Tienen los negacionistas del covid su conspiración y empiezo a tener yo, ferviente creyente en el covid, mi conspiración también. La mía no tiene que ver con secretos oficiales ni con Bill Gates ni con Soros ni con nada que no se pueda ver. La mía tiene que ver con lo que se puede ver. Las estadísticas de infectados y fallecidos diarias. Las medidas gubernamentales ya sean de Madrid, vía BOE, o en mi caso, las de Andalucía, vía BOJA.

Mi conspiración es ver que la vida sigue y que cada vez más la masa desinformada e ignorante dice cosas como “total, qué más da, si lo vamos a pillar todos”. Esta es la masa que en ídem salió a la calle en junio como si no hubiera pasado nada. La misma que se ha pasado por el forro cualquier distancia social porque quién era nadie para privarles de besar a sus abuelos o a sus padres aunque fuera el beso de Judas, el que señalaba a quien había de morir, pasando también por cierto, su propio calvario.

Los políticos del gobierno de Madrid y del gobierno de Sevilla repiten sin cesar que los centros educativos son los lugares más seguros para el covid. La mayoría no tienen ni idea de lo que es un centro educativo. Y, por supuesto, no los verás entrar a ninguno este curso. Desde sus despachos, con sus medidas de seguridad extremas, hablar en ese tono me parece insultante para quien se está jugando el tipo en tantos centros educativos para que los padres y madres puedan dejar a sus hijos en alguna parte y vayan a trabajar.

Dicen que hay muy pocos casos. En Granada, por ejemplo, hay muchísimos casos de alumnos infectados, pero ojo, que aquí viene lo más terrible: la mayoría de los niños y buena parte de los adolescentes son asintomáticos por lo que van al centro educativo con su coronavirus durante días sin que nadie lo sepa porque no se hacen pruebas. Lo que sí sabemos es que las reuniones de más de seis personas están prohibidas en todas partes menos en las aulas donde se meten treinta personas o más. En cualquier análisis serio y no partidista habría que concluir que o bien la medida de las seis personas es una salvajada o bien permitir que se reúnan 30 personas o más en un aula durante cinco o seis diarias es una salvajada. Personalmente, pienso que la salvajada es lo segundo y aún más salvaje en tanto en cuanto se pensó un protocolo para confinar las clases de los infectados y se cambió en unos días al comprender que eso significaba muchísimas clases cerradas (y niños en casa) por lo que decidieron que lo adecuado era confinar solo a quien estuviera sentado cerca del positivo porque, claro, esos niños y niñas volaban desde su casa a su silla, no se movían, no salían al recreo a comer su bocadillo sin mascarilla ni estaban a diez centímetros de muchos de sus compañeros tanto en el recreo como en los pasillos. Vergüenza.

Mi conspiración es la sensación subjetiva – pero sin duda compartida por más gente- según la cual nuestros gobernantes no están intentando salvar vidas sino hacer imposibles ecuaciones para compensar la pérdida de vidas con la economía.

Habrá quien diga que hacen bien. Por ejemplo, oí al doctor Cavadas, ese genial cirujano y también asesino de ciervos con flechas, decir que hay que tener en cuenta la economía para las medidas que hay que tomar porque sin economía no habría salud tampoco. Ciertamente, es una paradoja según la cual hay que dejar que se infecten miles de personas de las cuales un porcentaje X morirá para que la economía siga y la medicina siga (desde luego ni la economía ni la medicina seguirán para quien haya muerto).

Los salvajes buscan el objetivo y las personas inteligentes y honradas observan los medios para conseguir ese objetivo. En ese sentido, entiendo que Macron es un salvaje porque incluso cuando manda confinar Francia decide mantener las escuelas abiertas aunque al menos hay que concederle, en parte, el valor de la sinceridad porque para justificar dicho disparate dijo “para que el tejido industrial siga adelante” y luego añadió, en una frase que no se creyó ni él, “y para que nuestros niños y jóvenes puedan sociabilizarse”, como si el hecho de estar un mes ahora como se estuvo en marzo y abril pudiera causarles un daño irreparable a la infancia y juventud francesa.

Por tanto, mi conspiración es que nuestros gobernantes no hacen todo lo posible para salvar la vida a sus gobernados, esto es, nosotros. Mi conspiración es que se está pesando en una balanza cuántos muertos son admisibles para compensarlos con la economía del país. Yo hubiera querido pensar que todos podíamos hacer esfuerzos en lo referente a la economía con tal de no morir nosotros, a quienes queremos o, incluso, iluso de mí, para que no mueran miles de desconocidos, pero que pueden ser tan conocidos como nuestro vecino del quinto o nuestro compañero de trabajo.

Pero no. En este tardocapitalismo, ni siquiera teniendo un gobierno supuestamente de izquierdas se pueden permitir centrarse en la salud pública por encima de la economía y aun muriendo cerca de 400 personas diarias, se va a seguir la rueda económica y no se va a confinar y, si se confina, se hará lo de Macron, que las escuelas y todos los trabajos sigan adelante. Evidentemente, algo se arreglará la situación, pero miles que podían haber sido salvados morirán y conviene decirlo.

Conviene tener claro qué tipo de sociedad somos, qué tipo de gobernantes y oposición a esos gobernantes tenemos. Saber quién dijo que las aulas eran lugares seguros. Saber quién decía que lo eran los bares y restaurantes cuando desde marzo había artículos en los que se demostraba que eran lugares perfectos para la infección por coronavirus si se usaban los lugares interiores y no se usaba mascarilla. Saber que hay quien viene a decir que la vida ha de continuar como antes porque la economía se está resintiendo mucho y eso es intolerable.

Pues bien, hasta aquí. Esta es mi conspiración. La mejor conspiración de todas puesto que no es posible descubrirla. Ya está descubierta. Es una conspiración de luz y taquígrafos: se ven los muertos diarios, los infectados diarios y las medidas gubernamentales que se están tomando y ya la tienes. En realidad, es la anticonspiración o, más terrible, nuestra realidad.

Es evidente que si el covid se quedara entre los humanos para siempre, habría que pensar que infectarse sería algo absolutamente inevitable. Sería como una prueba de fuego para cada uno. Lo coges, esperas, puede que no te pase nada, puede que mueras, puede que te quedes mal y no mueras, pero así sería. Pero el asunto es que DICEN que habrá una vacuna en los próximos meses y hasta donde llega mi comprensión las vacunas se usan para no infectarse de un patógeno. ¿De verdad que estamos dejando que mueran miles en los próximos meses si habrá una vacuna también en los próximos meses? Si siguen muriendo 400 al día en noviembre, tendremos DOCE MIL MUERTOS más a final de mes y si son, con suerte, 200 en diciembre, habrá que sumar SEIS MIL MUERTOS más hasta final de año. Dieciocho mil muertos que unir a los 35000 que dicen el gobierno y a los 50000 que dicen sus opositores derechistas. Eso sin contar a todos los muertos de enfermedades graves que no se están tratando por culpa del covid. Y cada vez son más.

Mi solución es tan sencilla como cara: confinen tal como se hizo en marzo, pero dejando un rato para salir a pasear SOLOS puesto que es evidente que pasear solo jamás ha producido un solo caso de infección. Todo lo demás es contrapeso MUERTOS/ECONOMÍA y, paradójicamente, vamos perdiendo en ambos lados de la balanza. Y la idea que no se me va de la cabeza: que somos números en una ecuación usada para averiguar cuál es el número de muertos admisible.

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