Darwinismo y Covid19 en España

Que sobreviva el más fuerte. Que quede quien mejor se adapte al medio. Que quien resulte infectado, rece si es creyente o haga yoga o cruce los dedos si, como yo, no lo es. O se concentre todo lo que pueda en pedir a su cuerpo que sea lo suficientemente inteligente para no dejarse engañar por el covid. Porque si mueren 500 personas cada día (a veces más) en España y miles en el mundo es porque cura no hay. Al menos, una cura que pueda ser usada para la plebe. Hay quien tiene más suerte, pero no todos podemos ser presidente de los Estados Unidos.

Que nadie piense que nuestros políticos intentarán salvarnos. No. Lo hará el azar o lo harán los médicos que, a falta de un remedio en forma de medicina, hacen cuanto pueden para evitar más muertes. Más no pueden hacer. Los milagros, en Lourdes. Para quien los crea, claro.

Los políticos no intentarán salvarnos. No lo hará ese político conservador, patriota, más de derechas que Bernabeu. Ni lo hará ese político independentista de izquierdas, más rojo que el círculo de la bandera de Japón y menos español que aquel árbitro, Al-Ghandour. Y, por supuesto, no lo hará ninguna entre medias. No significa eso que todos sean iguales. Ni siquiera dentro de los partidos lo son. No puede ser considerado del mismo modo Feijoo que Díaz Ayuso. Pero, en el fondo, todos están de acuerdo: confinamientos domiciliarios, no. Centros educativos cerrados, en absoluto. Toque de queda antes… igual te pongo una horita antes, pero vaya, porque me coges en un día generoso.

No somos nosotros los que tendríamos que pedir nada a los políticos. Son ellos los que tendrían que hacer de salvarnos su objetivo número uno. No deberían ocuparse de prácticamente nada más hasta que dejen de morir día tras día el triple de personas que murieron el 11M. Cada día, tres o cuatro once emes.

Evidentemente, no están solos en este tema de normalizar la muerte diaria de cientos de personas. Hay millones de compatriotas en el ajo. Gente que no ha leído ni el Pronto (aunque también los hay cultivados, menos, pero haylos) que repiten sin cesar dos estupideces verdaderamente notables:

  1. “Hay que vivir”. Normalmente dicha con un deje alegre, como si los demás no quisiéramos vivir y nos empeñáramos en refugiarnos de un mal inexistente o hubiésemos suspendido nuestra vida por mero capricho. Cómo me gustaría que alguno de estos pudiera hablar conmigo cuando están a punto de ponerle los tubos. Cómo me gustaría preguntarle: “¿hay que vivir o hay que morir?”.

2. “No se puede caer la economía porque si no morimos de covid, moriremos de hambre”. Esto es una falacia de libro y una falsedad manifiesta. Morir de hambre es hasta raro para países muchísimo más pobres que España y es una realidad, terrible realidad, en unos pocos países del mundo y, normalmente, tras sequías o guerras o desgracias tremendas. Cuando dicen que moriríamos de hambre se refieren a que ellos podrían ganar un 20 o 30 por ciento menos de lo que ganan. Se refieren a que sus pisos podrían caer de precio. Se refieren también, ciertamente es así, a que el paro aumentaría con el dinero público correspondiente a subsidios de desempleo.

Sí, eso es lo que pasa cuando ocurre una tragedia. Cuando hay una guerra civil, la economía se hunde. El país se desangra. No es precisamente España un país en el que eso no se sepa o no se haya vivido. ¿Pero qué hacemos? ¿Hacemos como que no hay guerra? ¿Hacemos como que no nos está ocurriendo esta desgracia?

Pues eso hacemos.

Cuando estábamos todos metidos en casa (excepto quien tuviera que trabajar fuera, que también había millones), la desgracia era evidente. La teníamos tan presente que nos impedía salir a la calle. No porque nos atormentara la pena por tantísimas muertes (que a poca gente le atormentaba de verdad) sino porque estaba prohibido. Ibas a comprar todo lo rápido y seguro que fuera posible y a casa. Todo el día en casa para rumiar la desgracia. Todos los días sabiendo cuántos muertos había habido en todo el país y en tu comunidad autónoma. Tasa de contagio por cien mil, tasa de contagio por persona, etcétera. Así cada día durante dos meses y medio.

Ahora tenemos los mismos muertos diarios que muchos de esos días, incluso más muertos que varios de esos días de confinamiento. Pero ha entrado Darwin en juego. El mismo Darwin que se quedó guardado (y no fue precisamente porque VOX no lo quisiera desde el minuto uno) en marzo, abril y mayo, está ahora capitaneando las operaciones. Pobre Darwin: entiendo que no era él mismo un darwinista social, pero para entendernos. Para ponerle nombre a lo que está pasando.

Darwinismo, sí. Que sobrevivan los fuertes. Que sobrevivan los afortunados. Que mueran los ancianos a quienes no se haya vacunado (esto en el caso en el que las vacunas sirvan para todas las cepas, que ojalá). Que mueran los no ancianos que tengan patologías previas o que, sin tenerlas, tengan la mala suerte de tener unas defensas algo estúpidas que se dejen engañar por el covid. Algo así como un Arbeloa en baja forma. Espero que me entiendan.

No esperemos nada de quienes tendrían que idear la manera de salvarnos. No esperemos, siquiera, que nos oigan a quienes estamos en el extremo opuesto de los negacionistas. Somos afirmativistas. Afirmamos que existe una pandemia mundial. Afirmamos que se trata de un virus que para una parte de la población puede ser mortal y que para otros puede dejar secuelas importantes, secuelas algo relevantes o, incluso, porque así de raro es este virus, se puede pasar sin ningún síntoma. Lo mismo que a una persona mata puede estar en otra persona que ni lo sepa. Pero en cualquier caso, tampoco importa mucho. Importa el azar. La suerte. No lo cogerlo. O si lo coges, ten la suerte de curarte. Nuestros políticos no van a hacer mucho por salvarte. Los jueces que imponen unas elecciones en mitad de este Titanic ya con agua por las rodillas no van a hacer nada por salvarte. Te salvarás tú. Si eres fuerte. Si eres ese espécimen que se adapta al medio. Y si no, nos vemos en el infierno. Estará tocando Lou Reed. Casi mejor.

Imagen destacada: Gordon Johnson (Pixabay)

Políticos españoles y covid: todos narcos.

