Cuando ya parecía claro que caminar por la calle no es una práctica de riesgo para resultar infectado por covid y cuando es muy evidente que ir a una discoteca, discobar, comida de empresa en interior y otras formas de pasar el rato son una práctica de muchísimo riesgo para resultar infectado por el covid, el gobierno va a hacer un Decreto Ley este día 24 de diciembre para que nos pongamos todos las mascarillas todo el tiempo que estemos en la calle.

Pero en España nada pasa por casualidad. Y poco pasa al margen de las ideas de unos políticos torpes y de empatía cero. Estos políticos (del PSOE en el gobierno, pero apoyados por mentes tan «brillantes» como la del cremado Feijoo – ¿o era el narco el cremado?- y la de Moreno Bonilla) creen que España es Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia. Como ven a la gente arremolinada en ciudades como Málaga o Vigo observando sin mascarilla un espectáculo de luces que han creado ELLOS o los de su propio partido o yendo en masa a comprar a los mismos sitios caminando también sin mascarilla han llegado a la conclusión que para hacer alguna puñetera cosa en la enésima ola de covid que padecemos, qué mejor que obligarnos otra vez a llevar mascarilla al salir a la calle, aunque vivas en Almendralejo o Biescas o El Gastor y camines por una calle en la que solo se oyen tus pasos.

Otra vez la idea de España como Madrid. Madrid, la medida de todas las cosas. Pero no solo Madrid. Hay un ramillete de ciudades en las que ocurre algo parecido a lo de Madrid. Muchísima gente en un relativamente pequeño espacio. Así que como esta gente está comprando en masa y pasan caminando por Montera o parados están con la baba caída en Calle Larios (Málaga) viendo las lucecitas mientras oyen una grabación de varias canciones, pues nada, el resto de España que apenque y se ponga la puñetera mascarilla en exteriores aunque no valga para nada. Que se piense, dirá Pedro Sánchez, que estamos haciendo algo.

Sí, presidente, se entiende que están haciendo algo. Concretamente, el ridículo. Porque ridículo es maniobrar en un sentido que no mejora en absoluto la situación, que hace nuestra vida peor y que funciona como cortina de humo de lo realmente trascendente que es, a saber, qué carajo hacen millones de personas yendo a comidas de empresa en interiores, a discotecas y a lugares donde se pueden quitar la mascarilla sin que corra una brizna de aire e infectarse a placer con decenas de extraños a pocos centímetros.

Esto es una puñetera vergüenza. Es una estafa, un atraco y una manipulación. Y si hace falta que la gente que vaya por el centro de grandes ciudades se pongan la mascarilla, así sea. ¿Pero por qué carajo, brochagordistas ineptos, tenemos todos que hacerlo aunque no vivamos en esos sitios o, viviendo en esos sitios, no transitemos por el centro y aunque no valga para absolutamente nada?

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1 comentario

  1. Pues por la misma razón que se ve al único ocupante del coche, su conductor, o a un solitario caminante por el campo, con la mascarilla puesta: nos va la marcha. El sustrato sadomasoquista del ser humano

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