Los millenials y el COVID-19: ¡disfrutando el verano 2020 a muerte!

Generalizar es mentir y a Maradona pongo por testigo de que hay gente con menos de treinta años solidarios, inteligentes, responsables, gente en la que se puede confiar tu vida. El problema es que son los menos.

Los más entre los millenials, postmillenials y los baby blandurri son aquellos que piensan que su ombligo es el eje del planeta; que su culo, la Joya del Nilo; que su genital correspondiente, el centro gravitatorio de la Galaxia. Y es muy complicado.

Es muy complicado que estos jóvenes siquiera piensen un momento en términos comunitarios y dediquen unos minutos de su tiempo a reflexionar sobre el COVID-19, en el mejor modo de paralizarlo, en lo terrible que sería que otra vez volviéramos al confinamiento, más aun si ocurre en verano con cuarenta grados de temperatura.

No lo hacen. Ellos prefieren sus botellones, sus fiestecitas, sus reuniones, sus “a mí es que no me afecta porque soy joven”. Ha muerto gente con edades comprendidas entre los 15 y 30 años de COVID-19. No uno ni dos sino varias personas que se sentirían (algunos) tan potentes y resistentes como estos gañanes y que murieron de la manera más atroz. Pero no tiene nada que ver con ellos.

No. Si hay una pandemia mundial y han muerto decenas de miles de personas, nada tiene que ver con los millenials y postmillenials, for fuck’s sake. Ellos no mueren, por tanto, ¿qué problema hay?

Ciertamente, estos veinteañeros sin corazón ninguno y con serrín donde debería haber varios millones de neuronas no son los únicos responsables de lo que está pasando. Los gobiernos autonómicos abren su ocio para que la gente participe y cuando participa, se echan las manos a la cabeza. En Córdoba hubo una graduación de colegio pijo en una discoteca y cogió el virus hasta el apuntador. ¿Cómo se puede pensar que mientras estemos así se puede dar permiso para abrir una discoteca? ¿Hay un caldo de cultivo mejor para el COVID-19?

¿Cómo se le puede decir a la gente que salga y que no salga, que haga vida medio normal y que no la haga, que gaste su dinero en ocio, pero que mejor en ocio no?

Los jóvenes, en general, están demostrando ser ultra egoístas e irresponsables, pero los políticos también están demostrando ser poco coherentes. Ninguno quiere ser apuntado por los hosteleros, esos pobrecitos que nos van a enterrar a todos. Pero lo cierto es que no debería abrirse ningún espacio cerrado para el ocio. Aire libre o nada. Terrazas, sí, salones, no.

Y las hordas de psicópatas incapaces de sentir empatía por nadie excepto por ellos mismos, multados cada día. Porque esa es otra. Mucho pesar del político de turno, mucho “es que los jóvenes no están demostrando conciencia” pero cero multas, que son sus hijos, coño, no vayamos a equivocarnos.

Pues nada. Empieza agosto y los millenials y posteriores ya están agendando fiestas. Hay que aprovechar la juventud, joder, que son dos días. ¿El COVID-19? “Eso no nos afecta” dicen con media sonrisa. Que muera su abuela, su tío o su padre es lo de menos. Agosto de 2020 solo hay uno y hay que disfrutarlo. Hombre ya.

¡A muerte!

(extracto de “Caos muy berraco” sobre los millenials, postmillenials y los baby blandurri)

Vaya mierda de mundo me están dejando, joder.

Estos jodidos millenials. No es que no tengan ni puta idea de lo que va la vida. Eso sería, incluso, comprensible. El problema es que son tan jodidamente arrogantes que para ellos la vida irá de lo que ellos decidan que vaya. Puto desastre de generación. Vienen manchando a lo grande con su mierda mental. Les pagan novecientos euros por un trabajo por el que deberían recibir mil ochocientos y ellos dan botes de alegría pues ni imaginan lo que es luchar en la calle ni asustar al Poder. Van dejando su semilla individualista y superficial por toda esta sociedad fallida que vomitamos cada día. Van cogiendo sus Uber y pateando a los taxistas patrios para que algún yanqui se apunte seis mil euros el minuto mientras folla con una sirena en Seychelles. Dan mejor servicio, dicen, como si todos hubieran nacido en putas mansiones y tuvieran apellidos con guiones; como si sus bisabuelos no hubieran muerto a manos de italianos fascistas en el frente de Málaga o sudando como cerdos en Cerro Muriano. Como si sus abuelos no hubieran pasado hambre en la postguerra o como si sus padres no hubieran pasado sus veranos en barriadas obreras preguntándose por qué era que otros lo tenían todo mientras a ellos les quedaba ocupar un banco de la plaza hasta las tres de la mañana y cruzando los dedos para que el calor les dejara dormir al volver a casa.

Sin duda, me tienen desesperanzado los millenials, los postmillenials y ya ni te cuento los baby blandurri que vienen detrás. Todo, lo merecen todo por haber nacido y al de al lado, si puedes, le hundes, que así mola más.

Los muy cabrones le harían bullying hasta a la Madre Teresa, por fea y pobretona[1].


[1] Generalizar conlleva la injusticia y doy fe que algunos, pocos pero algunos, de todos aquellos nacidos a partir de 1985, han podido zafarse de toda esta avalancha de superficialidad consumista y juro que me conmuevo cuando encuentro a adolescentes o jóvenes solidarios, casi siempre señalados por la inmunda turba.

