Ha fallecido Blas Infante de un fusilamiento

Ha fallecido Blas Infante de un fusilamiento.  Iba andando por Sevilla en agosto, a quién se le ocurre. Pasaba por la Carretera de Carmona cuando un pelotón de fascistas se le puso enfrente. En eso, una bandada de pájaros se cernieron sobre los fascistas y, sin poder ellos evitarlo, empezaron a disparar y a quien tenían enfrente era Blas Infante. Murió el pobre por el fusilamiento. Tristemente fallecido.

Los fascistas, compungidos con tan terrible pérdida, rezaron veintidós padres nuestros y cuatro ave marías. Tras ello y para ahorrar dolor a la familia con velorios y enterramientos, llevaron los fascistas su cuerpo al cementerio de San Fernando y lo arrojaron a una fosa común.

Ha sido una triste pérdida, pero los accidentes ocurren cada día. Hace ahora 83 años de aquel infortunio. Los restos de Blas Infante siguen en la fosa. Hay miles de personas más ahí, muchas fallecidas por bandadas de pájaros que atacaban a fascistas con escopetas y otras que no tenían recursos para acabar en lugar más digno. Descansen en paz ellos en el cementerio de San Fernando y Queipo de Llano, ese locutor de radio, en la Basílica de la Macarena. Todo en orden en mi Andalucía.

Imagen destacada de Creative Commons: “170911 9669” by steeljam is licensed under CC BY-NC-ND 2.0 

Descubriendo Nacho Vegas

No es importante con quién se ha acostado o se acuesta Nacho Vegas. No es importante si Gurruchaga piensa que Nacho Vegas es un imbécil. Es relevante, me parece, si Nacho Vegas ha aportado algo a este mundo desde su nacimiento hasta aquí. Y yo, amante de la música del siglo veinte y que tan poco me aventuro en las cuitas creativas de mis coetáneos, salvo que su arte me hubiera sido familiar antes del doblar de siglo, pienso que sí, que definitivamente sí  y que me alegro mucho que algún algoritmo de youtube me hubiera enviado un enlace con una canción de Nacho Vegas y Christina Rosenvinge, “Me he perdido”.  Y más feliz aún porque al fenecer mi portátil de once años y medio de edad hace tan poco – aún le guardo algo de luto-, venga mi recién parido Lenovo con su spotify, como niño que llega con un pan debajo del brazo, como llave que me abre las puertas de la discografía de Nacho Vegas, antes para mí cerrada con 47 candados.

Por tanto poco importa si Nacho Vegas duerme con nuestro enemigo, so to speak. Lo relevante es que el arte consiste en que un tipo que vive a mil kilómetros de mí, un tipo al que no he visto en mi vida, alguien absolutamente ajeno y con quien no he hablado y del que solo conocía vagamente su nombre – y erróneamente podía pensar que era el vocalista de Los Planetas haciéndose un Bunbury si es que le hubiera dedicado unos segundos a pensar en ello- pueda conversar conmigo esta noche.

Conversar, comunicar, transmitir, emocionar, exaltar, empujar, revolver, bambolear, animar.

Deprimirme también, pero de la manera en la que deprime el arte, que parece estar inoculando un virus que te tumba cuando lo que en realidad está haciendo es anfetaminizarte el ánimo para elevarte entre la mediocridad de un mundo mediasetero y fútil.

Cuando las cotas de asco están llegando a niveles insoportables es una suerte encontrar algo que puedas salvar. Sí, claro, ya encontré a tropecientos artistas que salvaría de una riada divina como Noé iba buscando animalitos. Pero hacía tiempo que no sentía nada así por nadie; un crush que dicen ahora, esa plaga de filoxera galopante que son para nuestro futuro vino, los millenials. Y ni te cuento lo de los postmillenials.

Y no es que Nacho Vegas sea precisamente Paul McCartney. Sencillas melodías de guitarra -con sus hallazgos, eso sí- sobre una voz un poco más dulce que la de Leonard Cohen en algunas canciones, prima hermana de la de Enrique Bunbury en otras y la hermana siamesa de la Bunbury en otras más.

Nada que objetar a esos tonos, faltaría más. Leonard Cohen es mi puto hermano aunque se le ocurriera nacer en Canadá y morirse sin dignarse a conocerme. (y maldita la hora que no fuimos a ese concierto de Atarfe, joder, que se nos murió y ya sí que resulta de verdad complicado verle en directo)

Pero es la letra, estúpidos, que diría Ronnie. Seguro que ni siquiera Ronald Reagan dijo eso, pero los apóstoles del neoliberalismo son pelotas hasta la náusea y algo que no le hubieran escrito previamente tuvo que decir tan gris personaje. Otra historia y otro asco.