Políticos españoles y coronavirus: todos narcos. Y no me refiero a que ningún político español esté transando con drogas y ganando dinero a espuertas. No. Me refiero a sentir algo parecido, casi idéntico, al hartazgo que trasciende en la canción de Las Manos de Filippi (popularizada por Bersuit) de la clase política argentina. Están hartísimos. Rehartos. Hasta la náusea. Más abajo pongo link con la canción original y la versión. Ambas comparten algo: el asco infinito producido por la corrupción de la clase política y el entender que solo les importa sus políticos culos. Todos narcos.

Así me sentí ayer y así me sigo sintiendo hoy. Todos narcos. Desde el presidente hasta el último mono de la Consejería de Sanidad (o Salud y Familias, como les gusta nombrar a los conservadores y adláteres) con menos presupuesto. Hartísimo.

Resulta que estamos hasta los pelos de covid19. Otra vez. ¡Una casualidad como otra cualquiera! El Ratoncito Pérez que ha estado metiéndose en las casas por las noches inoculando covid a inocentes criaturas durmientes. Nada que ver con celebrar la navidad como manda la puñetera tradición. Porque está claro que iba a morir alguien si no. Sin embargo, lo que está claro que es que van a morir miles porque sí, pero no un porque sí caprichoso sino un porque sí se ha celebrado la navidad; porque había millones de conciudadanos que tenían que hacer sus reuniones familiares o no sé qué carajo iba a pasarles. Porque si no quedaban con amigos a los que hacen meses que no ven (y podían hacerlo) van a entristecer hasta la depresión. Porque quienes tenían que poner límites estaban demasiado ocupados con sus ecuaciones políticas. Porque los hosteleros parecen los judíos de este Holocausto y resulta que no, que los judíos de este Holocausto son aquellos que mueren como murieron aquellas personas y aquellos que quedan con secuelas que nadie sabe si serán de por vida. Esas son las víctimas de verdad. Luego está el dinero, que nadie dice que no sea importante, pero que comparado con una vida debería ser absolutamente irrelevante y si veo un solo telediario más con hosteleros llorando (metafóricamente) cuando deberían estar familiares de fallecidos llorando (literalmente) me va a dar un síncope (gran culpa de esto la tiene el periodismo de encefalograma plano que se suele hacer en este país).

Entonces llegamos a ayer, 15 de enero, con covid elevado a diez porque sus señorías, sus señorones y señoronas no podían suspender la navidad por un año; porque el folclore que rodea la navidad es demasiado jugoso y nadie quería ponerle el cascabel al gato y aparecía entonces Juanma Moreno Bonilla, con esa cara de niño de comunión crecido, su tono de voz temblorosa más falsa que un billete de treinta euros, a decirnos que iba a cuadrar el círculo manteniendo el covid a raya y la economía a flote. Porque él lo vale.

Ahora Juanma ya no va a cuadrar el círculo. Ahora quiere confinamiento total. Él, que no ha sido capaz de aplazar la vuelta a clase ni siquiera en el Campo de Gibraltar, con una tasa en La Línea de la Concepción de 1219 por cien mil que subió ayer a mil setecientos y picos por cien mil. Pero no, oiga, que hay que aprender el present simple aunque te lleves el covid a casa o aunque lo lleves a la escuela. Total hay más profesores que ollas (sí, ya sé que la razón no es aprender el present simple sino tener a los niños cuidados mientras los padres van a trabajar, pero es evidente que les importa tres pepinos la salud de los y las docentes).

Bueno, pues ahora quiere Juanma un confinamiento total para darle la tabarra al gobierno de España que no lo quiere porque quiere las elecciones catalanas el días de los enamorados (habrá que celebrar, por cierto), pero luego las han aplazado a marzo, pero los indepes quieren mayo (no sé si porque la primavera es proclive a la idea de independencia) y entre todo ello, Almeida pide mil cuatrocientos millones de euros para hacer, finalmente y ahora que Sheldon Adelson ha fallecido recientemente, Eurovegas cuando la nieve se despeje (menos mal que sol hará su trabajo porque si es por él podría estar Madrid nevado hasta abril).  

La gente muriendo por cientos a diario. Miles de positivos diarios. Miramos a Moncloa buscando respuestas y encontramos a Pedro con actitud “a mí que me registren”. “A ver si os vais a pensar que yo tengo que ver con algo de todo esto”. “¿No queríais competencias? Pues ahí las tenéis”.

Una desazón absoluta la que siento yo y cualquiera que verdaderamente entienda lo que está pasando. No me refiero a todos esos millones de cenutrios que siguen disfrutando porque “¡hay que vivir”. Ni, por supuesto, a todos esos políticos con su calculadora y sus asesores haciendo cuentas con muertos y votos. Me refiero a quien entienda lo que está pasando y verdaderamente lo sienta: por los muertos, por la vida capitidisminuida que estamos viviendo desde marzo, por quienes arrastran secuelas sin saber cuándo las soltarán o si las soltarán alguna vez, por quienes han perdido su trabajo y malviven con ayudas que no llegan a tiempo. Por tantos. “Hay que vivir” decía melifluo un orondo hostelero en  mi tele hace unos días. Orondo, cincuentipico años, tal vez sesenta, varón: elevadas posibilidades de morir si se contagia. Pero eso sí, con dinerito, que nadie diga que no lleva bien su negocio mientras lo pasean en ataúd. Aunque tampoco lo van a pasear en ataúd porque ya nadie puede ir a los entierros. Está claro que un entierro al aire libre es super contagioso, pero en una clase entre paredes con treinta personas dentro es imposible que haya contagios, todo muy claro, menos la forma de anotar los datos de las distintas Consejerías.

A todos esos que siguen haciendo lo que les canta, a los que les importa una reverenda mierda el covid porque eso es algo que solo pasa en la tele, a ese imbécil de baba caída, a ese troglodita 3.0, a ese tontoloba que dice “lo vamos a coger todos” y sonríe tan tranquilo, les pregunto: ¿qué carajo hace falta para que os enteréis de una puñetera vez que han muerto cincuenta mil personas en España (que en realidad son cerca de ochenta mil) y que han muerto dos millones de personas en el mundo de algo de lo que podríais enfermar mañana? ¿Os hace falta un croquis, un resumen, un esquema?

Me respondo: no les hace falta nada porque nada hará que cambien su forma de pensar, perdón, de no pensar porque no pensar tiene, definitivamente, sus ventajas: si no piensas, no sufres. Si no reflexionas sobre los problemas graves del vivir, todo lo demás es relativamente fácil. Y eso buscan millones: facilidad. Nada de complicarse. Si me dejan hacer equis, lo haré. Y algunos también lo harán aunque no les dejen.

