años pensando que tal vez no es que se hayan hecho las cosas mal por negligencia o estupidez sino por lo contrario. Sí, otra teoría de la conspiración que tanto nos gusta. Tal vez quien decidió así respecto a la escuela pública lo hizo de un modo magistral para lo que ellos deseaban. Tal vez sabían que todo iba hacia el destrozo, el descrédito y la desesperanza. Y ahí están esos colegios concertados católicos que brillan como un San Luis cuando hace veinte o veinticinco años a sus institutos no quería ir nadie porque todo la calidad estaba en los institutos públicos y nadie quería que Sor Loreto le diera clase de inglés si en el instituto público estaba Noam Chomsky. El tema ahora es que si a Noam no le dejan dar clase en la pública por poco inglés que sepa Sor Loreto algo aprenderán sus alumnos. Y se puede meter Noam su Gramática Generativa en el orto. Que hoy no se da clase. Y mañana igual le dejamos que dé veinte minutos que hoy se ha ido llorando de clase. Tan malos no somos, joder. Sólo nos gusta el juego.

En fin, esto es una puñetera introducción y no se trata de redundar ni de predundar. Leed el texto si os parece y si no os parece, pues también me parece bien.  

Dado que el tiempo de la narración es la primavera de 2018 (spoiler, pero pequeñito), no puede mi alter ego ocuparse mentalmente (y mucho menos de manera activa) de lo ocurrido posteriormente. Casi mejor. El texto se habría llenado de aún más cosas horribles. Sólo hay alguna breve referencia al futuro que ya sabía yo y no podía saber mi alter ego. Ello ha impedido que el caso de Laura Luelmo aparezca en el texto. Y lo agradezco. Podría pasar cinco vidas llorando por Laura Luelmo a la que no conocí nunca, pero sí a centenas de docentes interinos que van y vienen por toda Andalucía cubriendo bajas para que el alumnado no quede sin clases o para cubrir vacantes para todo el curso. Entender que el destino de una de esas personas era el de Laura Luelmo me escalofría los huesos. Mi recuerdo para ella y mi eterno desprecio para quien la asesinó vilmente.

Y nada más. Apenas nada más, que dice la canción de Aute. Pasen y lean y si gustan, salgan a la calle con camisetas sobre el asunto, detengan el tráfico en las grandes capitales gritando el título de esta antinovela, porque mis gastos de promoción se reducen a un blog que no produce desde que le daba cera a Pedro (al presidente, no al de Heidi) como si no hubiera un mañana (betetablog.com), una cuenta de twitter (@BetetaCharly) con 17 seguidores (cada vez cuesta más el asunto de un follow, bien lo sabe Zeus) y un email (betetablog@gmail.com). ¿Qué puede fallar?

En resumen, que disfruten o se horroricen o se deleiten o maldigan o samputa en zapatillas.

EL AUTOR

Andalucía, enero de 2020.

Ahora todos hermanos

Ahora somos todos hermanos. Amamos a Pedro, amamos a Carmen Calvo y Ábalos ya no parece haberse acabado un lechoncito sino que parece que acaba de almorzar en un vegano. Todos hermanos. Tendremos que obviar todos los feos, las palabras envenenadas, los mensajes manipulados, el señalamiento como chusma (“chusma selecta somos”, decía el gran Juan Carlos Aragón) y el insomnio que provoca el rojo cuando rojo ya no eres (si es que alguna vez lo has sido).

Asco profundo he sentido por Pedro Sánchez y el PSOE estos meses pasados, pero cómo será la cosa al otro lado del mapa político, que estoy dispuesto a olvidar todo y a no pensar en la puñalada trapera que vendrá. Porque vendrá y si no que le pregunten a la IU andaluza, que quedó por los suelos, desangrada, exhausta, machacada, señalada y vilipendiada después de haber gobernado junto al PSOE tres años.

Pero cómo será la cosa que sabiendo todo eso, yo y millones de personas más que votamos a Unidas Podemos decimos sí, Pedro, ven, quiéreme, abrázame, qué colonia más jodidamente buena gastas, amorzote.