El yolleo y lo común

Siempre me ha encantado este poema de Oliverio Girondo (qué grande fue Oliverio Girondo y qué antes nació):

Oliverio Girondo

Yolleo

Eh vos
tatacombo
soy yo
di
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre
yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué di
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
y hasta cuándo.

FIN

Y que no digo que en comunidad, pero si tenemos algo en común que es este mundo y estas ciudades y estos pueblos, habrá que hacer como Oliverio y llamar, eh, que estoy aquí solo y también como mi descubrimiento de la década, que no le conocí hasta agosto pasado y ahora no paro de oírle cada día, como si me hubiera colonizado la música el astur versado este, Nacho Vegas:

En soledad nos quieren o en unidades familiares, para comprar, atiborrarnos, fundir tarjetas de crédito, ahondar en la deuda comprando lo no necesario como si fuera oxígeno en la superficie de la luna.

Pero digamos no, tatacombo. Di, ¿no me oyes?

Soy yo sin vos.

Aquí yollando.

Imagen: Nacho Vegas en Creative Commons

imagen: green man by oooh.oooh

Michael Jordan: cuando el bullying lo hace el más brillante

Las variables del bullying son tantas como los contextos de colectivos de humanos en los que ocurre. Todo el mundo sabe de qué se trata cuando se habla de bullying en un centro educativo. Pero el bullying no está circunscrito solo a ellos. Hay bullying en centros de trabajo, en organizaciones sindicales, en partidos políticos. Y lo hay también en equipos deportivos. Hay bullying entre niños, entre adolescentes, entre adultos y, seguramente, lo habrá también entre ancianos.

Los bullies son también de tipología variada. Normalmente, comparten una característica, la envidia. Envidian algo del objeto de su bullying y su manera de reaccionar es intentar aniquilarlo socialmente, amargarle la vida y en muchos casos, enseñarle el camino del suicidio. También hay un componente de inseguridad detrás de muchos casos de bullying. Curiosamente, no es la inseguridad de la víctima sino del bully, que reafirma su personalidad sobre el daño infligido a un semejante y del grupo que vitorea y participa y une lazos a través del dolor ajeno. Otras veces, es el puro sadismo el que actúa sin más razones detrás. El sadismo y la impunidad, claro, puesto que el bully busca presas que no respondan. De lo contrario no se podría ejercer una práctica diaria de tortura física o psicológica. Tiene que ser una presa fácil. Alguien física o emocionalmente más débil con el que jugar como si fuera un yo-yo. Alguien a quien despojarle de su dignidad sin una justa retribución.

En el caso de Michael Jordan hablamos de un bully que tiene más que ver con la explotación laboral que con cualquier cuestión anterior. Evidentemente, hay un componente sádico en la actitud que tenía con sus compañeros. Sin ese sadismo es imposible actuar de ese modo. Pero hay quien le justifica e, incluso, jalea porque en realidad lo que Michael Jordan quería era ganar. Él ponía todo de su parte. Se entrenaba como el que más y, además, era el mejor jugador del mundo y, probablemente, el mejor que ha existido. Y Jordan quería resultados y pensaba que el mejor modo de obtenerlos era acosar a todo aquel compañero que considerara él que no estaba dando su máximo nivel. En fin, ninguno era Michael Jordan ni se le acercaba. ¿Por qué fallaban tantos tiros? ¿Por qué no defendían tan bien como lo hacía él? ¿Por qué no eran tan rápidos, fuertes y atléticos como él?

Jordan se dedicaba a insultar y humillar a todo aquel compañero que hubiera juzgado y sentenciado él. ¿El crimen? No estar al nivel que tenían que estar para ganar. Prácticamente, con más o menos intensidad o con más o menos frecuencia, fue a por todos sus compañeros excepto a por su amigo Pippen (que en el documental se demuestra que es el menos profesional de todos). Pero no para ahí la cosa: Jordan fue a por el general manager, por periodistas, por rivales, por todo aquel que no hiciera exactamente lo que él pensaba que tenían que hacer. Y cuando nada sucedía para quebrantar el ánimo de emperador romano de Jordan, Jordan se lo inventaba. Él lo justifica a sus más de cincuenta años con que necesitaba motivación.

Uno se imagina a uno de los Beatles ridiculizando a algún grupo de música porque no son tan grandes como los Beatles. Uno se imagina a Leonardo DiCaprio riéndose de actores que no han ganado nunca un Oscar. Uno se imagina a Benedetti riéndose de poetas que no publicaron nunca un libro. Pero lo cierto es que no. Uno no puede imaginar eso porque lo considera imposible. Por muy grande que se haya sido, nadie tiene el derecho a reírse de los demás. Ese derecho no se gana nunca. Porque es un derecho que no existe. El derecho a ser bully no existe. Y si Michael Jordan se lo arrogó fue porque nadie dentro de los Bulls quería importunar al mejor del equipo, al único imprescindible. Y ello nos lleva a la pregunta que sugiere el título: ¿qué ocurre cuando el bullying lo practica el más brillante?

El testimonio de varios compañeros que sufrieron ese bullying es muy parecido al testimonio de mujeres que, sufriendo o habiendo sufrido malos tratos por parte de su pareja, justifican ese tipo de relación. Siempre hay un bien mayor. En el caso de los Bulls, ganar. En el caso de esas mujeres que justifican a quien les aterroriza, el matrimonio, los hijos, los celos, pero celos por el gran amor que él siente por ella, lo que sea con tal de no dar un golpe en la mesa y gritar “basta”.