Pero sí, básicamente, es la letra y esa tristona entonación tintada de sabiduría (que no significa que algo de sabio no tenga) perfectamente acoplada a la guitarra. Nacho Vegas desprende por sus líneas una luminosa manera de compadecerse de sí mismo. Es algo que te haría sentir ternura por él o por el personaje que es el “yo” de sus letras, pero en realidad sabes que él está a salvo de todo ese dolor porque lo ha relativizado. Ha sabido relativizarlo. Lo ha puesto en el contexto de un mundo absurdo y una vida que no tiene mucho más sentido o acaso mundo y vida aquí sean sinónimos.

Qué maravilla de canción es “El hombre que casi conoció a Michi Panero”.

“Yo una vez tuve un amor/pero si he de ser sincero/ dije no en el altar/ y cuando digo no es no”

“Yo le rezo a un dios que me prometió/ que cuando esto acabe no habrá nada más/ Fue bastante ya”.

“Nunca fui en nada el mejor/ tampoco he sido un gran amante/ más de una lo querrá atestiguar”.

“He bebido bien y casi conocí en una ocasión a Michi Panero/ y ahora brindo en paz por la humanidad/ y por lo bien que habita el mundo”

Puta obra maestra, joder. Con lo que entiendo un guiño al viejo Lou con su “And the colored girls go/do doo do doo, etc”. Con su vida y la vida de todos ahí colocada. Con su “cuando digo no es no”. “Consideré insensato procrear”. Y tanto. Y su lúcido “voy a brindar por la humanidad y por lo bien que habita el mundo”. Porque somos una especie muy mierdera y conviene no olvidarlo si es que queremos dejar de serlo.

¿Qué pasó con Michi Panero y en qué modo es un logro casi conocerlo? ¿Había quedado con alguien para conocerle y Michi no fue?

¿Y no es acaso genial resumir tu vida como la del hombre que casi conoció a otro hombre, máxime si se trata, como Michi Panero, de un escritor que no escribía o un poeta del que no salían versos cuando todo el mundo pensaba que si se animaba aparecería con un Ulises o con otro Los heraldos negros?

Pero Michi nunca lo hizo. Pareció el paradigma del escritor que no se atrevió a escribir ante la posibilidad de escribir algo que no le pareciera bueno. Arrinconado, en ese aspecto también, por su padre, poeta franquista, y sus hermanos mayores. Pero Michi es otro tema. Otra entrada. Otro modo de divagar.

Por eso termino como he empezado mi historia con Nacho Vegas, con “Me he perdido”, canción que canta y crea con mi infinito amor platónico Christina Rosenvinge.

Me entero más de una década después, google mediante, que fue amor de Nacho Vegas, pero no platónico (en eso le gano, sin duda). Habrá quien diga que bien podría haber prestado atención a la letra de esta canción para poder averiguar eso, pero bueno, parece que se entiende que las letras de las canciones no han de ser ciertas aunque tal vez esta sí lo sea, after all.

Se me ocurre que podría escribir un poema como “El hombre que casi conoció a Christina Rosenvinge”. Después de todo, estuve quejándome durante todo un concierto suyo en el Cervantes de Málaga de la ruidosa actitud de dos niños que tenía en el palco de al lado, que tampoco entendía por qué aquella pareja mayor los había llevado a ese tipo de concierto y cuando iba terminando, entendí, para mi pasmo y el de la amiga que me acompañaba, que eran los hijos de Christina. Ahora sí tenía sentido que estuvieran allí. Con aquella pareja mayor que, a todas luces, eran los padres de ella. Y hasta hube de alegrarme que así fuera porque mi platónico amor cantó, aunque aseguró que no solía hacerlo, “Hago chas y aparezco a tu lado” gracias a que a una de aquellas rubísimas criaturas, como era y es mi caso, le gustaba esa canción.

La imagen destacada es de

“comakeni” by Paulo Ito is licensed under CC BY-NC-ND 2.0  no es que tuviera mucho que ver con Nacho Vegas, pero buscaba una imagen de Michi Panero en Creative Commons y me la he encontrado dejándome también un síndrome de stendhal de martes noche. Que no es poca cosa en el mundo de los hombres grises.