¿Pero cómo es esa cosa?

Pues es lo de siempre. Ya lo contó bastante acertadamente Elisa Beni el otro día. La derecha española piensa que España le pertenece, que España es suya (hasta yo lo pienso a veces) y que la izquierda gobierne España es un hecho aberrante que merece la respuesta más enérgica posible, en este caso, hablar de gobierno golpista, terrorista, traidor de España. Ese es el discurso de los tres partidos de la derecha española: PP, VOX y Ciudadanos, por orden de diputados obtenidos.

Entonces para aclararnos: ¿somos terroristas las personas de izquierdas por ser de izquierdas? ¿Somos golpistas? ¿Somos traidores? ¿Traidores a qué? A los designios de un dictador genocida que nada temía más que el desmembramiento de España y así se lo hizo saber a quien él eligió como su sucesor, Juan Carlos de Borbón.

Vivimos unos tiempos realmente terribles. La ultraderecha crece en todos los países y la derecha supuestamente moderada los abraza como compañeros de viaje. Ortega-Smith es un demócrata y Rufián un terrorista. Ese es el nivel. Junqueras en la cárcel por más que digan los tribunales europeos. Los Jordi en la cárcel por más que su delito fue subirse a un coche con un megáfono.

El odio gigante de la derecha española por todos aquellos que no pertenecen a la derecha española se hace visible en momentos como este. No quieren hablar. Quieren encarcelar al igual que hace 80 años no querían hablar sino matar, ejecutar, fusilar. O dejar al disidente en una cárcel espantosa sin comida ni cuidados médicos para que muriera a lo Miguel Hernández, que dicen que no fue asesinado como Lorca, pero en la práctica sí fue asesinado o, si lo prefieren, expuesto a la muerte para que ésta lo recogiera.

Por tanto, si lo que tengo enfrente son hienas que buscan morderme hasta hacerme desaparecer – real o metafóricamente-, es lógico que me abrace a Pedro. Pedro no me quiere. Pedro me desprecia, pero en principio, Pedro no quiere encarcelarme, tildarme de terrorista, llamarme golpista. De hecho, eso le dicen a Pedro y con eso amenazan a Pedro por llegar a un acuerdo por su izquierda (que debería ser lo más lógico del mundo si el PSOE se considera un partido de izquierdas).

Pero no sólo se trata de los políticos y políticas del PP, de VOX y de Ciudadanos en lo que a las hienas se refiere: ahí están Felipe González y Alfonso Guerra y a todos aquellos compañeros de su partido que se unen a ellos para boicotear. Ahí están los Revilla y las Oramas. La CEOE, la Iglesia Católica, toda la prensa derechista española, que es la mayoría.

Un tremendo pelotón con una cuota de poder mayor que el que derrocó y mató a Allende en 1973. Y eso me viene a la cabeza cada vez que gobierna la izquierda real. En este caso de modo más testimonial que efectiva, pero no sé si las hienas pararán a pensar qué sucede o buscarán la carne roja hasta ver la sangre roja y asegurarse que cae al suelo la suficiente como para que el cuerpo en cuestión no vuelva nunca a poder levantarse.

Así que sólo me queda por decir “Pedro, hermano, abrázame a mí también.”

Imagen destacada: “Lorca/77” by Xpectro is licensed under CC BY-NC-SA 2.0  en Creative Commons

Yo también soy equidistante

Estaban el otro día unos cuantos indepes, muchos a decir verdad, intentando insultar a Jordi Évole llamándole “equidistante”. En cuentas de twitter de ultraconservadores españoles (ya no existen fascistas porque ahora todo es derecha o derechita cobarde), también se ha usado el término para atacar a todo aquel que no entienda la realidad de España con la misma óptica represiva que ellos. Se trata de polarizar tanto la situación que quien no tome partido es culpable, casi más que tu rival/enemigo. Aquí no se salva nadie. ¡Esto es España, coño! ¡Que es España, coño! Y así podrían haberse tirado Tejero y García Carrés varias horas hablando si no fuera porque el primero estaba atareado dando un golpe de estado.

