Desde que nacemos hasta que morimos, nos obliga el mundo a ser hipócritas. Es una obligación sutil, desde luego. Tácita, por supuesto. Pero no por ello menos real.

No me gusta mi mundo. Nunca me ha gustado. Hay una alarmante carencia de justicia, tanto justicia social como de justicia a secas. De la primera han corrido océanos de tinta. Se elaboró un sistema comunista que parecía dar respuesta a los crímenes del capitalismo, pero la realidad es que allí donde se ha llevado a cabo, por una razón u otra, se han acabado cometiendo crímenes similares o, incluso, peores que en las burguesías capitalistas, como en el caso de la URRS bajo el dominio de Stalin.

Pero seguimos viviendo la hipocresía. En lo macro y en lo micro. En el compañero de trabajo a quien le dirías que se vaya a la mierda con su toxicidad y en el presidente de la Rusia capitalista actual intentando arrasar países para someterlos a su voluntad. Incluso, en los enemigos de Putin, también una hipocresía mayúscula puesto que ninguna falta hace que Ucrania forme parte de la OTAN salvo para mantener una posición de fuerza que mantenga alerta al esbirro Vladimir y ataque con sus colmillos afilados para que todos sepamos, aun más, el ser nauseabundo del que hablamos.

Salta la valla un africano y le reciben varios policías españoles para darle una paliza con sus porras y sus botas. La siguiente imagen es el Ministro del Interior, Grande Marlaska, diciendo que se siente orgulloso del trabajo de esos policías. Así es él. Un cínico de manual, puesto que el cinismo es el estadio posterior a la hipocresía. El cinismo es la Champions League de la mentira. Es cuando ya no hace falta justificar nada porque tu actitud cínica le dirá al mundo que poco te importa lo que nadie piense siempre y cuando tú puedas llevar a cabo tu voluntad. Nada le pasará a esos policías. Están estresados, hay que entenderles. Se trata solo de un negro recibiendo palos. ¡Ni que fuera una novedad eso!

Hay hipocresía en cada esquina y potencial cinismo en cada uno de nosotros. Cuando alguien protesta se le dice “pues bien que no vives tú debajo de un puente”. “Tú participas de lo mismo. Eres igual que todos”. Porque los hipócritas y los cínicos no soportan que alguien se sienta mejor que ellos. Pero, sin duda, los hay. Hay quien se deja la piel en jirones por no ser hipócrita. Hay quien se arriesga con ir a la cárcel por decir lo que siente. Y en España vas a la cárcel si tu opinión no gusta al poder. Hay delito de opinión. Ahí está Hazel entre rejas y Valtonyc huido para no estarlo.

Miramos a otra parte. Es cierto que la mayoría pensamos que Hazel se pasa un poco de rosca. Debe de haber límites, pero que los límites sea la prisión tal como lo es para quien viola y quien mata, es una vergüenza. Es una vergüenza de la que nos hacen participar como ciudadanos. Nos hacen ser hipócritas. Nos hacen decir que el sistema es justo. Nos hacen decir que la justicia existe.

Pero entiendo que la justicia existe cuando acierta casi siempre. Entiendo que la justicia acierta cuando encierra a quien hace daño a inocentes. No puedo entender que se diga que la justicia existe cuando se sentencia a diez años de cárcel a los encausados en el intento de independencia de Catalunya, mucho menos en el caso de los dos Jordis. Nos gusten o no las ideas independentistas de los pueblos del Estado Español, no podemos mirar para otra parte cuando se atropella la justicia porque los siguientes podríamos ser nosotros. Claro que esto nos lleva a otra hipocresía de la que nos hacen participar. Que es que en España todos somos iguales ante la ley. Cualquiera que esté mínimamente informado entenderá que esto no es del todo así. Que si eres una persona de izquierdas no estás igual de protegido por la ley que si lo eres de derechas. Ahí están las acampadas de meses frente a la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero. ¿Cuánto habrían durado unos punkies acampados y haciendo la vida imposible frente a la casa de José María Aznar y Ana Botella? No ya cuando estaban en política activa, sino hoy mismo.

Hay una doble vara de medir. Hemos avanzado mucho desde 1950, 1960 o 1980, pero no hemos avanzado tanto como para decir que todos somos iguales. Solo hay que ver las manifestaciones de los trabajadores del metal en Cádiz comparando con la de los Cayetanos en pleno confinamiento. Hay miles de ejemplos de los que poder hablar. Alberto Rodríguez expulsado como diputado por la palabra de un policía. Ni una sola prueba. Fuera.

Pero me ha quedado todo muy político. Hay muchos más ejemplos de hipocresía. También las personas de derechas son víctimas de la hipocresía. En la ya mencionada URSS existían ejemplos de hipocresía y cinismo para poder llenar varios trenes con hojas que los relataran. La hipocresía y el cinismo no tienen ideología. Son consustanciales a ciertos seres humanos. Se podría decir que es consustancial al poder. Por eso nunca vamos a nuestro jefe y le exponemos claramente cómo vemos el trabajo. No le decimos cómo creemos que podría mejorar la cosa porque eso sería decirle todo lo que no ha hecho él o ella durante todo este tiempo. Sería exponerle como una persona incompetente que no se ha dado cuenta de que los trabajadores subordinados están a punto de explotar porque el día a día que viven está plagado de pequeñas injusticias y pequeños atropellos que hacen que vuelvan a casa con ansiedad. Y mañana, más hipocresía. Y, tal vez, más cinismo.

Y no me queda esperanza de que nada cambie porque nadie está dispuesto a cambiar. Los padres y madres orcos educando a niños orquitos seguirán diciendo que sus criaturas son maravillosas aunque los hechos desmientan absolutamente tal afirmación. Su cinismo culpará a los docentes que se quejan de sus hijos.

Marlaska seguirá diciendo que el trabajo en la valla de Melilla es de diez aunque el pobre negro tenga el cuerpo lleno de hematomas. Putin seguirá diciendo que está desnazificando Ucrania aunque visto desde aquí, si hay un nazi es él el candidato más adecuado y más paralelo a Hitler en 1939 y años anteriores. Y la OTAN seguirá diciendo que ellos son una ONG pacifista y que cualquier intento de insulto será respondido con una camisa arrancada. Fariseos. Hipócritas. Cínicos. Y nosotros, obligados a participar de todo ello.

Necesitamos a Eric Blair, también conocido como George Orwell. Él vivió obsesionado con todo lo referido en este texto. Él dijo «en tiempos de la mentira, decir la verdad es un acto revolucionario». A él va dedicado esta entrada y por eso es él quien aparece en la imagen. Lástima que no fuera inmortal.

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