Evidentemente, hubo quien no soportó ese bullying y se encaró con el bully supremo. Michael Jordan hizo lo que suelen hacer los bullies cuando eso ocurre: cagarse encima. Le pasó con Robert Parish y a Bill Cartwight. Ambos le dejaron claro a MJ que no iban a tolerarle una más. En el caso de Bill, le dijo -se dice- que si le hacía una más terminaría su carrera en el baloncesto porque le iba a partir las dos piernas. Cuentan que Michael le sostuvo la mirada sin decir nada. Y por supuesto dejó de hacerle bullying. Por su bien y el de sus piernas.

Porque contra los bullies no hay otra que revolverse. En el caso de los adultos jugadores de Bulls que soportaron las embestidas de Jordan, ellos sabrán por qué lo hicieron. Alguno plantaron cara en su momento y otros se comieron todas juntas y encima tienen que justificarle más de veinte años después en un documental que se ha visto en todo el mundo. Eran adultos entonces y lo son ahora. Lo preocupante es cuando le sucede a un niño o a un adolescente. Personas que no están formadas y que no tienen los recursos emocionales necesarios para soportar todo eso sin que el daño haga mella en sus emociones y en su personalidad presente y futura.

En este punto sí debemos ser implacables. Porque de nada sirve lamentarse y darse golpes en el pecho cuando los niños o los adolescentes saltan por la ventana como única solución a su dolor. Entonces es jodidamente tarde y todas vuestras palabras de luto y consternación no valen para una puta mierda y bien podríais ahorrároslas. Hay que actuar antes. Hay que detectar y hay que castigar a los bullies de acuerdo con su horrible crimen cometido. Ni medias tintas ni paños calientes. Y, por supuesto, tolerancia cero con el bullying. Hacer daño a alguien de manera sistemática y solo por el placer de hacerlo es un crimen. Si lo comete un grupo de niños de doce años sigue siendo un crimen aunque los niños sean inimputables. No es cosa de niños amargarle la vida a nadie. Si consideramos que vivimos en una sociedad civilizada, no debería serlo nunca.

Malditos sean los bullies y los que los amparan, defienden, miran para otro lado o justifican el acoso. Bien podría meterse Michael Jordan los seis anillos ganados acosando a sus compañeros por el orto. El mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos y también el más imbécil.

Imagen destacada: Michael Jordan by Mexicaans fotomagazijn

¡Es la sanidad, estúpidos!

Se hizo famosa durante la primera campaña electoral a la presidencia de Bill “el sexo oral no es sexo” Clinton la frase “es la economía, estúpido”. En realidad, según la siempre útil wikipedia, no era un eslogan de campaña sino una línea maestra marcada por el director de campaña para olvidar la política exterior donde el rival de Clinton, Bush Padre, había visto caer de maduro a su gigante enemigo, la URSS.

En cualquier caso, me sirve la frase como marco de otra que me parece mucho más interesante: “¡Es la sanidad, estúpidos!”.

Se ha demostrado en este mes y medio que, sin duda, es la sanidad. Porque nos importa tres pepinos que Messi sea capaz de cosas imposibles. Nos importa un comino que Rafa Nadal vuelva a ganar o no un grand slam o que Pau Gasol se recupere y pueda jugar los Juegos Olímpicos o no. Buena suerte a esos muchachos, pero si se tiene dos dedos de frente, a día de hoy, nos importa más que las UCIs de los hospitales no estén presionadas, que los sanitarios estén bien equipados y que puedan desarrollar su trabajo sin pensar, por un momento, que podrían morir en el empeño.

Ahora mismo, a cualquier persona con un mínimo de inteligencia (que en este país no son, ni mucho menos, todas) le importa más si hay enfermeros suficientes en el hospital que pudiera corresponderle si enferma que cualquier otra cosa que era – o parecía ser- absolutamente imprescindible a comienzos del mes pasado. Quien dice enfermeros dice médicos, respiradores, EPIs para sanitarios, etc.

Una auxiliar de clínica tiene más importancia que todas las películas de Quentin Tarantino y, por supuesto, que el propio Quentin Tarantino.

Cuando todo era felicidad neandertal a nuestro alrededor, se pensó que la sanidad era un lujo que había que pagarse aparte. Entre funcionarios y clientes individuales, la sanidad privada tiene un peso muy relevante en España. Lo tiene porque se estaba abandonando la Sanidad Pública de tal forma que alguien que se sintiera enfermo y necesitara una prueba y a quien le fijaban dicha prueba para dos meses después, echaba mano de sus ahorros, grandes o pequeños, porque nada hay más importante que la salud. Absolutamente nada. Y nada hace más pueblo a un pueblo que puede sentirse orgulloso de su sanidad pública. Que le den al fútbol, al baloncesto, al tenis y a todos los logros deportivos que no valen para una puñetera mierda a la hora de la verdad.

Esta es la hora de la verdad. Y ahora no importan cuántos mundiales de fútbol, de baloncesto o cuántos Gran Slams hayan ganado los tenistas patrios. No sólo no importan. Es insignificante. Lo significante, lo que de verdad importa, es si vamos a seguir vivos y si van a seguir vivas las personas que queremos. Y eso se consigue con sanidad. Sanidad para todos. De calidad.

