Canimillenials asesinos: primero te reviento a patadas, luego te dejo morir y finalmente me voy a casa, que es tarde.

Desde hace un tiempo a esta parte, digamos diez o quince años, me he dado cuenta de algo que no hace falta ser Hannibal Lecter para entender: los canis (a falta de mejor sustantivo porque muchos no son en absolutos canis y muchos de los llamados canis jamás harían eso) de hoy, cuando la oportunidad le es propicia, van a matar. Nada de un par de tortas. Nada de hacer prisioneros. Pena de muerte.

Y no es que haya que quemarles la casa con algún familiar dentro para que quieran matarte. No es que haya que intentar matarles a ellos o hacerles daño. No. Si haces eso, morirás también, pero con la piel arrancada a tiras. No. Para que los canimillenials quieran – y consigan a veces, cada vez más- matar a alguien basta con que les dirijas la palabra o piensen, en su paronoia, que les estás grabando o, frito estás, si les tiras un poco de cerveza sin querer al pasar.

Le pasó a Pablo Podadera en el centro de Málaga hace unos años. Salió a fumar en un bar de la Plaza Mitjana y vio que había dos individuos con ganas de pelea. En su inocencia, pues ese día cumplía 22 años, se le ocurrió sugerirles que dejaran la violencia, que no valía la pena. Consiguió que las malas bestias giraran toda su podredumbre moral contra él y le golpearan hasta matarlo. Un jurado popular les condenó a tres o cuatro años de cárcel. Unas vacaciones para el mal que habían causado. Hace unos días, una revisión de esa pena encuadró el delito en lo que fue: una golpiza sin ningún tipo de interés porque el sujeto que la recibiera siguiera vivo, como de hecho no siguió. Pongo link:

https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2021/07/01/quince-anos-carcel-acusados-asesinar-54555419.html

Ayer, en La Coruña, le pasó algo parecido a Samuel. Se investiga si fue un crimen homófobo pues, sin duda, la homofobia ha subido como la espuma en España de la mano de un partido que cada vez que se refiere a los gays y lesbianas lo hace con el asco implícito en sus manifestaciones: VOX. Pero no nos engañemos: ni VOX ha inventado la homofobia ni hay que ser de VOX para ser homófobo. Duele oírles, están en el lado de los homófobos, pero el problema no se reduce a VOX.

El problema tanto de la homofobia como de la violencia extrema por cualquier estupidez es un problema social y político por mucho que a la Audiencia Provincial de Madrid le parecerá que mucho peor es que haya 250 MENAs en su Comunidad.

Es un problema que obviamos porque no nos toca. No andamos en esas calles en las que estas hienas saltan sobre los cuerpos para dar sus dentelladas. Al menos, no a esas horas. No somos, la mayoría, gays o lesbianas para tener miedo porque la carcundia quiera agredirnos por el hecho de acostarnos y amar a quien nos dé la gana. Somos heteros. Somos más adultos. Estamos a salvo. Pero eso también es falso porque estas mismas hienas, sus primos y sus congéneres, han matado a “ciudadanos normales” con 40, 50 o 60 años. Pasó en Euskadi no hace tanto y ha pasado en varios lugares. Basta con que les digas algo que no les gusta. Basta con que les mires de un modo que creen irrespetuoso. Saltan sobre ti y te matan. O lo intentan. Y hay que decir basta. Por la memoria de Pablo Podadera. Por la memoria de Samuel. Por la memoria de tantas personas que no le hacían daño a nadie y que murieron a manos de estas bestias pardas.

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