Sergio Franco/ que falta haces.

Este poeta que traigo aquí hoy me vale para dejar atrás la fealdad de la traición, los Pedros y las Cármenes que se piensan más listos que nadie, más leídos aunque el primero tenga pinta de leer más el Marca siguiendo los pasos de su antecesor en el cargo y la segunda es más de Maquiavelo en versión “no, bonita, no”.

Por eso está bien que existan sergiofrancos en este mundo. Porque si no existieran, sólo el anacoretismo o la carrera de austronautas nos quedaría como opción. Y es que necesitamos rodearnos de buena gente para que el egoísmo, la maldad, la falta de virtud y de honestidad no se nos pegue como la sarna a la piel. Y mucho más difícil que desembarazarnos de la sarna es quitarnos las capas de umano, troppo umano que se nos pega por mezclarnos con esta cantidad ingente de hombres y mujeres grises que pueblan las ciudades e ídems dando lugar, además, a algo tan peligroso como pensar que lo normal es pisotear, destruir, destrozar a todo aquel que no nos sirva y utilizar a todo aquel que sí nos sirva hasta que ya no nos valga y entonces lo tiremos a la basura.

No puedo pensar en nadie más distinto a todo eso (salvo, tal vez, mi Tita Loli) que Sergio Franco. Hace ya mucho tiempo que no le trato, pero le traté mucho hace una década y aprendí mucho de él. O tal vez no aprendí, pero quisiera haber aprendido. Que no es lo mismo.

Le he contado muchas veces a Sergio la primera vez que le vi y oí recitar aunque no creo que se acuerde porque nunca parecía prestarle mucha atención a aquella historia. Fue en Málaga, ciudad que nos vio nacer a ambos si es que estaba despierta cuando ocurrieron ambas llegadas, en el año 1997 (el recital, no los nacimientos), año arriba, año abajo. En Ollerías, 41, un pequeño bloque okupado con un local en sus bajos donde se hacían reuniones, recitales, alguna fiestecilla… En cualquier caso, su majestad Johnny Bourbon iba a inaugurar un chupi edificio que quedaba justo enfrente y no iba a permitir las instituciones de nuestra amada patria que tal insigne señor pasara cerca de un centro social okupado por lo que el desalojo estaba cantado y se cantó a golpe de antidisturbios. Pero eso es otra historia, tal vez para otra entrada. La cuestión es que recitó allí, creo que el mismo día que lo hizo toda una Premio Nacional de Poesía, Chantal Maillard. Curiosamente, yo me fijé más en Sergio, en toda la soltura que demostraba para su edad (era un año o dos mayor que yo) y como se hizo con aquel local en el que dos o tres docenas de personas oíamos poesía como si nos importara porque, de hecho, nos importaba. Al menos, a mí que poco después empecé la andadura de anch’io sono pittore. Y es que tiene la poesía un encanto que no tiene ningún género literario saludable. Es el encanto que se siente por aquello que nos llena cuando nadie entiende por qué nos llena. Es el amor por el bitter kas, cuando todos te miran como sospechoso de algo al pedirlo. Es la cultura del freak que apuesta por el caballo perdedor porque va a encontrar más placer animando a ese caballo que va a perder que apostando por el caballo que probablemente ganará.  

En estos tiempos de mierda que padecemos, es esperable que nadie entienda por qué podemos amar la poesía y aún menos escribirla. Por eso es doblemente agradable poder traer a este humilde blog, versos nuevos de Sergio que aparecieron en Poemas Contingentes, Ediciones Imperdonables, Málaga, 2017.

¿podría ser usted tan amable

de recoger todas sus teorías

destrenzar una a una las palabras

con las que tan fino ha hilado

la invulnerable trama de sus silogismos

apartar un poco más allá

la firmeza insoportable

de su verdad última

no exhibir tan ufano

la excelente calidad

de sus conceptos hipostasiados

o hacer temblar aquí mismo

la templada solidez de sus conjeturas

podría ser usted tan amable

de hacer mutis en silencio

antes de que nos preguntemos

por la causa primera

que fundamenta su discurso

y sorprendamos que allí

bajo la gravedad

de todo lo que afirma

se ovilla tan solo un impulso

probablemente despreciable

necesariamente patético

podría ser usted tan amable

de ahorrarnos esta tristeza

de descubrir que finalmente

todo todo es mentira?

