Vergüenza ajena a raudales es la que siente cualquier aficionado al fútbol en España que no sea del Madrid o del Barcelona cuando vemos a los aficionados de estos equipos llorar como plañideras profesionales porque el dinero no les llega y el PSG está haciendo un equipo de ensueño.

Tiene mucho que ver todo ello con la falta de empatía brutal que se está haciendo con la sociedad hoy día. Es cada vez más patente que existe una generalidad de personas a las que les importa entre cero y nada lo que le pase a quien tiene al lado y, en cambio, entre mil e infinito lo que les pase a ellas. Además, cualquier falta de la que ellas sean víctimas será algo compatible con la cadena perpetua y cualquier falta de la que estas personas sean verdugo será una tontería sin mayor importancia. En absoluto es casualidad las noticias de sucesos con las que vomitamos cada día.

Pues algo parecido sucede en el fútbol. Madrid y Barcelona llevan décadas con un presupuesto entre ocho y diez veces superior a la mayoría de sus rivales en la Liga Española. A veces, solo dos o tres veces superior como podría ser el caso del Atlético de Madrid, Sevilla y Valencia. Pero de media, cinco o seis veces el presupuesto de cada club que les enfrentaba con el miedo de que la goleada se saliera de madre y llegara al doble dígito (Real Madrid 10 Rayo Vallecano 2 20 de diciembre de 2015). Esa es la más espectacular, pero lo cierto es que en estas dos décadas de absoluta vergüenza en la Liga Española ha habido otras:

Real Madrid 9 Granada 1 (5 de abril de 2015)

Real Madrid 8 Almería 1 (21 de mayo de 2011)

Real Madrid 8 Levante 0 (22 de diciembre 2010, Copa del Rey)

Real Madrid 7 Sevilla 3  (30 de octubre de 2013)

Atlético de Madrid 0 Barcelona 6 (2006)

Rayo Vallecano 0 Barcelona 7 (2012)

Almería 0 Barcelona 8 (2010)

Córdoba 0 Barcelona 8 (2015)

Deportivo de la Coruña 0 Barcelona 8 (2016)

Barcelona 7 Valencia 0 (Copa del Rey 2015-16)

Y podría seguir y seguir con goleadas tanto de Real Madrid y de Fútbol Club Barcelona a los pobrecitos que se enfrentaban a ellos y les pillaban inspirados.

Tanto Madrid como Barcelona, desde hace dos décadas, fueron montando selecciones mundiales. A finales de la pasada década y hasta la mitad de esta prácticamente, los dos tenían al mejor del mundo en su posición o, en su defecto, a uno de los cinco mejores.

Se daban el lujo de gastarse millonadas en jugadores que les salían mal y no pasaba nada. Gastaban cientos de millones en fichajes que, a veces, acababan perdidos o vendidos por menos de la mitad de lo que fue fichado.

Por supuesto, si algún jugador destacaba en la Liga Española, ellos se lo “pedían”, como los niños viendo anuncios en Navidad. Ahí está el caso de Sergio Ramos, Isco, Illarramendi, Ceballos, Oyarzábal, Dani Alves, Eto’o, Rakitic, Adriano y tantos otros.

El resto de los clubes españoles, agobiados por un dinero que nunca les llega, tenían como misión vender a su estrella a Madrid o Barcelona y rezar para que el precio fuera bueno. Por ejemplo, Isco fue vendido al Madrid en un momento crítico del Málaga y por eso se pagaron 28 millones de euros. Illarramendi fue vendido semanas después por 40 millones porque la Real Sociedad estaba bastante mejor que el Málaga.

¿Qué ha pasado entonces en estos quince o veinte últimos años? Que la Liga Española era cosa de dos. Desde que la ganó el Valencia en 2003, todos los campeonatos han sido ganados por Madrid o Barcelona excepto el de 2013-14 y el último, 20-21, que los ha ganado el Atlético de Madrid, club que no se puede meter dentro de los “proletarios de la Liga”, pero tampoco dentro de los multimillonarios, que eso está reservado para las actuales plañideras.