Eso me lleva otra vez a los políticos: ese Illa que sale hoy en rueda de prensa y al que solo le falta abrazarse a sí mismo con su autosatisfacción mientras van a morir unos cientos un rato después. Dice que el toque de queda tiene que cumplir el estado de alarma que ha hecho el gobierno del que forma parte. No dice que en una puñetera noche cambiaron la Constitución su partido y el PP para pagar a los grandes banqueros y buitres variados. Y si en una noche cambiaron la Constitución, ¿cuántos minutos hacen falta para cambiar un Decreto?

Que dice Illa hoy en rueda de prensa que se ha doblegado la segunda ola sin confinamientos. Que dice Illa estupidez tras estupidez mientras mis colegas de la izquierda le aplauden y mis no colegas de la derecha le insultan mientras aplauden a Ayuso cuyas barbaridades con el coronavirus se cuentan por decenas.

Y así.

Horrorizado por la clase política que me dirige. Y podría ser peor. Podría ser brasileño o estadounidense. Incluso en la civilizada Alemania mueren a mil doscientos por día desde hace varios días, muy bien no tienen que estar haciéndolo. Pero resulta que soy de aquí, de esta esquina de locos en la que quienes deberían poner cordura mezclan Myolastan con cerveza para luego quejarse si te la has pegado con el coche. Es más, mezclan Myolastan con cerveza, dejan el coche hecho unos zorros y luego dicen que el coche está intacto. Ese es el país que vivimos. Y me da vergüenza ajena y espero que algún día alguno de todos estos sientan esa vergüenza como propia.  

Mientras, el coronavirus es feliz entre nosotros y yo infeliz entre todos estos.

Illa se pone serio con el covid

Está Illa serio con el tema de las vacunas y no quiere chistes. Yo tampoco quería puñeteros chistes cuando el covid19 se expandía por China y países limítrofes allá por enero. Menos puñeteros chistes quería cuando llegó a Italia (aunque ya estaba en España sin que lo supiéramos) y tuvo que ir Lorenzo Milá a poner las cosas en su sitio y decir que se trataba de una puñetera gripe y que vale ya de pánicos ridículos. Vale ya de pánicos, ridículos.

Cuando la gente empezaba a morir por miles, no oí a Lorenzo pedir perdón por su espantoso, el suyo sí, ridículo ni a Echenique, que daba lecciones en twitter ni a Illa, máximo responsable de todo esto. No oí a Ana Rosa ni a Inda decir que eran imbéciles ambos por haberse rasgado las vestiduras por la suspensión de World Mobile Congress en Barcelona ni oí a tantísimos que habían hecho chistes y se habían reído de quienes veíamos el problema llegar pedir un mínimo de perdón y decir “sí, a veces soy un cretino, lo siento”.

Ahora quiere Illa seriedad. ¿Pero no mira hacia dentro ni reconoce que han hecho espantosas figuracce, que dicen nuestros hermanos italianos, que también saben de hacer el ridículo con el covid un rato?

¿Lo soñé o nos dijo Fernando Simón que las mascarillas no valían para nada?

¿Lo soñé o iba a dejar el gobierno salir a los niños del confinamiento para ir al supermercado con los padres?

¿Lo soñé o íbamos a tener unos pocos casos aislados en España?

Pocas bromas, dice Illa muy serio porque con el covid no se juega.

La verdad es que el gobierno de España y el de las distintas comunidades autónomas sí están jugando con el covid. Se trata de jugar al juego de la balanza entre muertos y mantener la economía a flote para quienes sobrevivan. A quien muera, poco le importará si España se convierte en Catar o en Etiopía.

Los gobiernos autonómicos y central juegan con el covid a decir “ hay que consumir, pero no salgas”. “Los bares son seguros, pero no son seguros”. “Los colegios e institutos no se cierran porque el covid allí no entra (¿??)”. “La hostelería es segura, la cultura es segura, los centros educativos son seguros, los apelotonamientos en la calle son seguros y el problema está en las casas”, como decía Aguado, vicepresidente de Madrid cuando las calles rebosaban gente hace unos días. “El contagio se produce en casa”. Claro, viene el Ratoncito Pérez con una agua y te inyecta el covid mientras duermes. Hay que ser zoquete. ¿Cómo carajo se contagia en casa si nadie de esa casa lo coge fuera, Aguado? ¿Es que quieres ser tan simple como tu presidenta? ¿Ese es el nivel?

En fin, pongámonos muy serios porque con el covid no caben las bromas después de decenas de miles de muertos en España y camino de dos millones en el mundo, sí, claro, yo me pongo serio, Salvador Illa. Lo estaba en enero y febrero y principios de marzo cuando tú estabas jugando a los bolos con Fernando Simón y nos arrastró un tsunami que, por otra parte, era totalmente previsible viendo lo que había pasado en China, que no hablamos que pasara en Plutón y, mucho más previsible viendo lo que estaba pasando en Italia que, prácticamente, está ahí al lado. Yo estaba serio. Sigo estando serio porque vivo con una persona de riesgo, de esas inmunodeprimidas que se igualaban a los ancianos para decir que eran los únicos que tenían algo que temer.

Como si los inmunodeprimidos y ancianos – y esto es más culpa del periodismo que de Illa- no fueran personas que pudieran tener – al menos en el caso de los primeros- décadas de vida por delante y, en el caso de los segundos, el derecho a seguir viviendo de la mejor manera posible los años que el destino les conceda.

Ojalá las vacunas funcionen. Ojalá ninguna tenga efectos secundarios. Ojalá pronto vivamos como antes y ojalá – aunque esto me importe menos- pidan perdón aquellos que todavía no han entendido que se han equivocado gravemente.

Diez mil muertos por covid en mes y medio: ¿le importa a alguien?

Diez mil muertos desde el 27 de septiembre en España. Lo pongo con letra porque si pusiera 10000 igual habría quien pensase que eran mil. No. Diez mil muertos. Ya no se habla de cuántos 11M serían. Lo digo yo: 52 veces los muertos del 11M. No hay terroristas yihadistas detrás de esa cifra. Por eso mismo debería dar más miedo. Al contrario que el 11M, sabíamos que podría pasar y, de hecho, lo más normal es que pasara. Y ha pasado.