Nuestro Messi ahora son los que están investigando para una cura y una vacuna. Y cuando encuentren esa cura y/o esa vacuna (como todos queremos), no volverá a ser Messi nuestro Messi. Al menos, no el mío. El mío será (porque ya lo era) el investigador que seguirá necesitando fondos para investigar sobre el cáncer o sobre las enfermedades autoinmunes o sobre las enfermedades raras que, valga el oxímoron, cada vez son más comunes. Mi héroe será esa doctora que opera a corazón abierto o ese auxiliar de clínica que limpia a ese enfermo que podría ser yo. Imprescindible será esa internista que acierta con el tratamiento adecuado para salvar la vida de esa persona que se debate entre la vida y la muerte en una UCI.

Por eso digo lo de antes. Si queremos invertir en algo que de verdad es relevante, algo que de verdad importa y algo que no solo nos va a alegrar la vida sino que va a impedir que nos la arrebaten, “es la sanidad, estúpidos”. Es la sanidad pública. Y tiene que ser de calidad, tiene que ser rápida y tiene que ser para todos y todas.

Imagen de Creative Commons. Autor: ec-jpr

Patriotas en mitad de una pandemia

Patriotas en mitad de una pandemia

Agazapados cuando vigías hacían falta.

Escondidos cuando necesitábamos tablas

a las que asirnos para salvarnos del naufragio.

Grandilocuentes en el relato de lo sucedido.

Acusadores de crímenes que han cometido.

Sienten más a los muertos que los padres.

Sienten más a los muertos que los hijos.

Seguirán retrepados como ratas de alcantarilla

esperando la oportunidad de un trozo de pan

que masticar a conciencia y luego vuelta a la cloaca

porque tal vez mañana puedan volver a comer.

España se desangra y sólo ellos pueden salvarla.

España se desangraba porque ellos

y sus padres y sus abuelos y bisabuelos pensaron

que para salvar a España

había que matar la mitad de España.

Patriotas patrios: apartad de nosotros ese cáliz.

                   Charly Beteta (abril 2020)

Imagen destacada: de Creative Commons, por Franco Pecchio de Milán, Italia.

Caceroladas para un golpe de estado

La derecha española no dejar de sorprenderme. Han convocado esta noche una cacerolada que amenazan con mantener durante todo el confinamiento hasta que los suyos entren en el gobierno siguiendo su eterno principio de “nosotros o el golpe de estado”.

Así ha sido desde que el 17 de julio de 1936 se rebelaron las tropas militares españolas en el norte de África y les siguieran buena parte del ejército peninsular el 18 y el 19 posteriores, tal vez con el paréntesis de la década de los ochenta una vez que el golpe de verdad con sus militares ocupando el Congreso y movilizados en Valencia aquel 23 de febrero de 1981  resultara fallido. O gobierna la derecha o en España hay golpe de estado, amenaza de golpe de estado o estado de furia para pavimentar el golpe de estado. No hay más opción.

Uno podría pensar que si hay un enemigo común que nos va asesinando sin distinguir credo, edad (ya no se oyen a aquellos de “sólo los viejos y los que tengan patologías previas”) o ideología sería inteligente que todos hiciéramos un frente común para vencer a ese enemigo. Una vez vencido, sería también inteligente analizar los pasos dados para depurar las responsabilidades pertinentes y para que sirva de aprendizaje para futuros ataques. Eso sería lo inteligente. No lo que lleva haciendo la derecha desde el lunes 16 de marzo, primer día laborable del confinamiento. Desde ese día, todo tipo de ataques han salido de sus filas o de sus acólitos enardeciendo el mensaje a medida que los fallecidos iban aumentando. Más fallecidos, más ataques.

¿Creéis, hijos ideológicos de Goebbels y Millán Astray, que esos son vuestros muertos? Pues os diré algo: son los muertos de todos. Capitalizar esos muertos como vuestros porque sois los más españoles entre los españoles y vivaspaña y arribaspaña es sólo parte de vuestras actividades de hienas inmundas, neandertales incapaces de entender que el drama que estamos viviendo lo estamos viviendo todos, que no dijisteis una sola palabra de confinar a nadie hasta el 11 de marzo, que habríais puesto el grito en el cielo si España (uno de los países más turísticos del mundo) hubiese cerrado todo a finales de febrero (como el tiempo ha demostrado que era la única opción de evitar el desastre porque tanto desastre me parece treinta mil muertos, nueve mil muertos o mil muertos).

Ahora os dedicáis a poner todos los palos en la rueda posible mientras os hacéis llamar patriotas sin entender que la vida de todos (tanto si morimos o mueren nuestros seres queridos como si nos empobrecemos exponencialmente) depende de las decisiones del gobierno que tenemos y que sólo a un hatajo de fascistas iletrados que sólo han aprendido a insultar y a usar su bilis como arma se les ocurriría jugar al golpismo, otra vez,  mientras el enemigo sigue haciéndose con cuerpos y matando a quien puede.

Ni España os pertenece ni es sólo vuestro este dolor. Sí es sólo vuestro ocuparos de dañar al gobierno mientras dura esta guerra de un virus contra la población de todo el planeta. Y que, por ahora, va ganando ese virus.

imagen destacada: de Creative Commons, creada por follyofreason

Pandemia en los tiempos de la derecha con bilis

La epidemia del coronavirus ha puesto de manifiesto algo que ni siquiera imaginábamos los más derrotistas sobre la actitud de la derecha española: es para ellos más importante que el gobierno de España no sea de izquierdas a seguir viviendo.