Todo esto que cuento ha sido jaleado y alentado por la prensa deportiva española que nunca vio un problema en todo esto. Al contrario, tanto a la prensa escrita de uno u otro bando (Marca, As, Mundo Deportivo, Sport) como a las radios (ahí está Paco González, tan amigo de Florentino si es que Florentino tiene amigos, y todos los demás colegas de la radio deportiva) han estado aplaudiendo a Madrid y Barcelona mientras aplastaban al resto de equipos españoles cuyos aficionados debemos de representar algo parecido al estiércol a ojos de estos correveidiles a sueldo del mejor postor: evidentemente, Madrid o Barcelona, a veces hasta directamente vía TV propia del club.

Muchos hemos sentido por este fútbol una especie de aversión y, como es mi caso, poco a poco hemos ido pasando un poco de la Liga y centrándonos en nuestros clubes de los que somos socios, más por echar una mano que por disfrutar el menguado espectáculo al que hemos sido condenados.

Este era el status quo hasta que llega este verano (pandemia mediante) y se ve que los desmanes absolutamente locos de la directiva de Bartomeu en el Fútbol Club Barcelona han provocado la quiebra técnica del club. Cualquier otro club de España (excepto el Real Madrid) estaría ahora mismo señalado y con los dedos cruzados para no ser descendidos. Por supuesto, eso no entra dentro de la cabeza de nadie en el fútbol español porque ahí no todos son iguales sino que unos son más iguales que otros. Pero es que además Madrid y Barcelona no fueron obligados a convertirse en sociedades anónimas (ni Athletic ni Osasuna), que sería, cuanto menos, lo lógico que debería pasarle al Barcelona en estos momentos. Ni hablar del tema. Aquí se vende a no sé quién, se hacen unos cuanto arreglos y seguimos con la deuda de mil millones de euros tan ricamente.

Eso sí, no han podido pagar a Messi. No porque no tuvieran el dinero a mano (préstamos había) sino porque ya se estaban pasando el 110% del límite salarial sin pagar a Messi.

Messi echa sus lágrimas, qué pena más grande y se va al PSG a cobrar la intemerata y a formar un tridente de ensueño con Neymar y Mbappe.

¿Qué hacen entonces los aficionados no solo del Barcelona sino también del Madrid? Quejarse y llorar sin acordarse ni por un momento de la diferencia brutal de dinero que han tenido respecto a sus rivales en la Liga Española todos estos años. Ni un pequeño recuerdo a cómo se han paseado por tantos estadios y cómo han humillado a tantos equipos. Bah, la ley natural, pensarán.

De hecho, apuntan al PSG por no cumplir el Fair Play financiero y reavivan la ridícula idea de Su Florentinezza de la Superliga Europa.

Lo que se merecen, si existe justicia, es que el PSG coja a los dos por banda y los golee sin piedad. Que aprendan empatía – cosa que me parece imposible llegados a este punto- sufriendo lo mismo que hemos sufrido tantos aficionados en la Liga Española, donde el reparto de televisión ha sido absolutamente asimétrico al contrario de lo que ocurría y ocurre en la Premier League (y los periodistas deportivos callados).

No sé qué pasará al final. Cada vez me siento más lejos de todo esto y más asco siento por lo que ha derivado un bellísimo deporte que yo veía en La Rosaleda de pequeño (y hasta ahora) y en Estudio Estadio y en El día después en tiempos en los que todo era posible y la arrogancia de Madrid y Barcelona se ahogaba, a veces, en La Romareda, Mestalla, Riazor y hasta en La Rosaleda le dimos un buen revolcón al Barcelona (5-1, 3 de diciembre de 2003).

Empatía. A ver si aprenden la palabra.

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