Me ha gustado mucho este poema. No es “precioso” como dijo un doctorando a un profesor imbécil de la UMA sobre un poema de Jorge Guillén recibiendo de éste poco menos que batido del interior de la niña de El Exorcista (tuve que hacer un Pijus Magnificus al presenciar el bochorno). Los poemas de Sergio Franco no son preciosos ni maldita la gana que lo sean. Son precisos. Pinchan. Se revuelven, como es el caso, contra este ser humano y este relato del fin de lo posible en el que todo vale con tal de conseguir el chaletazo y las vacatas que dejen fotos con regueros de likes. Hay mucha más mala leche en el poema que en el hombre que contiene al poeta. Pero me gustan las dos versiones de Sergio. La del poeta lacerante y la del hombre, “en el buen sentido de la palabra, bueno”.

Yo le pedí a Sergio el poema que me impresionó cuando le vi en Ollerías, 41 y él me manda lo último porque el creador vive de lo último y el receptor del recuerdo y el sobresalto. Así que abusando de su generosidad, cuelgo aquí también aquel poema que oí hace más de dos décadas, en aquel local que ya no existe (gentrifricación y Airbnb, ridículos!) y de un poeta que sólo conocí personalmente más de una década después de aquel día. El poema pertenece a un libro que es de obligado sostenimiento en las estanterías donde tienes tus libros, pero mejor aún si se lee aunque luego las estanterías no lo sostengan. Se llama “El espanto, modo de empleo”, de la editorial Luces de Gálibo.

vosotros

vosotros no lo sabéis
pero os lo podría perdonar todo
vuestro egoísmo implacable
vuestra ignorancia absoluta
vuestra inconstancia al amar
la cobardía de todos vuestros actos
la debilidad con que afrontáis
la desventura o la afectación
con que fingís vuestra estima
devoción o ternura
la mediocridad de vuestros logros
la displicencia de vuestros gestos
el asco que causa vuestra envidia
la lástima que inspiran vuestros sueños
os podría perdonar todo esto
si no os parecierais tanto a mí

            FIN

No se me ocurre mejor plan para este asqueroso verano que parapetarte debajo de una sombrilla de esas que venden con una extensión para tumbarte dentro y leer poemas de Sergio Franco (si ves que le aparece una “r” mutante por algún lado es porque si no recuerdo mal su segundo nombre es Roberto) alternando dicho gozo con un baño en las aguas de la playa de La Ballena, término municipal de Rota o, si ello no fuera posible por motivos económico-geográficos, en cualquier otra playa que te quede cerca. Y si no te gusta la playa, como le pasaba al gilipollas que fui hace años, pues ya no será lo mismo, pero lo puedes disfrutar sin playa también.

PD: La imagen destacada está sacada del blog de Sergio: sergiorfranco.blogspot.com

Por trece razones (para combatir el bullying)

Nota: nivel de spoilers bajo, pero alguno puede haber caído.

Viendo Por Trece Razones uno empieza a pensar si no nos habremos ido a la mierda definitivamente como puñetera civilización, era, edad o lo que mierda se quiera poner de etiqueta para hablar de estos tiempos tan jodidos que vivimos.

Habrá quien piense viéndola que las cosas que ahí se narran suelen suceder en el Estado de Yanquilandia, donde la infelicidad cotiza bien alta en Wall Street y donde, no olvidemos, de vez en cuando aparece alguien en un centro educativo con un rifle automático y siega la vida de decenas en unos minutos.

Para nuestra intranquilidad, la serie trata de por qué se suicida una adolescente a la que le han hecho bullying, que es algo que ha sucedido en Españistán varias veces en los últimos años. No sé si también habrá matanza porque aún no la he acabado. Desde luego, hay dos amiguetes en la serie que parecen bastante basados en Dylan y Eric, los pioneros del asunto en un día de canción del año 1999, en el Instituto de Columbine.

Los personajes de la serie están absolutamente clavados en personajes que podemos observar cada día, no sólo en los institutos sino en cualquier ámbito.

Está el puto rico pijo que piensa que el mundo y todo lo que en él hay le pertenece. Para eso es rico, joder. Si no, ¿qué sentido tendría serlo? Los intocables, los que pueden hacer lo que les venga en gana con todo y con todos. ¿Conoces el texto de Galeano de “Los nadies? Bueno, pues esta gente son justo lo contrario.

Está el deportista de vida perfecta que no quiere que el roce con “los imperfectos” pueda salpicarle en modo alguno. Se entiende que su meta es el deporte profesional. Su objetivo, que nada se interponga en su objetivo (por supuesto con una mamá que piensa que su ricura jamás podría hacer daño a nadie).