Es decir, hay un virus de lo más cabrón matando a cientos de personas diariamente y encuentras que tanto los periódicos de la derecha (El Mundo, ABC, La Razón) como los derechistas individualmente vía twitter, facebook o whatsapp están más ocupados en echar abajo el gobierno que en unirnos todos puesto que nadie, desde Ortega Smith a Óscar Reina, secretario general del sindicato SAT (qué apellido para alguien del SAT), quiere morir o que mueran las personas que quiere. De hecho, quiero pensar que la mayoría deseamos que pare de morir gente ahora mismo y que esta pesadilla desaparezca. Quiero entender que ese es objetivo común. Volver a retomar nuestras vidas. Disfrutar nuestras calles. Amar a quienes amábamos.  

Es por ello que me parece sorprendente ver que twitter está lleno cada día de hashtags como #SanchezDimisionYa #PodemosPandemia #VicePandemias y todo el aluvión de bilis que cada día reparte esta cohorte de trifáchicos (es muy sorprendente viendo twitter que la izquierda ganara las elecciones dos veces seguidas) para debilitar al gobierno que va a salvarles el culo o a condenarles a la muerte o a la ruina económica o social.

Me parece evidente que el gobierno de España se equivocó. Nadie a estas alturas puede defender que Pedro Sánchez y sus asesores científicos acertaron sobre la mejor manera de encarar este virus que nos había dado semanas para pensar. Ni el gobierno de España ni ningún otro gobierno europeo movió un dedo cuando estaban muriendo cientos de chinos. Ni siquiera cuando estaban muriendo decenas de italianos. Todo era felicidad y alegría y escucha a ese virólogo de prestigio llamado Lorenzo Milá que te va a dar varias lecciones sobre la vida y los virus y los alarmistas y no escuches a Iker Jiménez que ve fantasmas y mira, mira, que Fernando Simón dice que está todo bajo control y que no hay problema alguno en España. Total, es un gripe o incluso menos, que la gripe mata más. Claro.

Es evidente que habrá que reflexionar sobre varios temas cuando esta pesadilla haya pasado (si es que pasa y ya veremos cómo pasa), pero cenutrios y zoquetes de la derecha española, muy española, ¿por qué es tan difícil de entender para vosotros que debilitar al gobierno en momentos de vida o muerte no es la mejor manera de encarar este virus?

Os guste o no, tenemos algo en común: somos humanos y este virus nos mata o mata a quienes queremos. No distingue entre izquierdas o derechas. ¿No os vale la pena que luchemos todos juntos contra el virus? ¿No sois capaces de esperar un tiempo para exponer vuestras reivindicaciones y para luchar contra los contubernios socialcomunistas que tanto odiáis?

Por último: el gobierno de España socialcomunista, comeniños, traidor, felón, antiespañol y proetarra no hizo nada hasta que pasó el 8M. Cierto. Error. Pero el mismo puñetero error que el que haya podido cometer el de Francia, Portugal o Alemania. El mismo o menos, porque incluso tomó medidas drásticas antes que esos países.

A ver si os entra en vuestra mollera derechista: estamos juntos en esto. No queremos que muera nadie más. Queremos volver a vivir. Este virus lo paramos unidos.

Extracto de la novela “Caos muy berraco” sobre El Caso Alcassèr.

(Extracto de la novela “Caos muy berraco” de Charly  Beteta)

(…) nadie sabe qué pasó realmente con aquellas niñas. O de hecho, sí se sabe qué pasó. Se sabe que fueron violadas, torturadas y asesinadas. Lo que no se sabe es quién lo hizo. La Justicia, esa mujer ciega que en España tiene tanto resto visual que casi no puede ni optar a vender cupones de la ONCE, sentenció que lo hizo Miguel Ricart y otra persona o personas, en referencia a Antonio Anglés que no fue detenido ni interrogado por esos hechos.

¡Hay que felicitar a la Guardia Civil, chico! Encuentran junto a la fosa donde se hallaban los cadáveres de las niñas un papelito con una cita médica a nombre de Enrique Anglés – hermano de Antonio, con profunda discapacidad mental- y alguien dice “¡Tate! Verás tú que este que pone aquí el nombre va a tener algo que ver con estas muertes”. Hablamos de más de dos meses después en lo alto de una montaña en pleno invierno con vientos, comprobables con el servicio de meteorología, de más de cien kilómetros por hora en varios días. Dos huevos.

Total, que ya alguien diría “pues este es el hermano tarado del pollo ese que trafica con droga y que no es conocido, precisamente, por asistir a conferencias sobre la obra de Heidegger o Derrida.”. Así que dos más dos suman cuatro y si hay un papel a unos metros de donde se encontraron los cadáveres de las niñas del hermano de un delincuente común de la zona, pues coño, ha sido ese. Y vamos a detenerlo. Pero ya. Que está Nieves Herrero que trina.

Y ahí que van los miembros de la Benemérita, sacrosanta organización española a caballo entre lo policial y lo militar, que cogen sus coches patrulla y se plantan en la casa de los Anglés, en Catarroja, Valencia.

