Espantado me hallo ante declaraciones de políticos de PP y VOX en las que se pone en cuestión que ser rojo en España pueda ser legal.

Nada nuevo bajo o cara al sol, sin duda. Ya se pasaron cuarenta años de dictadura en la que ser rojo al principio te costaba la vida y luego cárcel. Lo significativo es que esa dictadura acabó en 1977, cuando se realizaron las primeras elecciones democráticas.

Hace cuarenta y tres años, bramaban Blas Piñar y Manuel Fraga contra “los marxistas”, pero ciertamente nadie (tal vez solo Fuerza Nueva) quería ahondar en la ilegalización de los partidos de izquierda, fuera el PCE o partidos regionalistas o independentistas.  

Pero ahora todo odio es lícito. Hablan de comunismo como si toda la izquierda española fuera comunista. Como si Podemos fuera un partido comunista. Precisamente nació Podemos para acabar con el PCE o, cabría decir, porque el PCE estaba acabando.

La estrategia de la derecha más rancia es la ilegalización. Ellos son intocables y se pueden permitir lujos como alentar a que se acose al vicepresidente y  una ministra en su domicilio (los putos rojos no pueden vivir en chalets ni ser vecinos de gente respetable patriota española) o salir a la calle a montarla en plena pandemia mundial en la Revolución de los Cayetanos que fue, entiendo, porque consideraban que el gobierno había hecho una mala gestión del coronavirus, precisamente, la misma gestión que Italia o Francia y bastante mejor que Estados Unidos, Reino Unido o Brasil donde gobierna la derecha o la extrema derecha. Que nadie olvide que el lunes posterior a la declaración del estado de alarma, Santiago Abascal estaba diciendo “España no puede parar”. Luego los mismos querían llevar al patíbulo a otros por no haber parado antes, pero al mismo tiempo decían que tampoco había que parar ni en el peor momento. Esquizofrenia programada.

Como ilegalizar por rojo queda como mal de cara a la opinión pública internacional, lo que parece estar tramando la derecha política y mediática es convertir a Podemos en criminales.

¿Cómo se convierte en criminal a un partido político y a sus líderes si no realizan actos criminales?

Hay que utilizar la hipérbole como arma y la tergiversación como táctica.

Si un director de revista le da una copia a Pablo Iglesias de la tarjeta que le han robado a Pablo Iglesias para descubrir secretos para hundir a Pablo Iglesias y a su partido Podemos, entonces manoseamos, mezclamos, manipulamos, metemos todo en un cubo de azufre y llegamos a decir, prácticamente, que igual Pablo Iglesias va a la cárcel porque le robaron una tarjeta. Así está España en 2020.

Ahora viene lo de la financiación del partido. ¿Que el Tribunal de Cuentas le pide a Podemos medio millón de euros porque no se han gastado ese dinero en seguridad? Titularazos y trullo preparado para esos ladrones rojos que nada menos que han echado al honorable don Juan Carlos I para desviar la atención sobre esto, cuando el Tribunal de Cuentas cada año exige a los partidos devolver dinero supuestamente mal gastado y esos partidos se chotean del Tribunal de Cuentas como si fueran adolescentes con sus padres regañándoles sin mucha convicción.

¿Y culpar a Podemos de que Juan Carlos se fugue? ¿Pero qué tendrá que ver Podemos con los cientos de millones ocultos al fisco español y con lo que la fiscalía de Suiza (a Juan Carlos la española le importa tres pepinos porque si se acerca el hombre por allí, se le cuadran todos como si fuera un pase de revista del ejército) pueda considerar ilegal?

En resumen, preparar el camino para un Lulazo, para meter en la cárcel a Iglesias de cualquier modo y por cualquier cosa, ilegalizar a Podemos o, en su defecto, obligar al PSOE a desestimar a Podemos como socios de gobierno por “criminales”.

Pero no hay crimen. Hay ideología. Ser rojos. Ser de izquierda. Pedir justicia social. Practicarla.

Hemos de estar muy atentos. Nosotros (la izquierda real de este país) no somos tan ruines como ellos ni pedimos la ilegalización del PP por corrupción generalizada y por destrucción del medio ambiente aparte de destrozar la Sanidad Pública y también la Educación, pero tampoco deberíamos permitir que ellos pidan la nuestra o que determinadas personas de izquierdas tengan que irse de bares porque los herederos de Fuerza Nueva les vuelven a perseguir tal como sucedía hace cuarenta años (leer La transición sangrienta de Mariano Sánchez Soler).

Pablo Casado sí parece pedir la ilegalización de la izquierda en España. Y eso es muy grave. Como casi todo lo que está pasando en España este año, eso es gravísimo. No lo dejemos pasar como si fuera normal.

Cambiando un poco lo que dijo aquel, elevemos a la categoría política de anormal lo que en la calle, simplemente, es anormal.

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