Está el hipócrita (en realidad, en la serie, el noventa por ciento de los personajes son hipócritas) que hará lo que sea para seguir pareciendo perfecto a los ojos de su papi, ministro de dios, y del resto de personas, pero engañar a todo el mundo todo el tiempo es bastante difícil y a veces te salpica la mierda o la pintura hasta teñirte entero.

Está la niña perfecta lesbiana que no quiere que nadie sepa que es lesbiana (curiosamente, sus padres adoptivos son dos hombres gays) y que hará cuanto esté en su mano para que ese secreto no se revele pues piensa que será objeto de burlas y quién sabe si perjudicará su futuro el ser homosexual.

Está el guapito de familia disruptiva que enamora a cuanta jovencita se le cruza en el camino mientras vive un drama brutal de puertas para adentro.

Está el super maduro que se pone a repartir candela a poco que algo le enfade, las animadoras que ya están hartas de animar, el que hace fotos todo el rato y recibe un nivel de bullying diez veces mayor que el de Hannah, el que hace la revista del instituto, el que no encaja ni con los “guays” ni con los “losers”, la tatuada que pasa de tanto imbécil, el orientador que habla como si acabara de despertarse (y sí que parece dormido el cabrón, al menos metafóricamente), el director al que le importa todo un carajo excepto su culo y, por supuesto, los padres de todos los anteriores. Y los dos protagonistas: Hannah Baker y Clay Jensen.

En un mundo perfecto (no hago spoilers porque esto se sabe desde el minuto uno), Hannah Baker y Clay Jensen se habrían enamorado perdidamente. En este mundo en el que vivimos, Hannah Baker se suicida harta ya de que quienes le rodean la traten como mierda y sin entender de qué va este mundo (y ya de paso sin entender que los micromundos que vivimos como niños y como adolescentes no son los micromundos que vivimos cuando podemos elegir a donde ir cada mañana) y el pobre Clay se queda en shock porque no entiende por qué Hannah

  1. se ha abierto las venas
  2. Lo ha hecho antes de que él diera el paso que por imbécil no dio meses antes. Cuando ella estaba viva.

Probablemente, porque han absorbido lo peor de la sociedad en la que viven y se dedican, como muchos de sus padres, a salvar el culo y salir a flote aunque sea a costa de hundir a las y los Hannah Baker de este mundo. Y ser masa. Y ocuparse de que la masa no se revuelva contra ellos.

Pues sí, Hannah abandona a tanto mediocre y se larga hacia la nada, pero antes de eso (y esto también se sabe en el minuto uno) deja una serie de cintas (de las de toda la vida) en la que explica quién le ha hecho daño (por acción u omisión) para tomar tan drástica decisión. Este verano le echaré mano al libro en el que está basada la serie.

http://www.thirteenreasonswhy.com/thirteenreasonswhy.html

¿Y qué hacemos los adultos para evitar que Hannah Baker se suicide? ¿Qué hacemos para evitar que se suiciden los niños y adolescentes que se han ido volando de todo el daño que los hijos de otros – no olvidemos esto nunca, LOS HIJOS DE OTROS- les procuraban por solo haber nacido? Ya respondo que no hemos hecho una mierda, pero la pregunta sería si vamos a hacer algo a partir de ahora.

Estos son algunos enlaces con suicidios de adolescentes en esta parte del Océano Atlántico. No hay que irse a ese país entre México y Canadá para encontrar estos casos. Sí, tal vez tu hijo, tu hermano o tu sobrino haya sido uno de los culpables de ese suicidio. Pero no pasa nada, ¿no? Total, tu hijo, tu hermano o tu sobrino están vivos y el otro es el que se ha suicidado.

https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/se-suicida-un-nino-de-13-anos-lanzandose-por-un-acantilado-por-un-posible-caso-de-acoso-escolar-en-getxo-video_201906195d09ec0c0cf201155052adcf.html

https://www.elmundo.es/madrid/2019/04/05/5ca64fcffc6c838b218b4675.html

https://www.abc.es/hemeroteca/historico-26-09-2004/abc/Nacional/jokin-de-14-a%C3%B1os-prefirio-la-paz-eterna-al-infierno-cotidiano-de-su-instituto_9623848347808.html

Las autoridades educativas, cansados ya de tanto pésame y tanto lamento, procuraron un protocolo antibullying. ¿Pero nos enteramos en realidad del bullying? ¿Queremos enterarnos? ¿O es mejor pensar que es cosa de niños? ¿Que el acosado provoca también? Claro, a veces habla. Y claro que a veces insulta o intenta devolvérsela a quienes la hacen la vida imposible. ¿Debería ser Gandhi o la estatua de Gandhi acaso?