En aquel tiempo, no había e-mails, pero les faltó poco para haber mandado uno a cada miembro de la familia diciendo que iban para allá. Tampoco había sms ni teléfonos móviles para la plebe, pero el resultado de su acercamiento a la casa de los Anglés fue prácticamente el mismo: Antonio Anglés, que se encontraba en situación de “busca y captura” por no haber regresado a la cárcel después de un permiso penitenciario, no estaba cuando llegaron. Hay quien habla de un salto suicida por la ventana de un quinto piso y hay quien dice que Anglés no estaba allí cuando llegó la guardia civil. Hay, incluso, quien dice que a Anglés ya le habían dado matarile, antes de que se encontraran los cadáveres, los hombres que le habían pedido a él y a Ricart que les secuestraran a las niñas.

Me pregunto qué les hubiese costado a esas criaturitas de verde haber mandado a unos agentes de paisano a la casa de los Anglés y haber detenido a Antonio en cuanto hubiera salido del bloque (si es que estaba vivo por entonces). Me pregunto por qué fueron con los coches patrulla y pegaron en la puerta diciendo que era la  Guardia Civil en una casa en la que ver a un guardia civil y saber que venían a por uno de ellos era todo uno.

Pues allí estaban los agentes del sacro cuerpo de la Benemérita, en aquella casa en la que los banqueros españoles de principios del siglo XXI se habrían sentido requeteagusto, tal era el nivel de caos y de coñobernardismo que existía en el lugar, cuando llegó uno de los hermanos de Antonio junto al Rubio, Miguel Ricart, otro pequeño delincuente medio trisómico que vivía en la casa por invitación de alguno de los Anglés, dicen que Antonio, pero poco importa porque aquello no era la casa de “Tócame, Roque” sino la casa de “Roque, acaríciame, masajéame, ponme aceite por el cuerpo y frótate conmigo. Y después me follas”.

Llegó Miguel Ricart con una bolsa de mandarinas que no había comprado precisamente  en la frutería de la esquina y después de algunas preguntas sherlockholmesianas de los benditos agentes de la bendita benemérita[1] y algunas respuestas confusas de Ricart, propias de un individuo con cinco neuronas jugando un permanente pinball en algo sólo aparentemente parecido a un cerebro, se lo llevó la Guardia Civil para interrogarlo en el cuartelillo. También se llevó a Kelly (la hermana de Anglés que siempre quiso ser famosa) y a Enrique (el hermano enfermo mental de Anglés cuyo volante médico es el que, supuestamente, apareció junto a la fosa. Nótese que el supuestamente no va porque el papel no estuviera allí, que seguro que estaba. La pregunta es si estaba porque se cayó del bolsillo de Anglés o porque alguien lo puso allí).

Entonces, para entendernos:

 ¿Se dirige la Guardia Civil a la casa de Antonio Anglés varias horas después de haberse descubierto la fosa en la que están los cadáveres de las niñas de Alcàsser porque uno de los apicultores que descubrieron la fosa, ayudando – ¿ayudando los apicultores?- a la Guardia Civil a recoger objetos cercanos a la fosa encuentra un volante de la seguridad social a nombre de Enrique Anglés? Sí.

¡Ole los huevos del CSI!

Por lo tanto, cuando el padre de una de las niñas, que consagra su existencia a conocer la verdad de los crímenes para encontrar a los responsables y que paguen su culpa, se entera de que la Guardia Civil se dirigió al domicilio de Antonio Anglés sólo porque habían encontrado un volante médico a veinte metros de la fosa[2] a nombre de su hermano Enrique, el hombre, Fernando García, padre de Miriam, huele no ya a chamusquina sino a un bosque entero ardiendo delante de sus narices.


Si quieres comprar la novela en Amazon:

Lo de Dortmund (extracto de la novela “Caos muy berraco”)

Ah, aquella dolorosa que pagó su viaje a Alemania porque el Málaga que había visto en Tercera División y Segunda División B, el Málaga que jugaba a veces en campos de albero, el Málaga que hacía el ridículo aquel año de Primera, el Málaga en quien se cagaban todos al pasar por aquí estaba a sólo un partido de las semis de Champions… Y va la virgen vestida de malaguista y se acurruca con los Malaka Hinchas y quedan sólo dos minutos del descuento y ganamos 1-2 y aún nos vale el empate y te acuerdas fugazmente de aquel Manolito o como coño se llamara que era medio acondroplásico y medio no, seguro gordo como un sollo, y con la camiseta del Málaga iba a todas partes ni para ducharse se la quitaba porque directamente no se duchaba y tan contento iba él con Paquito, Juanito, Azuaga, Albis, hasta el puto Husillos nos valía en la delantera… Aquellos hombres que poblaron mi infancia y ya sé que no debo, ya sé que es opio y circenses y lo que le salga de los cuernos al intelectual de turno de mañana, pero los ojos se abren de par en par porque está a punto el Málaga de ser uno de los cuatro mejores equipos de Europa, jugar unas semis, juro por Diego Armando Maradona, único dios que reconozco, que iré cada jueves santo a Sevilla  a ver salir la Macarena como penitencia cruzada y para un malaguista lisérgica e incomprensible, máxime siendo ateo por la gracia de Diego, pero así son las promesas, locas, absurdas, ilógicas y absolutamente necesarias en cuanto a su cumplimiento; sí, Macarena, sí, allí iré, pero

Algo va mal. Algo pasa. Como si los ojos de nuestros jugadores hubieran sido enjuagados con eau de burundanga a la par que los otros han recibido una inyección de zumo de glóbulos rojos y el pedazo de mierda que no pertenece a ninguno de los dos equipos una transferencia a su cuenta desde Alemania y un espaldarazo a su carrera desde Zurich… Y todo cambia, todo vuelve a ser lo mismo, el mundo en el que los poderosos vuelven a aplastar a los pequeños como cucarachas que se hubieran colado en la limpia oficina y cómo van los zarrapastrosos esos a colarse en nuestra fiesta de etiqueta si no hace tanto tenían a un Manolito medio enano que apestaba como un caballo muerto paseándose por la ciudad con la camiseta ajada y un balón en la mano sin importarle demasiado que ya tuviera como cuarenta años y los niños con los que intentaba jugar tuvieran doce.