¿Te dan miedo los atentados yihadistas que ocurren en cualquier parte porque piensas que podría pasarte a ti? Ahora mismo hay como cien mil veces más posibilidades de morir de covid que de morir de un atentado yihadista. Cuando existen estos atentados, culpamos con razón a los fanáticos que creen estar honrando a su dios al matar inocentes. ¿A quién culpamos por esos diez mil muertos desde finales de septiembre? Mes y medio, diez mil muertos. Lo normal sería otros diez mil antes de Nochevieja. Y otros diez mil antes de que la vacuna, que ojalá funcione, alcance un número significativo de inmunizados. Por no decir veinte mil.

Cuarenta mil desde que empezó todo allá por marzo. 208 veces el 11M. Los números son brutales, pero más miedo me da lo rápido que la gente se acostumbra a ellos. Los muertos de hoy no los veíamos desde abril y cuando sucedían en abril, parecía que el cielo se caía sobre nosotros y un abatimiento terrible embargaba la voz de los presentadores de noticias. ¿Valen menos estos muertos de ahora? En realidad, la pregunta debería ser: ¿valen algo los muertos de ahora? ¿Qué valen exactamente? ¿Estar en casita a las diez? ¿No poder echar una birra a partir de las seis?

Como hoy me contaba un amigo: va a un centro comercial porque su hija necesitaba folios para el colegio. Ya que va, compra algunas cosas para la casa, incluido una botella de ginebra. Cuando va a pagar, le dicen que los folios no se los puedes llevar porque son las seis y cuarto y no se venden artículos que no sean de primera necesidad a partir de las seis. Los demás, sí, incluido la ginebra.

¿A nadie más le da vergüenza este país? ¿De verdad nos merecemos a paletos que dicten estas normas de imbéciles cuando deberían haber cerrado, otra vez, España hace un mes? Y todo lo demás son estupideces varias como lo de los folios. Que por cierto si el papel no es un artículo de primera necesidad será porque quienes dictan las normas son medio analfabetos y no han entendido que el papel y la imprenta están entre los mayores avances que jamás existieron en la historia. Justo al contrario que su modo de balancear muertos con economía.

Llevamos diez mil muertos en mes y medio cuando podrían haber sido la mitad o un cuarto si se hubiera confinado antes de que nos estampase en la cara la segunda ola, que empezó el mes pasado. No hay confinamiento domiciliario para salvar la economía, pero la economía no se se salva puesto que el desastre del covid lleva a corto o medio plazo al desastre económico. No es que se puedan soportar los diez mil muertos porque la economía flote. Es que han muerto esas diez mil personas y la economía se hunde también.

En fin, ya veremos mañana si son 450 o 520 los muertos. A veces pienso que solo me importa a mí saber el número. ¿A alguien más le pasa?

Eso sí. Si te quedas sin folios, ve antes de las seis. Si se compran folios después de las seis… en fin, no quiero imaginar qué pasaría, pero algo grave, seguro.

Aquí datos, para quien quiera comprobar los números:

https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus/espana

La conspiración del covid19 es tan secreta que es visible para todos y se llama realidad.

Tienen los negacionistas del covid su conspiración y empiezo a tener yo, ferviente creyente en el covid, mi conspiración también. La mía no tiene que ver con secretos oficiales ni con Bill Gates ni con Soros ni con nada que no se pueda ver. La mía tiene que ver con lo que se puede ver. Las estadísticas de infectados y fallecidos diarias. Las medidas gubernamentales ya sean de Madrid, vía BOE, o en mi caso, las de Andalucía, vía BOJA.

Mi conspiración es ver que la vida sigue y que cada vez más la masa desinformada e ignorante dice cosas como “total, qué más da, si lo vamos a pillar todos”. Esta es la masa que en ídem salió a la calle en junio como si no hubiera pasado nada. La misma que se ha pasado por el forro cualquier distancia social porque quién era nadie para privarles de besar a sus abuelos o a sus padres aunque fuera el beso de Judas, el que señalaba a quien había de morir, pasando también por cierto, su propio calvario.

Los políticos del gobierno de Madrid y del gobierno de Sevilla repiten sin cesar que los centros educativos son los lugares más seguros para el covid. La mayoría no tienen ni idea de lo que es un centro educativo. Y, por supuesto, no los verás entrar a ninguno este curso. Desde sus despachos, con sus medidas de seguridad extremas, hablar en ese tono me parece insultante para quien se está jugando el tipo en tantos centros educativos para que los padres y madres puedan dejar a sus hijos en alguna parte y vayan a trabajar.

Dicen que hay muy pocos casos. En Granada, por ejemplo, hay muchísimos casos de alumnos infectados, pero ojo, que aquí viene lo más terrible: la mayoría de los niños y buena parte de los adolescentes son asintomáticos por lo que van al centro educativo con su coronavirus durante días sin que nadie lo sepa porque no se hacen pruebas. Lo que sí sabemos es que las reuniones de más de seis personas están prohibidas en todas partes menos en las aulas donde se meten treinta personas o más. En cualquier análisis serio y no partidista habría que concluir que o bien la medida de las seis personas es una salvajada o bien permitir que se reúnan 30 personas o más en un aula durante cinco o seis diarias es una salvajada. Personalmente, pienso que la salvajada es lo segundo y aún más salvaje en tanto en cuanto se pensó un protocolo para confinar las clases de los infectados y se cambió en unos días al comprender que eso significaba muchísimas clases cerradas (y niños en casa) por lo que decidieron que lo adecuado era confinar solo a quien estuviera sentado cerca del positivo porque, claro, esos niños y niñas volaban desde su casa a su silla, no se movían, no salían al recreo a comer su bocadillo sin mascarilla ni estaban a diez centímetros de muchos de sus compañeros tanto en el recreo como en los pasillos. Vergüenza.

Mi conspiración es la sensación subjetiva – pero sin duda compartida por más gente- según la cual nuestros gobernantes no están intentando salvar vidas sino hacer imposibles ecuaciones para compensar la pérdida de vidas con la economía.

Habrá quien diga que hacen bien. Por ejemplo, oí al doctor Cavadas, ese genial cirujano y también asesino de ciervos con flechas, decir que hay que tener en cuenta la economía para las medidas que hay que tomar porque sin economía no habría salud tampoco. Ciertamente, es una paradoja según la cual hay que dejar que se infecten miles de personas de las cuales un porcentaje X morirá para que la economía siga y la medicina siga (desde luego ni la economía ni la medicina seguirán para quien haya muerto).