Las autoridades educativas han hecho el protocolo para que nadie les mire cuando un niño salta al vacío, pero lo que no hacen es interesarse por el ambiente que hay en esos institutos; si hay alumnos cagándose en sus profesores, si hay alumnos haciéndole la vida imposible a otros, si hay directivas haciendo la vida imposible a profesores o defendiendo la posición de los bullies porque los que reciben el bullying no son un problema para ellos; si hay padres que se piensan que los profesores son sus lacayos y que, como escoria social que son, han de hacerles caso en todo lo que ellos decidan puesto que el hecho de haber traído una criatura a este superpoblado mundo les da patente de corso para hacer lo que les venga en gana.

En resumen, ahora mismo se está haciendo bullying en algún sitio cercano a donde estoy. Tal vez, en la casa de al lado, mi pobre vecino – parece buen chaval- está haciendo o recibiendo bullying vía internet. Ahora ya no puedes irte a ninguna parte. Hay dos mundos, el real y el virtual. Y los adolescentes no saben. Y la mayoría de adultos (al menos los que ocupan puestos en los que se podría hacer algo) ni saben ni quieren saber.

https://psicologiaymente.com/forense/carta-diego-nino-suicido-victima-bullying

Si no hacemos algo en en este puto ya, el ritmo de depresión y suicidios se mantendrá o subirá.

#ContraElBullyingToleranciaCero

“Polvo austrohúngaro” María Eloy García.

El primer texto que traigo que no ha sido escrito por ese alter ego, que me vale para ir humildemente por este océano hasta los topes de tiburones que es Internet, quiero que sea este poema de la poeta malagueña María Eloy García.

Conocí brevemente a María hace años y aunque ella probablemente no se acuerde, tuvo algo de salvadora por rescatarme algunas noches (junto a otro poeta que tal vez aparezca por aquí) en un exilio laboral terrible que tuve que soportar durante 18 meses, seguramente por haber sido objetor y librarme después del SSS o PSS o como carajo se llamase el “servicio social” que había que hacer por evitar hacer la mili. El destino siempre te espera. O como diría Benedetti, “la muerte está tranquila porque sabe/que los supervivientes también mueren”.

El poema, como decía, es genial, pero lo hace mejor escucharlo de su boca, con ese recitar de afectación cómica que pone ella, lejos de la cadencia monocorde y duermeovejas que tanto gusta a tanto poeta, incluso a jovencitas que, no ha tanto, iban al instituto. (acabo de encontrarlo en youtube, así que lo cuelgo debajo)

María tiene ya, por el contrario, una edad seria. Pertenece a esa generaciones de los sesenta y setenta, los últimos que tuvimos la suerte de nacer antes de que los millenials mandaran todo lo que habíamos construido al carajo.

En fin, Polvo austrohúngaro, una maravilla de los dedos y la mente de María Eloy García. Si acaso la versificación no es la del poema será culpa de WordPress y algún día me enteraré cómo va el asunto, pero de momento me aburre pensar en cómo enterarme:

“Polvo austrohúngaro”

te tomé yo por el asedio de viena
rondándome por los ojos el ejército germanopolaco
de tus dedos dudando de mi dieta
de repente sudando
santa alianza antiturca ofensiva
me conquistas hungría (tú si que sabes lo que me gusta)
pero no me toques belgrado/
aún así tú dispuesto y por la fuerza
me arrebatas me fascinas sarajevo me dislocas transilvania
qué desastre de paz 1687
se me sublevan los balcanes
yo miro cómo me tocas y trato de moverme encima
eduardodesaboya debajo
pero te tengo cogido por el danubio/
pensar que me hiciste (austriahungría imprecisa)
la más perfecta imposición de lengua
ya no administrtiva sino colonial/
que a algunos turcos vencidos todavía hoy
nos cuesta asentarnos en cualquier sitio

—-

María Eloy García

Aquí el vídeo, este poema desde el minuto 5:00 y antes otro poema suyo que me gusta mucho “Alta metafísica del trapo” que le da nombre a su primer libro.

https://www.casadellibro.com/libro-metafisica-del-trapo/9788478392643/792850

Enlace para comprar, que no se te van a caer los putos dedos por usarlos para comprar poesía.