Y en dos minutos 3-2, a la puta calle, como sea, con los fueras de juego que sea, con las faltas que sea, a patadas, a escupitajos, fuera, fuera, fuera, y la dolorosa llora más que nunca porque es del barrio de La Luz y joder, cuándo coño iba a ocurrir algo así al Málaga, mi Málaga, al malaguilla que decía aquel tío mío, cuándo coño volverá a repetirse, esto ha sido un puto crimen rastrero y como en cualquier crimen rastrero sólo se obtendrá una mínima justicia si ésta se toma por la mano y joder

si no hubiese fumado aquel día mientras volvía del bar al que me condenó la pedazo de mierda restregada en boñigas de cabra anciana de Paloma del Río, qué habría sido de mí, joder, qué habría sido de mí… le debo tanto al tabaco… le debe tanto Craig Thomson, el escocés hijo de puta, y tanto Paloma del Río, la centralista cabrona… Vete a tomar por culo y comenta la puta gimnasia con los muertos de Sissi Emperatriz y los cuernos humeantes de María de las Mercedes de sus Muertoans. Y ya sabemos que el Madrid tiene mejor audiencia que el Málaga, no hace falta que asomes tu jeta de pija de mierda mongola y con la condescendencia que parece cosecharse alrededor de la Cibeles aparezcas en TVE para decir que tomaste la decisión de emitir el Madrid por eso, cerda, cerda, cerda, oh, como te odié/odio y tabaco relativizando, pero bueno, si esto es un deporte, joder, un juego de mierda, qué más da, qué importa que los de blanco tengan más copas de Europa que tengo yo para beber si dentro de 100 años todos calvos, todos muertos, dediquémonos a mejorar este mundo shitero que tenemos en vez de llegar a la final de la Champions y, sobre todo, entendamos que el fútbol es desde hace un par de décadas más que un deporte un tablero geoestratégico de militares y capitalistas, es decir, los que manejan el cotarro y vienen manejándolo desde que los nobles fueron desposeídos de sus estupendos derechos bendecidos por la Iglesia, prima nocte y tal.

Eso es esa mierda de deporte y no más: Florentinos como Ronald Reagan y catalanes varios como Margaret Thatcher. Pinochetitos tipo Cerezo y siempre alemanes, en todas partes alemanes, allá donde los adultos hablan y se deciden las cosas, alemanes. Y hasta cuando los cabrones se han cargado Europa dos veces se les sigue dando lametazos en sus culos teutones y dándoles coba a ver si pueden conseguirlo de verdad a la tercera y un sembrado nuclear nos hace abandonar esta parte del mundo para siempre. Pero no te preocupes, que allá donde vayan los supervivientes, dejémoslo ya claro por si te quedaba alguna puñetera duda, seguirán mandando los alemanes.

El mundo es un sitio en el que la gente nace, muere y, al final, ganan los alemanes. Incluso cuando pierden.

Sí, tal vez el hecho de no fumar me esté agriando el humor. Es más que posible. Así que me recluiré aquí con la pequeña Tora y no llamaré a Idoia hasta que hayan muerto las células rebeldes que me piden Ducados Rubio sin entender, las pequeñas, que por mucho que me haya hecho mucho bien fumar durante todos estos años no es mi deseo seguir sufriendo esa tos maligna a la mañana, ese sabor de boca nauseabundamente constante o versavice, ese subir no puedo, ese hablar a la vez tampoco y, sobre todo, ese esclavismo de encontrar la droga a la que eres adicto y consumir como si no hubiera un mañana porque sí hay un mañana que si por casualidad no trae un precioso cáncer de pulmón con él traerá, cuanto menos, un lindo enfisema, unas bombonas de oxígeno y un morir solo y en el peor de los pesares.

En resumen: tengo que ir haciendo preparativos previos a mi muerte y aunque no pueda decidir – salvo que quiera decidirlo- cómo será ésta, he de poner de mi parte para intentar decidir cómo no será.

Así que ya no veo ninguna virgen malagueña que viajara a Dortmund, ni aquel escocés llamado Thomson merece ser golpeado con el bate de Negan –Lucille- en Walking Dead hasta ver sus sesos esparcidos por el suelo ni Paloma del Río recibiría un escupitajo en los ojos si algún día me la cruzase. Son personas con intereses que hizo el destino que chocaran contra los míos. Sin más.

Pero no volveré a ver un puto de partido de fútbol jamás. Y en eso, como Oliverio, soy irreductible: quedaos con vuestro infecto deporte. Seguid comiéndole el rabo a los mongoloides que sepan manejar mejor el esférico y asistid a sus ruedas de prensa como si fueran científicos que por fin pueden curar el sida. ¡A la mierda! Puto deporte de corruptos y de correveidiles que harían lo que fuera por su migajita de la mesa donde comen los poderosos. Meteos el fútbol en el orto. Yo amaba ese deporte y vosotros lo habéis convertido en una pura estafa. Bueno, pues a partir de ahora podéis estafar el cráneo con cuatro pelos de vuestra puñetera bisabuela. A mí, nunca más.