Los salvajes buscan el objetivo y las personas inteligentes y honradas observan los medios para conseguir ese objetivo. En ese sentido, entiendo que Macron es un salvaje porque incluso cuando manda confinar Francia decide mantener las escuelas abiertas aunque al menos hay que concederle, en parte, el valor de la sinceridad porque para justificar dicho disparate dijo “para que el tejido industrial siga adelante” y luego añadió, en una frase que no se creyó ni él, “y para que nuestros niños y jóvenes puedan sociabilizarse”, como si el hecho de estar un mes ahora como se estuvo en marzo y abril pudiera causarles un daño irreparable a la infancia y juventud francesa.

Por tanto, mi conspiración es que nuestros gobernantes no hacen todo lo posible para salvar la vida a sus gobernados, esto es, nosotros. Mi conspiración es que se está pesando en una balanza cuántos muertos son admisibles para compensarlos con la economía del país. Yo hubiera querido pensar que todos podíamos hacer esfuerzos en lo referente a la economía con tal de no morir nosotros, a quienes queremos o, incluso, iluso de mí, para que no mueran miles de desconocidos, pero que pueden ser tan conocidos como nuestro vecino del quinto o nuestro compañero de trabajo.

Pero no. En este tardocapitalismo, ni siquiera teniendo un gobierno supuestamente de izquierdas se pueden permitir centrarse en la salud pública por encima de la economía y aun muriendo cerca de 400 personas diarias, se va a seguir la rueda económica y no se va a confinar y, si se confina, se hará lo de Macron, que las escuelas y todos los trabajos sigan adelante. Evidentemente, algo se arreglará la situación, pero miles que podían haber sido salvados morirán y conviene decirlo.

Conviene tener claro qué tipo de sociedad somos, qué tipo de gobernantes y oposición a esos gobernantes tenemos. Saber quién dijo que las aulas eran lugares seguros. Saber quién decía que lo eran los bares y restaurantes cuando desde marzo había artículos en los que se demostraba que eran lugares perfectos para la infección por coronavirus si se usaban los lugares interiores y no se usaba mascarilla. Saber que hay quien viene a decir que la vida ha de continuar como antes porque la economía se está resintiendo mucho y eso es intolerable.

Pues bien, hasta aquí. Esta es mi conspiración. La mejor conspiración de todas puesto que no es posible descubrirla. Ya está descubierta. Es una conspiración de luz y taquígrafos: se ven los muertos diarios, los infectados diarios y las medidas gubernamentales que se están tomando y ya la tienes. En realidad, es la anticonspiración o, más terrible, nuestra realidad.

Es evidente que si el covid se quedara entre los humanos para siempre, habría que pensar que infectarse sería algo absolutamente inevitable. Sería como una prueba de fuego para cada uno. Lo coges, esperas, puede que no te pase nada, puede que mueras, puede que te quedes mal y no mueras, pero así sería. Pero el asunto es que DICEN que habrá una vacuna en los próximos meses y hasta donde llega mi comprensión las vacunas se usan para no infectarse de un patógeno. ¿De verdad que estamos dejando que mueran miles en los próximos meses si habrá una vacuna también en los próximos meses? Si siguen muriendo 400 al día en noviembre, tendremos DOCE MIL MUERTOS más a final de mes y si son, con suerte, 200 en diciembre, habrá que sumar SEIS MIL MUERTOS más hasta final de año. Dieciocho mil muertos que unir a los 35000 que dicen el gobierno y a los 50000 que dicen sus opositores derechistas. Eso sin contar a todos los muertos de enfermedades graves que no se están tratando por culpa del covid. Y cada vez son más.

Mi solución es tan sencilla como cara: confinen tal como se hizo en marzo, pero dejando un rato para salir a pasear SOLOS puesto que es evidente que pasear solo jamás ha producido un solo caso de infección. Todo lo demás es contrapeso MUERTOS/ECONOMÍA y, paradójicamente, vamos perdiendo en ambos lados de la balanza. Y la idea que no se me va de la cabeza: que somos números en una ecuación usada para averiguar cuál es el número de muertos admisible.

La BBC en tiempos del covid19: bodas, bautizos, comuniones e infectados.

Leo con estupor que hay una veintena de infectados por una boda en Oviedo. Otra boda supuso un buen número de infectados en Murcia, incluido el novio que trabaja en un centro de menores donde hubo un brote muy fuerte. Probablemente, el hombre llevó el coronavirus a la celebración de su boda y unos cuantos de esos que no pueden entender que vivimos en una puñetera pandemia, le abrazarían aunque tampoco hacía falta que le abrazaran para contagiarse del virus. Bastaba con que compartieran un espacio cerrado por varias horas. Lógicamente, mientras se come en un banquete no se puede tener la mascarilla puesta.

Tal vez el banquete fue al aire libre. Me da igual. A medida que pasan las horas en una boda, el alcohol hace su efecto y lo que eran normas rígidas unas horas antes, se convierten en descontrol, farra y desfase unas horas después.

No entiendo que la gente no pueda aplazar unos meses su celebración BBC. Bodas, bautizos y comuniones. ¿Les va a dar algo si no se casan mientras sufrimos esta pandemia?

Entiendo que si la pandemia no desapareciera nunca, al final tendríamos que convivir con ella, pero todo hace indicar – ojalá- que pueda haber vacunas para hacer desaparecer o cuanto menos mitigar los efectos asesinos del covid19.

Pero hete aquí que hay quien no puede esperar. Su puñetera boda. La comunión del niño. El bautizo, que no puede el bebé vivir sin ese sacramento unos meses más, ¡por dios!, nunca mejor dicho.

No tienen vergüenza. Todos estos que hacen sus bodas y sus celebraciones multitudinarias mientras sigue muriendo gente a decenas o centenas por días en este país y decenas de miles en el resto del mundo. Les importa una mierda quién muera. Solo les importaría que murieran ellos, pero es que ellos creen estar a salvo. Si no sintieran estar a salvo, no organizarían bodorrios (el de Murcia tenía más de doscientos invitados).

Otro tema es el de los políticos. Los políticos nos dicen que todo es muy duro, que va a haber que tomar medidas, pero mientras esperan a tomarlas, es legal hacer celebraciones de ese tipo, absolutamente gratuitas en el sentido de no ser necesarias que no – y he ahí el quid de la cuestión- en el dinero que se mueve alrededor de todo ello.