Este de abajo no sé si me lo regaló o se lo compré, pero dijo “ya te lo dedico más tarde” y hará como ocho años que no la veo. Buenísimo también. Ojalá algún día me lo dedique:

http://harpolibros.com/libreria/cuanto-dura-cuanto.html

PD: Las dos fotos son mías.

Introducción al blog

Llevaba tiempo dándole vueltas a tener un blog y colgar poemas, textos, novelas, listas de la compra, recetas de enemas, la fórmula de la puñetera coca-cola y unos cuantos etcéteras que pudiera ocurrírseme.

Varias razones me detenían. La primera es que poco me importa llegar al público. De hecho, no existe tal cosa como el público. El público es una invención o, en realidad, todos somos público por lo tanto no podemos entender ese ente como algo diferenciado o distinto de nosotros mismos y quienes nos rodean.

Público soy yo cuando me releo o tú cuando alguien te pone un texto delante sin siquiera algo de anestesia.

En realidad, caímos como imbéciles en las garras de los negociantes y saqueadores que se quedaron con la pasta a costa del esfuerzo y el talento de otros y otras, al igual que los intermediarios se quedan con el dinero de las patatas cuando son otras las personas que hacen el esfuerzo de plantarlas y recogerlas.

Por eso, antes de ahora y el malbendito Internet, la gente se dejaba los sesos sobre un texto, muchas veces las yemas de los dedos sobre la prodigiosa y sensual Olivetti 64, pumba, pumba, pumba y ya cuando se decidía, se escribía la palabra fin y se buscaban las direcciones de las editoriales.

Las editoriales, imagino, no tenían un batallón de seleccionadores de textos esperando que a Pedro Lima Pérez de Betanzos, A Coruña, se le ocurriera escribir una novela y allí estaban esperando para poder leer lo que a Pedro se le hubiera ocurrido mientras molestaba a los cohabitantes de su casa y, tal vez, a los vecinos con ese Olivetti taladrando las tardes mientras Perico pensaba que estaba pariendo Ulises. Lejos de ello, me da que las editoriales, antes y ahora, se la sudaba muchísimo lo que hubiera querido ser Pedro en la vida y todo lo que Pedro pudiera pasar del blanco al blanco marcado por signos de un código usado para significar. Oh, sí, la puta película americana en la que Pedro, Peter, escribe la novela y la editorial lo flipa y luego aparece el libro en las estanterías de las librerías de Nueva York. Lo’ cohone’ el Lele.

Pedro mandaba el libraco después de haberse gastado lo más grande en fotocopias y en encuadernación y, en el mejor de los casos, alguien leía unas cuantas páginas y lo tiraba a la basura. En el peor, alguien lo tiraba a la basura sin leer una sola página. Y luego ya está el modo pirata en el que la editorial recibe un original que gusta, pero como lo ha escrito Pedro Lima Pérez pues se le manda a algún escritor de la editorial para que le cambie un poco la chapa y la pintura, pero manteniendo el motor igual con lo que Pedro, años después, lee el libro que era el suyo, pero con cambios y

  1. piensa que ese célebre escritor tuvo la misma idea que él, vaya casualidad
  2. se caga en los muertos de la editorial y del escritor, pero tampoco puede hacer nada porque ponte tú a demostrar que ese vil acto ha sido realizado por una editorial de prestigio cuyo dueño ha comido en La Zarzuela más de una vez o cuyo escritor ha vendido millones de libros y ha recibido los más insignes premios y cómo carajo se le ocurre a alguien pensar que ha plagiado a un tal Pedro Lima de Betanzos.

No, imposible. La verdad es la verdad que nos dice Pedro Piqueras, Matías Prats o Ana Blanco y deja de pensar conspiraciones y mierdacas varias porque todo es evidente para el espectador (público) porque ahí están los imparciales medios de comunicación para salvaguardar la verdad empírica y desnuda, absolutamente nada que ver con ningún interés empresarial respecto al relato que cale en la masa. Y la luna está hecha de queso Camembert.

Por tanto, me parece interesante saltar a las editoriales como si se tratase de un charco con barro y restos de heces de animales o humanos. E Internet permite eso. Por unos pocos euros al año, te dan estos un portal para publicar.

¿Pero si no te importa el público para qué carajo vas a publicar?

Como dijo Whitman: “¿Me contradigo? Es que soy muchos”.