Yo soy equidistante también. No soy catalán sino andaluz. No soy un español de los de “soy español, español, español” ni de los que llaman “lamejeques” a los que, presuntamente, insultan a su patria. Soy español porque nací en un territorio que forma parte del estado español y mi pasaporte deja bien claro que soy nacional de España. Otro tema es mi resquemor personal por un estado que continúa, en muchas de sus estructuras, perfiles y sentimientos (que no en todos) el estado nacido de otro golpe de estado más exitoso que el de Tejero, el de julio de 1936.

No podemos decir que la España de estos cuarenta años ha sido la que imaginó Franco para después de su muerte. Eso es una falacia. Se habría muerto Franco mucho antes si un adivino le hubiese dicho que un año y medio después de su muerte habría elecciones y ya ni te cuento si le dicen que el PCE podía presentarse así como el PNV o los sediciosos (nunca mejor dicho cuarenta años después) catalanes de Pujol.

Pero sí es cierto que el fascismo de ese régimen ha sabido esconderse durante años como hacen algunos virus para dar la cara más adelante, cuando los tiempos sean más propicios. Así nos encontramos una Ley Mordaza hecha para reprimir con naturalidad y tranquilidad porque está claro que si sales a la calle a protestar, eres un indeseable a menos que lo hagas en Colón con las banderas de España porque hay un globo sonda de un relator de no sé qué. Entonces sí mola protestar. Como buen patriota. Nos encontramos con condenas de opinión a raperos o músicos por insultar a la monarquía. A César Strawberry de Def Con Dos, los políticos del PP le llaman “terrorista” y se quedan tan panchos. Lo dice un tribunal de justicia.

La justicia. Esa dama ciega que en España tiene tanto resto visual que no le dejarían ni vender la ONCE si lo intentara.

Me parece que los indepes no obraron justamente en aquellos días del otoño de 2017, cuando decidieron ser independientes del estado español obviando que la mitad del electorado catalán no estaba de acuerdo con el referéndum y así habían votado dos años antes. No se puede montar un referéndum como el que monta un festival de música. A cholón, que dice un mesetario conocido mío.

No se puede tomar una decisión tan importante como la de independizarse de un estado al que llevas unido, con más o menos ganas, siglos con un referéndum que nadie creía – ni los que lo organizaban- que podía ser considerado válido. Aparte del boicot español que hacía que las garantías de cualquier votación democrática que se precie fueran mínimas o nulas, estaba el hecho de convocar ese referéndum con una mayoría parlamentaria, pero con un cincuenta por ciento de la sociedad solo de tu lado. ¿De verdad tuvo sentido eso? ¿De verdad se puede sentir orgulloso el independentismo catalán de eso?

Luego ya tenemos a la España de siempre. La España que va retrasada respecto a otros países y dice “vale que os habéis montado esa juerga, pero ahora la vais a pagar. Y la vais a pagar cara”.

Puigdemont se quitó de en medio a la velocidad de Vinicius. Lo mismo hicieron otros consellers que no tenían ganas de pisar una cárcel española. No les culpo. Solo hay una vida y no es cuestión de pasar parte de ella encerrado porque no seas español de bien. Aún menos culpo a Anna Gabriel, de las pocas personas metidas en este embrollo que admiro. Ella no tenía ningún cargo de decisión, pero viendo el curso de los acontecimientos parece evidente que se habría comido, mínimo, unos cuantos meses de cárcel. Por indepe, por roja, por perroflauta y por antisistema. Anda. Mira tú qué bien. Y Ortega Smith de diputado de las Cortes. Que no vayas a comparar la democracia de Ortega con la de Anna Gabriel, esa terrorista.

En fin, que después de dos años y de prisión provisional sin fianza para unos cuantos consellers y para los dos Jordis, sale la sentencia y es la que todos conocemos. Junqueras que se muera en el trullo. Los demás, una década de su vida. Y los Jordis, nueve años. Nueve años de cárcel porque se subieron a un coche con un megáfono y la secretaria del juzgado no pudo comer en doce horas (en el juicio se demostró que se comió un bocata) y tuvo que salir por la azotea del edificio.