Pues nada, a ver quién es el imbécil que se está casando hoy o que se casa mañana o que no puede esperar unos meses a que sus hijos estén en más gracia divina aún (que por cierto, se pueden realizar todos esos sacramentos sin celebración posterior, pero claro, no hay regalos y eso no mola), pero que no olviden que para que sus hijos estén en gracia divina o su unión consagrada por la Iglesia o por el estado, tal vez haya quien, por su culpa, viaje al otro mundo a ver si hay dios que le reciba.

Links de las noticias referidas:

https://www.lavozdeasturias.es/noticia/oviedo/2020/09/25/boda-provoca-nuevo-brote-veintena-infectados-oviedo/00031601035483173471534.htm?fbclid=IwAR05h1KL5ZS5VqZX_nPpRjNH3AdiXv2B1tjYFKGbDKftAMncA7VrXWIQEM8

https://www.laverdad.es/murcia/ciudad-murcia/brote-boda-murcia-20200820133733-nt.html?ref=https:%2F%2Fwww.google.com%2F

Ilegalizar a los rojos en España (otra vez)

Espantado me hallo ante declaraciones de políticos de PP y VOX en las que se pone en cuestión que ser rojo en España pueda ser legal.

Nada nuevo bajo o cara al sol, sin duda. Ya se pasaron cuarenta años de dictadura en la que ser rojo al principio te costaba la vida y luego cárcel. Lo significativo es que esa dictadura acabó en 1977, cuando se realizaron las primeras elecciones democráticas.

Hace cuarenta y tres años, bramaban Blas Piñar y Manuel Fraga contra “los marxistas”, pero ciertamente nadie (tal vez solo Fuerza Nueva) quería ahondar en la ilegalización de los partidos de izquierda, fuera el PCE o partidos regionalistas o independentistas.  

Pero ahora todo odio es lícito. Hablan de comunismo como si toda la izquierda española fuera comunista. Como si Podemos fuera un partido comunista. Precisamente nació Podemos para acabar con el PCE o, cabría decir, porque el PCE estaba acabando.

La estrategia de la derecha más rancia es la ilegalización. Ellos son intocables y se pueden permitir lujos como alentar a que se acose al vicepresidente y  una ministra en su domicilio (los putos rojos no pueden vivir en chalets ni ser vecinos de gente respetable patriota española) o salir a la calle a montarla en plena pandemia mundial en la Revolución de los Cayetanos que fue, entiendo, porque consideraban que el gobierno había hecho una mala gestión del coronavirus, precisamente, la misma gestión que Italia o Francia y bastante mejor que Estados Unidos, Reino Unido o Brasil donde gobierna la derecha o la extrema derecha. Que nadie olvide que el lunes posterior a la declaración del estado de alarma, Santiago Abascal estaba diciendo “España no puede parar”. Luego los mismos querían llevar al patíbulo a otros por no haber parado antes, pero al mismo tiempo decían que tampoco había que parar ni en el peor momento. Esquizofrenia programada.

Como ilegalizar por rojo queda como mal de cara a la opinión pública internacional, lo que parece estar tramando la derecha política y mediática es convertir a Podemos en criminales.

¿Cómo se convierte en criminal a un partido político y a sus líderes si no realizan actos criminales?

Hay que utilizar la hipérbole como arma y la tergiversación como táctica.

Si un director de revista le da una copia a Pablo Iglesias de la tarjeta que le han robado a Pablo Iglesias para descubrir secretos para hundir a Pablo Iglesias y a su partido Podemos, entonces manoseamos, mezclamos, manipulamos, metemos todo en un cubo de azufre y llegamos a decir, prácticamente, que igual Pablo Iglesias va a la cárcel porque le robaron una tarjeta. Así está España en 2020.

Ahora viene lo de la financiación del partido. ¿Que el Tribunal de Cuentas le pide a Podemos medio millón de euros porque no se han gastado ese dinero en seguridad? Titularazos y trullo preparado para esos ladrones rojos que nada menos que han echado al honorable don Juan Carlos I para desviar la atención sobre esto, cuando el Tribunal de Cuentas cada año exige a los partidos devolver dinero supuestamente mal gastado y esos partidos se chotean del Tribunal de Cuentas como si fueran adolescentes con sus padres regañándoles sin mucha convicción.

¿Y culpar a Podemos de que Juan Carlos se fugue? ¿Pero qué tendrá que ver Podemos con los cientos de millones ocultos al fisco español y con lo que la fiscalía de Suiza (a Juan Carlos la española le importa tres pepinos porque si se acerca el hombre por allí, se le cuadran todos como si fuera un pase de revista del ejército) pueda considerar ilegal?

En resumen, preparar el camino para un Lulazo, para meter en la cárcel a Iglesias de cualquier modo y por cualquier cosa, ilegalizar a Podemos o, en su defecto, obligar al PSOE a desestimar a Podemos como socios de gobierno por “criminales”.

Pero no hay crimen. Hay ideología. Ser rojos. Ser de izquierda. Pedir justicia social. Practicarla.

Hemos de estar muy atentos. Nosotros (la izquierda real de este país) no somos tan ruines como ellos ni pedimos la ilegalización del PP por corrupción generalizada y por destrucción del medio ambiente aparte de destrozar la Sanidad Pública y también la Educación, pero tampoco deberíamos permitir que ellos pidan la nuestra o que determinadas personas de izquierdas tengan que irse de bares porque los herederos de Fuerza Nueva les vuelven a perseguir tal como sucedía hace cuarenta años (leer La transición sangrienta de Mariano Sánchez Soler).

Pablo Casado sí parece pedir la ilegalización de la izquierda en España. Y eso es muy grave. Como casi todo lo que está pasando en España este año, eso es gravísimo. No lo dejemos pasar como si fuera normal.

Cambiando un poco lo que dijo aquel, elevemos a la categoría política de anormal lo que en la calle, simplemente, es anormal.

Los millenials y el COVID-19: ¡disfrutando el verano 2020 a muerte!

Generalizar es mentir y a Maradona pongo por testigo de que hay gente con menos de treinta años solidarios, inteligentes, responsables, gente en la que se puede confiar tu vida. El problema es que son los menos.

Los más entre los millenials, postmillenials y los baby blandurri son aquellos que piensan que su ombligo es el eje del planeta; que su culo, la Joya del Nilo; que su genital correspondiente, el centro gravitatorio de la Galaxia. Y es muy complicado.