Pues sí, soy muchos. Me dominan varios yoes en cada momento del día. Como la canción de Crowded House, Four seasons in one day, dependiendo quién esté a los mandos aquí arriba, opero de un modo u otro.

Hay días que un yo se ha apropiado enteramente de mí y no deja que otro yo me domine. A veces, puede durar eso semanas o meses. Luego aparece otro y otro otro. Soy múltiple, uno y trino, como los pájaros enjaulados a quienes se les abre la jaula y retrepan hacia dentro. También soy ese mierda, sí.

En cualquier caso, a nadie ha de importar quién sea el autor por eso escribo con seudónimo. Mentira.

Escribo con seudónimo por culpa de mi profesión en la que trato con cientos de personas y no tengo ganas de explicar ningún texto a ningún pseudo desconocido y, menos aún, que de algún modo sea juzgado por ellos.

Además, hay gente que no se toma a bien estas cosas de ir a la contra, rascarse los sobacos, en resumen, imitar con poca fortuna a aquel trabajador de correos alcohólico al que le encantaba apostar en el hipódromo y que de algún modo se hizo mundialmente famoso pariendo textos como hijos la mujer de Ruiz Mateos. Ciertamente, en alguno de ellos me conmovió. Y como dijo alguien que conocí una vez – resultó ser con el tiempo bastante impresentable, pero hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces por día- “necesitamos conmovernos”.

Por lo tanto, como

  1. jamás pensé que mi nombre real mereciera aplauso
  2. me importa la trascendencia literaria tanto como la cotización del zloty
  3. tampoco es que piense que mis textos o mi seudónimo vayan a trascender. El tema es que google es capaz de encontrarte al lateral derecho del Mortadelo juvenil preferente de mediados de los noventa, ese que cuando entré en el campo de la Renfe aquel día para los últimos veinte minutos le dijo al central que no habría problema conmigo. El muy cabronazo. Dos años menos que tú tenía, cacho cabrón. Por desgracia, tenía razón el sesomierda y no hubo problema conmigo.
  4. No quiero a conocidos ni vecinos googleando mi nombre real.
  5. Me gusta el efecto nazareno, el ver, pero no ser visto. Observar el mundo sin que haya ninguna manifestación ad hominem.

Entonces por todo ello soy Charly Beteta y he creado este blog para ir poniendo textos. Eso sí, tienen ciertas taras:

  1. son textos (poemas o relatos) que no voy a presentar a esa curiosa cosa que son los concursos literarios (en los que igual se gana un kilo de chopped, pero quieren virginidad de publicación incluso de internet esas criaturas y son las criaturas que ponen las condiciones ). No lo voy a hacer porque no creo que puedan ganar por su calidad o porque no creo que puedan ganar por su contenido, pues la mayoría de esos concursos son pagados por ayuntamientos y no tiene el concejal de cultura ganas – y aun menos el excelentísimo alcalde- de ponerse al lado de un, pongamos, Irvine Welsh que presentara un relato en el que Spud se caga en las sábanas en la casa de su novia y a la mañana siguiente, la madre de ella tira de esas sábanas hasta provocar una lluvia de mierda en su cocina. Por más hilarante que me pueda parecer – y no es fácil hacer reír mediante la literatura-, los concejales de turno no quieren que esos textos sean premiados en nombre de su ayuntamiento. Puede que, de hecho, el ayuntamiento de marras haya tenido más corrupción y menos ética que toda la pandilla de Renton cuando estaban enganchados al jaco, pero eso es otro tema y lo importante es hacerse la puta foto, echar el día y a otra cosa. Obviamente, tampoco quiere el ayuntamiento de turno dar un premio a alguien que ellos consideren demasiado rojo. Digamos que hay un grado de rojez aceptable, incluso para un concejal del PP, pero tampoco te vayas a pasar de rojo y nos confundamos, eh? Que esto es España, after all.

Por tanto, es este un blog para poemas o relatos con los que no voy a ganar un duro. No es que con los otros vaya a ganar una puta mierda, pero alguna posibilidad más hay. So to speak.

Dado que el blog es mío, iré poniendo lo que me salga del mondongo. No sólo textos propios sino de otros poetas; textos breves de otros escritores; música, arte, reflexiones. Lo que apetezca.

PD: fotos tomadas de Pixabay (skeeze (bolsa), Luis Fco Pizarro Ruiz (nazareno/a)). La de Edimburgo es mía y la de la piedra de Mostar también.