 ¡Esa es la democracia y la justicia que me gusta de mi país, claro que sí! ¿Cómo va esa señora a tener que salir por la azotea y estar encerrada con miedo dentro de la Conselleria de Economía pensando todo tipo de escenarios y encima pasando hambre? ¿Hay derecho a eso? Y hablando de escenarios, por un teatro contiguo tuvo que salir entre actores y mossos. A eso no hay derecho. Por lo tanto, nueve años de cárcel para los Jordis que no tenían ninguna responsabilidad política y cuya violencia mayor se circunscribe al asesinato de alguna mosca o mosquito molesto para sus personas y/o familias.

Entonces, ¿puedo pensar que España es un país tan democrático como quisiera y que los tribunales dictan sentencias sin prejuicios nacionalistas? No, no lo pienso. ¿Puedo pensar que los indepes obraron bien al montar aquel referéndum y a pensar que su resultado era vinculante para declarar la independencia del estado español? No, no lo pienso.

Por tanto, soy equidistante. De hecho, creo que esa equidistancia es lo único que puede salvarnos de acabar como Bosnia, a finales del siglo XX. Allí tampoco se aceptaba la equidistancia y así acabó todo. Aquí no hay armas para los indepes. Solo indepemillenials montando barricadas, tirando piedras y prendiendo fuego a cualquier cosa. También le han dado fuerte a Rufián por “equidistante”. Y es que el mastuerzo prototípico quiere y exige lealtad y penaliza con fuerza y rabia la disidencia intelectual o emocional. O conmigo o contra mí. Pues mire, señor mastuerzo indepe o señor mastuerzo nacionalista español: ni con uno ni con otro. Y si algún día no se puede elegir porque de ello depende tu vida (como pasó en el verano del 36), pues haré las maletas e iré a Suiza a decirle a Anna Gabriel que me gustaba mucho como política y que lamento que no pueda vivir en su país y en su casa rodeada de quienes ella -y con toda la intención va este verbo- estime.

Imágenes:

“Jordi Évole” by Jot_Down is licensed under CC BY-NC-ND 2.0 

“Independence above commerce: The Estelada hangs on a balcony above the Fulanitu i Menganita furniture store, Gràcia, Barcelona” by Spencer Means is licensed under CC BY-SA 2.0 

Pedro Sánchez no tiene vergüenza ni para pegar un sello

Pedro Sánchez no podría dormir con ministros de Podemos en el gobierno. Igualito que Santi Abascal. Son personas que se preocupan por España y que saben qué es lo mejor para este país en cada momento.

Entiendo que Santi es un ultraderechista y antiizquierdista de toda la vida que se ha ganado con tesón, esfuerzo, dedicación y capacidad tales honores. Pero hasta estos meses, entendía que Pedro Sánchez Castejón y el PSOE se consideraban de izquierdas. Él, un hombre de izquierdas; el partido, un partido de izquierdas. Yo lo dudo desde que tengo uso de razón política. Ya en aquel entonces veía a Barrionuevo, Vera, Corcuera o Rodríguez de la Borbolla y aquello podía ser cualquier cosa menos gente de izquierdas. Pero bueno, ellos se consideraban así como antítesis a la derecha representada por el Partido Popular y, ciertamente, alguna diferencia podía haber entre algunos miembros del PSOE como Ernest Lluch, Pedro Zerolo o Cristina Narbona y gente como José María Aznar, Mayor Oreja, Álvarez Cascos y el propio Santi Abascal, que hasta hace dos telediarios había vivido toda la vida de ser del PP.

Pero hete aquí que llega abril de 2019 y gana la izquierda española las elecciones generales. Gana el PSOE con 123 diputados, lo cual era un resultado ridículo hasta hace nada para el PSOE, pero que dada esta nueva situación pluripartita en territorio nacional, no está nada mal. Con los diputados de Unidas Podemos y algún partido nacionalista más se puede formar gobierno. El PP se ha hundido miserablemente con 66 ridículos escaños. Ciudadanos no ha sido capaz de abanderar la oposición liberal haciendo el sorpasso al PP aunque se ha quedado cerca. VOX ha obtenido un gran resultado para ser un partido de nuevo cuño, pero por debajo de lo que ellos y a quienes nos provocan náuseas preveíamos.