Es muy complicado que estos jóvenes siquiera piensen un momento en términos comunitarios y dediquen unos minutos de su tiempo a reflexionar sobre el COVID-19, en el mejor modo de paralizarlo, en lo terrible que sería que otra vez volviéramos al confinamiento, más aun si ocurre en verano con cuarenta grados de temperatura.

No lo hacen. Ellos prefieren sus botellones, sus fiestecitas, sus reuniones, sus “a mí es que no me afecta porque soy joven”. Ha muerto gente con edades comprendidas entre los 15 y 30 años de COVID-19. No uno ni dos sino varias personas que se sentirían (algunos) tan potentes y resistentes como estos gañanes y que murieron de la manera más atroz. Pero no tiene nada que ver con ellos.

No. Si hay una pandemia mundial y han muerto decenas de miles de personas, nada tiene que ver con los millenials y postmillenials, for fuck’s sake. Ellos no mueren, por tanto, ¿qué problema hay?

Ciertamente, estos veinteañeros sin corazón ninguno y con serrín donde debería haber varios millones de neuronas no son los únicos responsables de lo que está pasando. Los gobiernos autonómicos abren su ocio para que la gente participe y cuando participa, se echan las manos a la cabeza. En Córdoba hubo una graduación de colegio pijo en una discoteca y cogió el virus hasta el apuntador. ¿Cómo se puede pensar que mientras estemos así se puede dar permiso para abrir una discoteca? ¿Hay un caldo de cultivo mejor para el COVID-19?

¿Cómo se le puede decir a la gente que salga y que no salga, que haga vida medio normal y que no la haga, que gaste su dinero en ocio, pero que mejor en ocio no?

Los jóvenes, en general, están demostrando ser ultra egoístas e irresponsables, pero los políticos también están demostrando ser poco coherentes. Ninguno quiere ser apuntado por los hosteleros, esos pobrecitos que nos van a enterrar a todos. Pero lo cierto es que no debería abrirse ningún espacio cerrado para el ocio. Aire libre o nada. Terrazas, sí, salones, no.

Y las hordas de psicópatas incapaces de sentir empatía por nadie excepto por ellos mismos, multados cada día. Porque esa es otra. Mucho pesar del político de turno, mucho “es que los jóvenes no están demostrando conciencia” pero cero multas, que son sus hijos, coño, no vayamos a equivocarnos.

Pues nada. Empieza agosto y los millenials y posteriores ya están agendando fiestas. Hay que aprovechar la juventud, joder, que son dos días. ¿El COVID-19? “Eso no nos afecta” dicen con media sonrisa. Que muera su abuela, su tío o su padre es lo de menos. Agosto de 2020 solo hay uno y hay que disfrutarlo. Hombre ya.

¡A muerte!

(extracto de “Caos muy berraco” sobre los millenials, postmillenials y los baby blandurri)

Vaya mierda de mundo me están dejando, joder.

Estos jodidos millenials. No es que no tengan ni puta idea de lo que va la vida. Eso sería, incluso, comprensible. El problema es que son tan jodidamente arrogantes que para ellos la vida irá de lo que ellos decidan que vaya. Puto desastre de generación. Vienen manchando a lo grande con su mierda mental. Les pagan novecientos euros por un trabajo por el que deberían recibir mil ochocientos y ellos dan botes de alegría pues ni imaginan lo que es luchar en la calle ni asustar al Poder. Van dejando su semilla individualista y superficial por toda esta sociedad fallida que vomitamos cada día. Van cogiendo sus Uber y pateando a los taxistas patrios para que algún yanqui se apunte seis mil euros el minuto mientras folla con una sirena en Seychelles. Dan mejor servicio, dicen, como si todos hubieran nacido en putas mansiones y tuvieran apellidos con guiones; como si sus bisabuelos no hubieran muerto a manos de italianos fascistas en el frente de Málaga o sudando como cerdos en Cerro Muriano. Como si sus abuelos no hubieran pasado hambre en la postguerra o como si sus padres no hubieran pasado sus veranos en barriadas obreras preguntándose por qué era que otros lo tenían todo mientras a ellos les quedaba ocupar un banco de la plaza hasta las tres de la mañana y cruzando los dedos para que el calor les dejara dormir al volver a casa.

Sin duda, me tienen desesperanzado los millenials, los postmillenials y ya ni te cuento los baby blandurri que vienen detrás. Todo, lo merecen todo por haber nacido y al de al lado, si puedes, le hundes, que así mola más.

Los muy cabrones le harían bullying hasta a la Madre Teresa, por fea y pobretona[1].


[1] Generalizar conlleva la injusticia y doy fe que algunos, pocos pero algunos, de todos aquellos nacidos a partir de 1985, han podido zafarse de toda esta avalancha de superficialidad consumista y juro que me conmuevo cuando encuentro a adolescentes o jóvenes solidarios, casi siempre señalados por la inmunda turba.

El yolleo y lo común

Siempre me ha encantado este poema de Oliverio Girondo (qué grande fue Oliverio Girondo y qué antes nació):

Oliverio Girondo

Yolleo

Eh vos
tatacombo
soy yo
di
no me oyes
tataconco
soy yo sin vos
sin voz
aquí yollando
con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla
entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos
lo sé
lo sé y tanto
desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo
junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre
yollando y yoyollando siempre
por qué
si sos
por qué di
eh vos
no me oyes
tatatodo
por qué tanto yollar
responde
y hasta cuándo.

FIN

Y que no digo que en comunidad, pero si tenemos algo en común que es este mundo y estas ciudades y estos pueblos, habrá que hacer como Oliverio y llamar, eh, que estoy aquí solo y también como mi descubrimiento de la década, que no le conocí hasta agosto pasado y ahora no paro de oírle cada día, como si me hubiera colonizado la música el astur versado este, Nacho Vegas:

En soledad nos quieren o en unidades familiares, para comprar, atiborrarnos, fundir tarjetas de crédito, ahondar en la deuda comprando lo no necesario como si fuera oxígeno en la superficie de la luna.

Pero digamos no, tatacombo. Di, ¿no me oyes?

Soy yo sin vos.

Aquí yollando.

Imagen: Nacho Vegas en Creative Commons

imagen: green man by oooh.oooh

Michael Jordan: cuando el bullying lo hace el más brillante

Las variables del bullying son tantas como los contextos de colectivos de humanos en los que ocurre. Todo el mundo sabe de qué se trata cuando se habla de bullying en un centro educativo. Pero el bullying no está circunscrito solo a ellos. Hay bullying en centros de trabajo, en organizaciones sindicales, en partidos políticos. Y lo hay también en equipos deportivos. Hay bullying entre niños, entre adolescentes, entre adultos y, seguramente, lo habrá también entre ancianos.

