Estaban el otro día unos cuantos indepes, muchos a decir verdad, intentando insultar a Jordi Évole llamándole “equidistante”. En cuentas de twitter de ultraconservadores españoles (ya no existen fascistas porque ahora todo es derecha o derechita cobarde), también se ha usado el término para atacar a todo aquel que no entienda la realidad de España con la misma óptica represiva que ellos. Se trata de polarizar tanto la situación que quien no tome partido es culpable, casi más que tu rival/enemigo. Aquí no se salva nadie. ¡Esto es España, coño! ¡Que es España, coño! Y así podrían haberse tirado Tejero y García Carrés varias horas hablando si no fuera porque el primero estaba atareado dando un golpe de estado.

Yo soy equidistante también. No soy catalán sino andaluz. No soy un español de los de “soy español, español, español” ni de los que llaman “lamejeques” a los que, presuntamente, insultan a su patria. Soy español porque nací en un territorio que forma parte del estado español y mi pasaporte deja bien claro que soy nacional de España. Otro tema es mi resquemor personal por un estado que continúa, en muchas de sus estructuras, perfiles y sentimientos (que no en todos) el estado nacido de otro golpe de estado más exitoso que el de Tejero, el de julio de 1936.

No podemos decir que la España de estos cuarenta años ha sido la que imaginó Franco para después de su muerte. Eso es una falacia. Se habría muerto Franco mucho antes si un adivino le hubiese dicho que un año y medio después de su muerte habría elecciones y ya ni te cuento si le dicen que el PCE podía presentarse así como el PNV o los sediciosos (nunca mejor dicho cuarenta años después) catalanes de Pujol.

Pero sí es cierto que el fascismo de ese régimen ha sabido esconderse durante años como hacen algunos virus para dar la cara más adelante, cuando los tiempos sean más propicios. Así nos encontramos una Ley Mordaza hecha para reprimir con naturalidad y tranquilidad porque está claro que si sales a la calle a protestar, eres un indeseable a menos que lo hagas en Colón con las banderas de España porque hay un globo sonda de un relator de no sé qué. Entonces sí mola protestar. Como buen patriota. Nos encontramos con condenas de opinión a raperos o músicos por insultar a la monarquía. A César Strawberry de Def Con Dos, los políticos del PP le llaman “terrorista” y se quedan tan panchos. Lo dice un tribunal de justicia.

La justicia. Esa dama ciega que en España tiene tanto resto visual que no le dejarían ni vender la ONCE si lo intentara.

Me parece que los indepes no obraron justamente en aquellos días del otoño de 2017, cuando decidieron ser independientes del estado español obviando que la mitad del electorado catalán no estaba de acuerdo con el referéndum y así habían votado dos años antes. No se puede montar un referéndum como el que monta un festival de música. A cholón, que dice un mesetario conocido mío.

No se puede tomar una decisión tan importante como la de independizarse de un estado al que llevas unido, con más o menos ganas, siglos con un referéndum que nadie creía – ni los que lo organizaban- que podía ser considerado válido. Aparte del boicot español que hacía que las garantías de cualquier votación democrática que se precie fueran mínimas o nulas, estaba el hecho de convocar ese referéndum con una mayoría parlamentaria, pero con un cincuenta por ciento de la sociedad solo de tu lado. ¿De verdad tuvo sentido eso? ¿De verdad se puede sentir orgulloso el independentismo catalán de eso?

Luego ya tenemos a la España de siempre. La España que va retrasada respecto a otros países y dice “vale que os habéis montado esa juerga, pero ahora la vais a pagar. Y la vais a pagar cara”.

Puigdemont se quitó de en medio a la velocidad de Vinicius. Lo mismo hicieron otros consellers que no tenían ganas de pisar una cárcel española. No les culpo. Solo hay una vida y no es cuestión de pasar parte de ella encerrado porque no seas español de bien. Aún menos culpo a Anna Gabriel, de las pocas personas metidas en este embrollo que admiro. Ella no tenía ningún cargo de decisión, pero viendo el curso de los acontecimientos parece evidente que se habría comido, mínimo, unos cuantos meses de cárcel. Por indepe, por roja, por perroflauta y por antisistema. Anda. Mira tú qué bien. Y Ortega Smith de diputado de las Cortes. Que no vayas a comparar la democracia de Ortega con la de Anna Gabriel, esa terrorista.

En fin, que después de dos años y de prisión provisional sin fianza para unos cuantos consellers y para los dos Jordis, sale la sentencia y es la que todos conocemos. Junqueras que se muera en el trullo. Los demás, una década de su vida. Y los Jordis, nueve años. Nueve años de cárcel porque se subieron a un coche con un megáfono y la secretaria del juzgado no pudo comer en doce horas (en el juicio se demostró que se comió un bocata) y tuvo que salir por la azotea del edificio.

 ¡Esa es la democracia y la justicia que me gusta de mi país, claro que sí! ¿Cómo va esa señora a tener que salir por la azotea y estar encerrada con miedo dentro de la Conselleria de Economía pensando todo tipo de escenarios y encima pasando hambre? ¿Hay derecho a eso? Y hablando de escenarios, por un teatro contiguo tuvo que salir entre actores y mossos. A eso no hay derecho. Por lo tanto, nueve años de cárcel para los Jordis que no tenían ninguna responsabilidad política y cuya violencia mayor se circunscribe al asesinato de alguna mosca o mosquito molesto para sus personas y/o familias.

Entonces, ¿puedo pensar que España es un país tan democrático como quisiera y que los tribunales dictan sentencias sin prejuicios nacionalistas? No, no lo pienso. ¿Puedo pensar que los indepes obraron bien al montar aquel referéndum y a pensar que su resultado era vinculante para declarar la independencia del estado español? No, no lo pienso.

Por tanto, soy equidistante. De hecho, creo que esa equidistancia es lo único que puede salvarnos de acabar como Bosnia, a finales del siglo XX. Allí tampoco se aceptaba la equidistancia y así acabó todo. Aquí no hay armas para los indepes. Solo indepemillenials montando barricadas, tirando piedras y prendiendo fuego a cualquier cosa. También le han dado fuerte a Rufián por “equidistante”. Y es que el mastuerzo prototípico quiere y exige lealtad y penaliza con fuerza y rabia la disidencia intelectual o emocional. O conmigo o contra mí. Pues mire, señor mastuerzo indepe o señor mastuerzo nacionalista español: ni con uno ni con otro. Y si algún día no se puede elegir porque de ello depende tu vida (como pasó en el verano del 36), pues haré las maletas e iré a Suiza a decirle a Anna Gabriel que me gustaba mucho como política y que lamento que no pueda vivir en su país y en su casa rodeada de quienes ella -y con toda la intención va este verbo- estime.

Imágenes:

“Jordi Évole” by Jot_Down is licensed under CC BY-NC-ND 2.0 

“Independence above commerce: The Estelada hangs on a balcony above the Fulanitu i Menganita furniture store, Gràcia, Barcelona” by Spencer Means is licensed under CC BY-SA 2.0 

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