Caos muy berraco, una antinovela.

Esta novela o, como prefiero llamarla, antinovela, empezó a ser escrita en la primavera de 2015 y terminó de ser escrita el último día del 2019. Sí, habría dado tiempo para escribir dos o tres novelas de Dostoievski, pero yo he preferido parir este cagarro de menos de cien páginas. Soy así. Llámame modesto.

La novela Frankenstein en cuestión está escrita bajo seudónimo. El día que abandone mi actual puesto de trabajo o el día que este país deje de ser este país, me quitaré el capirote de nazareno  y proclamaré la autoría del texto a pleno pulmón en la Plaza Cabildo, en la Plaza de la Merced o allá donde esté. Sin pudor ni recato. En fin, ya he afirmado que no se trata de Crimen y Castigo, pero ello no implica que no haya un par de momentos aprovechables y, en cualquier caso, me importa un carajo todas las opiniones, incluida la mía.

Caos Muy Berraco es una antinovela de ficción (salvo cuando se habla de hechos reales y conocidos por todos), pero el noventa por ciento de lo que aparece en el texto referido a sucesos dentro de centros educativos, ya sean contados por mi alter ego o por otro personaje, son CIERTOS. Han sucedido y están sucediendo. Debería ello llevarnos a una profunda reflexión y a un proceso de vergüenza supina que diera paso a una revolución educativa para cortar de raíz determinadas situaciones que ocurren cada día en las aulas y pasillos de la escuela pública andaluza (y también de la española). Eso sería lo deseable. Lo necesario para que los institutos vuelvan a ser centros educativos donde se puede impartir y recibir clases sin que la salud del docente o de algún alumno señalado por el bully de turno acabe en pedazos.  Pero me resultaría menos sorprendente que el Ku Klux Klan abandonase su actividad y transfiriera sus activos a Open Arms. Me parecería más probable que Ortega-Smith se dejara llevar al ritmo de Manu Chao y a pleno pulmón cantara Clandestino. Sería mucho más fácil que Almeida y Díaz Ayuso crearan un colectivo ecologista o que Fran Rivera solicitara su ingreso en el siempre necesario PACMA.

Esas son mis esperanzas para el cambio. En cualquier caso, nadie podrá decir que yo o mi alter ego no advertimos de que esta era la situación. Pero tanto mi alter ego como yo llevamos ya años pensando que tal vez no es que se hayan hecho las cosas mal por negligencia o estupidez sino por lo contrario. Sí, otra teoría de la conspiración que tanto nos gusta. Tal vez quien decidió así respecto a la escuela pública lo hizo de un modo magistral para lo que ellos deseaban. Tal vez sabían que todo iba hacia el destrozo, el descrédito y la desesperanza. Y ahí están esos colegios concertados católicos que brillan como un San Luis cuando hace veinte o veinticinco años a sus institutos no quería ir nadie porque todo la calidad estaba en los institutos públicos y nadie quería que Sor Loreto le diera clase de inglés si en el instituto público estaba Noam Chomsky. El tema ahora es que si a Noam no le dejan dar clase en la pública por poco inglés que sepa Sor Loreto algo aprenderán sus alumnos. Y se puede meter Noam su Gramática Generativa en el orto. Que hoy no se da clase. Y mañana igual le dejamos que dé veinte minutos que hoy se ha ido llorando de clase. Tan malos no somos, joder. Sólo nos gusta el juego.

En fin, esto es una puñetera introducción y no se trata de redundar ni de predundar. Leed el texto si os parece y si no os parece, pues también me parece bien.  

Dado que el tiempo de la narración es la primavera de 2018 (spoiler, pero pequeñito), no puede mi alter ego ocuparse mentalmente (y mucho menos de manera activa) de lo ocurrido posteriormente. Casi mejor. El texto se habría llenado de aún más cosas horribles. Sólo hay alguna breve referencia al futuro que ya sabía yo y no podía saber mi alter ego. Ello ha impedido que el caso de Laura Luelmo aparezca en el texto. Y lo agradezco. Podría pasar cinco vidas llorando por Laura Luelmo a la que no conocí nunca, pero sí a centenas de docentes interinos que van y vienen por toda Andalucía cubriendo bajas para que el alumnado no quede sin clases o para cubrir vacantes para todo el curso. Entender que el destino de una de esas personas era el de Laura Luelmo me escalofría los huesos. Mi recuerdo para ella y mi eterno desprecio para quien la asesinó vilmente.

Y nada más. Apenas nada más, que dice la canción de Aute. Pasen y lean y si gustan, salgan a la calle con camisetas sobre el asunto, detengan el tráfico en las grandes capitales gritando el título de esta antinovela, porque mis gastos de promoción se reducen a un blog que no produce desde que le daba cera a Pedro (al presidente, no al de Heidi) como si no hubiera un mañana (betetablog.com), una cuenta de twitter (@BetetaCharly) con 17 seguidores (cada vez cuesta más el asunto de un follow, bien lo sabe Zeus) y un email (betetablog@gmail.com). ¿Qué puede fallar?

En resumen, que disfruten o se horroricen o se deleiten o maldigan o samputa en zapatillas.

EL AUTOR

Andalucía, enero de 2020.