Los bullies son también de tipología variada. Normalmente, comparten una característica, la envidia. Envidian algo del objeto de su bullying y su manera de reaccionar es intentar aniquilarlo socialmente, amargarle la vida y en muchos casos, enseñarle el camino del suicidio. También hay un componente de inseguridad detrás de muchos casos de bullying. Curiosamente, no es la inseguridad de la víctima sino del bully, que reafirma su personalidad sobre el daño infligido a un semejante y del grupo que vitorea y participa y une lazos a través del dolor ajeno. Otras veces, es el puro sadismo el que actúa sin más razones detrás. El sadismo y la impunidad, claro, puesto que el bully busca presas que no respondan. De lo contrario no se podría ejercer una práctica diaria de tortura física o psicológica. Tiene que ser una presa fácil. Alguien física o emocionalmente más débil con el que jugar como si fuera un yo-yo. Alguien a quien despojarle de su dignidad sin una justa retribución.

En el caso de Michael Jordan hablamos de un bully que tiene más que ver con la explotación laboral que con cualquier cuestión anterior. Evidentemente, hay un componente sádico en la actitud que tenía con sus compañeros. Sin ese sadismo es imposible actuar de ese modo. Pero hay quien le justifica e, incluso, jalea porque en realidad lo que Michael Jordan quería era ganar. Él ponía todo de su parte. Se entrenaba como el que más y, además, era el mejor jugador del mundo y, probablemente, el mejor que ha existido. Y Jordan quería resultados y pensaba que el mejor modo de obtenerlos era acosar a todo aquel compañero que considerara él que no estaba dando su máximo nivel. En fin, ninguno era Michael Jordan ni se le acercaba. ¿Por qué fallaban tantos tiros? ¿Por qué no defendían tan bien como lo hacía él? ¿Por qué no eran tan rápidos, fuertes y atléticos como él?

Jordan se dedicaba a insultar y humillar a todo aquel compañero que hubiera juzgado y sentenciado él. ¿El crimen? No estar al nivel que tenían que estar para ganar. Prácticamente, con más o menos intensidad o con más o menos frecuencia, fue a por todos sus compañeros excepto a por su amigo Pippen (que en el documental se demuestra que es el menos profesional de todos). Pero no para ahí la cosa: Jordan fue a por el general manager, por periodistas, por rivales, por todo aquel que no hiciera exactamente lo que él pensaba que tenían que hacer. Y cuando nada sucedía para quebrantar el ánimo de emperador romano de Jordan, Jordan se lo inventaba. Él lo justifica a sus más de cincuenta años con que necesitaba motivación.

Uno se imagina a uno de los Beatles ridiculizando a algún grupo de música porque no son tan grandes como los Beatles. Uno se imagina a Leonardo DiCaprio riéndose de actores que no han ganado nunca un Oscar. Uno se imagina a Benedetti riéndose de poetas que no publicaron nunca un libro. Pero lo cierto es que no. Uno no puede imaginar eso porque lo considera imposible. Por muy grande que se haya sido, nadie tiene el derecho a reírse de los demás. Ese derecho no se gana nunca. Porque es un derecho que no existe. El derecho a ser bully no existe. Y si Michael Jordan se lo arrogó fue porque nadie dentro de los Bulls quería importunar al mejor del equipo, al único imprescindible. Y ello nos lleva a la pregunta que sugiere el título: ¿qué ocurre cuando el bullying lo practica el más brillante?

El testimonio de varios compañeros que sufrieron ese bullying es muy parecido al testimonio de mujeres que, sufriendo o habiendo sufrido malos tratos por parte de su pareja, justifican ese tipo de relación. Siempre hay un bien mayor. En el caso de los Bulls, ganar. En el caso de esas mujeres que justifican a quien les aterroriza, el matrimonio, los hijos, los celos, pero celos por el gran amor que él siente por ella, lo que sea con tal de no dar un golpe en la mesa y gritar “basta”.

Evidentemente, hubo quien no soportó ese bullying y se encaró con el bully supremo. Michael Jordan hizo lo que suelen hacer los bullies cuando eso ocurre: cagarse encima. Le pasó con Robert Parish y a Bill Cartwight. Ambos le dejaron claro a MJ que no iban a tolerarle una más. En el caso de Bill, le dijo -se dice- que si le hacía una más terminaría su carrera en el baloncesto porque le iba a partir las dos piernas. Cuentan que Michael le sostuvo la mirada sin decir nada. Y por supuesto dejó de hacerle bullying. Por su bien y el de sus piernas.

Porque contra los bullies no hay otra que revolverse. En el caso de los adultos jugadores de Bulls que soportaron las embestidas de Jordan, ellos sabrán por qué lo hicieron. Alguno plantaron cara en su momento y otros se comieron todas juntas y encima tienen que justificarle más de veinte años después en un documental que se ha visto en todo el mundo. Eran adultos entonces y lo son ahora. Lo preocupante es cuando le sucede a un niño o a un adolescente. Personas que no están formadas y que no tienen los recursos emocionales necesarios para soportar todo eso sin que el daño haga mella en sus emociones y en su personalidad presente y futura.

En este punto sí debemos ser implacables. Porque de nada sirve lamentarse y darse golpes en el pecho cuando los niños o los adolescentes saltan por la ventana como única solución a su dolor. Entonces es jodidamente tarde y todas vuestras palabras de luto y consternación no valen para una puta mierda y bien podríais ahorrároslas. Hay que actuar antes. Hay que detectar y hay que castigar a los bullies de acuerdo con su horrible crimen cometido. Ni medias tintas ni paños calientes. Y, por supuesto, tolerancia cero con el bullying. Hacer daño a alguien de manera sistemática y solo por el placer de hacerlo es un crimen. Si lo comete un grupo de niños de doce años sigue siendo un crimen aunque los niños sean inimputables. No es cosa de niños amargarle la vida a nadie. Si consideramos que vivimos en una sociedad civilizada, no debería serlo nunca.

Malditos sean los bullies y los que los amparan, defienden, miran para otro lado o justifican el acoso. Bien podría meterse Michael Jordan los seis anillos ganados acosando a sus compañeros por el orto. El mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos y también el más imbécil.

Imagen destacada: Michael Jordan by Mexicaans fotomagazijn