En fin, todo es felicidad aquella noche primaveral hasta que se oye “con Rivera no” frente a la sede del PSOE en la calle Ferraz. Pedro mira con desconfianza, como pensando si no le estarán diciendo que con Podemos sí. Esos rojos piojosos sarnosos comeniños incultos y corruptos. Cómo va a pactar con ellos. No podría dormir si lo hiciera. Esta plebe de ahí abajo no entiende que para que un país funcione ha de ser la derecha la que lo dirija. Maldita sea, qué gente más ignorante. Eso del socialismo ya queda atrás. Ya no tiene sentido. Necesitamos gestores. Necesitamos que la banca esté contenta. Necesitamos que las multinacionales estén contentas. No podemos pensar que es buena idea trasladar a un gobierno lo que hayan dictado las urnas. Las urnas no gobiernan un país. Gente como yo lo hace.

Hagamos aquí un alto. ¿Por qué es Pedro Sánchez Castejón presidente en funciones del gobierno de España mientras está ahí sonriendo en el balcón con cara de lelo? ¿Ganó unas elecciones? No. No ganó. Consiguió el peor resultado de la historia del PSOE con 85 diputados. 85 ridículos y patéticos diputados (me refiero al número, luego ya habría que mirar cada caso individual para dar un empaque fundamentado a esos juicios de valor). ¿Entonces? Pues entonces sucede que salió la sentencia de la Gürtel en la que quedaba bastante claro que el PP era un partido corrompido hasta los cimientos. Precisamente, hasta los cimientos de su sede en calle Génova que también se benefició en su estructura e interiores del amor del peperío por el dinero en sobres a cambio de favores políticos. Salió la sentencia de la Gürtel y Podemos puso de acuerdo a todos los partidos que debía poner para hacer presidente a Pedro Sánchez que era, en realidad, quitar de presidente a Mariano Rajoy al que le importaba tres pitos lo que era una realidad palmaria respecto a la corrupción en su partido y no pensaba dimitir ni aunque le hubieran pillado en un barco con la espalda llena de crema de protección solar con un narco. Ah, no, perdón. Eso es otra película. Ese era la solución del PP al problema de la corrupción. Feijoo. Vale.

Entonces para entendernos: ¿era y es presidente en funciones del gobierno Pedro Sánchez gracias a Podemos? Totalmente. ¿Me estás diciendo entonces que esos zarrapastrosos cuya ministrabilidad no dejaría dormir a Pedro fueron quienes le hicieron presidente? Exacto.

Llego por tanto a una conclusión muy clara: Pedro Sánchez y su PSOE no tienen vergüenza. Ni para pegar un sello. Si después de estar décadas diciendo que son un partido de izquierdas se niegan a gobernar junto a otro partido de izquierdas; si trata como basura a quienes le hicieron presidente; si dice que no podría dormir con un ministro de Podemos cuando él fichó a varios indocumentados como ministros, alguno de los cuales duraron días en el cargo… Si dejó pasar meses sin negociar y cuando lo hizo fue desde una postura de superioridad y de desprecio hacia quien te tendía la mano Y LE HABÍA HECHO PRESIDENTE, concluyo, pues, que Pedro no tiene vergüenza ni debería ser nunca más presidente del gobierno de España. Pero lo será. Lo será junto a Ciudadanos, que es lo que él siempre quiso. Y yo no me callaré nunca más cuando alguien que diga ser del PSOE hable de “nosotros los de izquierdas” o “los de derechas”.

No, bonita, no, que diría Carmen Calvini, que esa es otra con capítulo aparte.

Vosotros, de izquierdas, un mojón de pato.

PD: Ya el PSOE decepcionaba y traicionaba a mediados de los 80…

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“Assemblea Oberta amb Pedro Sánchez” by pscbarcelona is licensed under CC BY 2.

Imagen banquero: geralt en Pixabay