Traigo aquí otro poeta malagueño, como María Eloy y Sergio Franco, pero no hay problema con que se me agoten porque en Málaga sólo hay dos productos exportables atendiendo a la cantidad: turistas y poetas. Si bien sería raro exportar a los primeros (ya se exportan a sí mismos cuando vuelven a sus casas, siendo reemplazados por otros que se importan a sí mismos – y tal vez a sus seres queridos-), estaría bien poder exportar a los segundos si bien no físicamente, sí sus poemas y su obra.

Gotor (se llama José Luis, pero cuando uno tiene un apellido tan poco común en el sur, casi mejor explotarlo como sello único e irrepetible) es un poeta hecho a sí mismo. Leyéndole es muy evidente varios referentes poéticos siendo Benedetti y Bukowski quienes más saltos dan para verse entre los versos, sin olvidar las letras de canciones y poemas de Leonard Cohen y otros como Lou Reed, Ángel González y tantos más porque todos nuestros textos han sido ya textos de otros y sólo nos queda mezclar de un modo más o menos certero, no porque no todo está escrito –que probablemente- sino, más bien, porque hay tiempos nuevos que escribir. Sea con las herramientas que sea.

¿Por qué entonces este Gotor es un poeta hecho a sí mismo? Porque jamás ha participado de la patulea de poetas que abrazados avanzan sobre los días con sus poemarios editados por bandera y sus ínfulas de diosecillos culturales como escudo para protegerse de la realidad. La realidad que dice que la poesía y los que escribimos poemas importamos una reverenda mierda al resto de la humanidad.

Algunos poetas son como ese personaje de Pequeña Miss Sunshine interpretado por Steve Carell que dice ser el mayor experto en Proust de USA, pero está de veras deprimido porque su ex le ha dejado por el otro gran experto en Proust de USA. Y ya duda quién es más experto. ¿Quién es el mayor experto en Proust de USA y a quién carajo le importa?

Gotor es muy consciente de este estado de las cosas por lo que anda por el mundo despojado de arrogancia alguna y escribe porque le es natural hacerlo, porque necesita dejar por escrito ciertos días, ciertas ideas, ciertas sensaciones que dentro duelen, molestan o, sencillamente, es más agradable cuando están fuera. Y si, además, como es el caso, fuera ganan premios y recogen algo de cash que llevarse al coleto, pues tanto mejor.

Traigo, para empezar, este poema que está en su plena adolescencia, casi pensando en echar su primer polvo está este poema. Fue parte del poemario con el que Gotor ganó el Segundo Premio de Poesía Málaga Crea 2004:

Repasando octubre

Abrigar la necesidad de una respuesta

dar la espalda al estereotipo

a veces se muere alguien

no siempre lloramos con los ojos

hablamos más que mentimos

y eso no siempre resulta eficaz

tenemos café                         tabaco             muebles viejos

grietas en el techo y en el bolsillo

este octubre lluvioso

que solo enamora los domingos por la tarde

este budista Leonard Cohen

este uruguayo Mario Benedetti

ese hervidero de cucarachas que es nuestra cocina

todos mis huesos me reconocen

aunque yo siga negándome en el espejo

no quiero repasar tristezas

solo pensarlo me entristece

este octubre también tiene lunes por la mañana

tú         Vanessa          sólo me miras en fotografías

quiero pensar que me miras desde ese trozo de papel

voy a intentar olvidar el significado de la palabra memoria

aunque esto sea algo así como un réquiem

a un yo que deduzco que ha muerto

las cucarachas toman un cocktail vestidas de luto

todo muy americano             aunque no hay ponche

entiendo su silencio como un síntoma de respeto

hay llamadas de teléfono que no habría que responder jamás

contemplar el mar azorado por una gran tempestad

a veces produce un balsámico efecto para los nervios

aunque en ocasiones se tenga opio más a mano

cuando me travisto de escritor

exploto los rasgos más bellos de mi fealdad

en el tendedero cuelgan al sol mis calzoncillos       calcetines

y mi capacidad de asombro

ya deben haberse secado

del mono vino el hombre o eso dicen que dijo Charles

murió sin embargo antes de averiguar el antecedente

del fumador pasivo

¿el neandertal apagafuegos?

este presente de ahora mismo que ayer fue futuro

y mañana pasado reciente

deja de existir al releer estas líneas

desgarradoramente triste como la rutina de los beatos

abrasadoramente triste como la mentalidad de los beatos

psicópatas hay en todas partes

llámense jefes o conductores o presidentes

o carniceros o estanqueras

algunos de ellos pasaron por mi vida

y también por mi cama

en resumidas cuentas

este octubre se agota

game over

como diría cierto amigo argentino

ya se cae a pedazos octubre

vendrá noviembre sin más

y seguiré necesitando respuestas

de espaldas a toda clase de estereotipos.

El primer Gotor. Humor irónico dentro de una suave desesperanza que sabe él – y deberíamos saber todos- que siempre estará ahí. Con todo, siempre habrá hallazgos, Vanessas, amigos, amores y si tu piso está infestado de cucarachas, como lo estaba el piso en el que escribió este poema, qué mejor que invitarlas a tus poemas, darles un rol, hacerlas tus amigas porque si no puedes matar a todas las japutas, al menos, comparte tu vida con ellas y sigamos “lo más bien” que diría aquella bella mujer, uruguaya también, como nuestro común amigo Don Mario.

“vendrá noviembre sin más”. Porque así es este asunto. Que no hay tiempo muerto ni somos capaces de matar el tiempo para encontrar un momento de reflexión. Por eso aunque “y seguiré necesitando respuestas”, no esperes, Gotor primario, que va a ser tan fácil encontrarlas. Antes al contrario, vamos a seguir recolectando preguntas por estos campos del señor sin hallar, jamás, una respuesta válida si entendemos por válida una que nos valga para siempre.

Dorian Gray o José Luis Gotor Trillo allá por 2003, en el piso donde las cucarachas asistían a cocktails:

Fue cambiando Gotor. Me refiero a su poética porque el cabronazo es lo más parecido a Dorian Gray que te puedes encontrar en sus ya cuarenta candados abiertos a hachazos y a versos a quemarropa. Con este poema “Muerte de otro poeta” ganó un premio en Mijas hace dos años:

Muerte de otro poeta

La verdad es que la intención era otra.

Yo pretendía

y a sus pies me postro

desperezarle los cabellos enjaulados

decirle seis cursiladas de manual

proponer café o misterio

pretendía hacer de otros para ser yo mismo

yo buscaba inventarle un refugio de palabras

donde protegerse de los temporales de la duda

donde cobijarnos si el plural ardiese deseado

yo perseguía bautizar a la primavera

con ríos de razones para soñar con nomeolvides

con metáforas de tinto a ras de piel

yo anhelaba darme a luz en estas letras

Le suplico pues que perdone la torpeza.

Yo codiciaba

y ya su bondad parece legendaria

confeccionar el aire donde sembrar el elogio

escapar de la copa como placebo y de la lágrima toxicómana  

vertebrar un par de endecasílabos

aunque no conmovieran        como éstos  

quería descubrir si existe el arroyo

donde se bañan los quizás.

Hiperbólico le agradezco la comprensión.  

Disculpe la osadía y no se preocupe,

abandono la lírica de inmediato

y me acomodo en mi nuevo despacho.

Nos hicimos mayores – tampoco podíamos evitarlo, qué carajo- y los poemas de Gotor empezaron a llenarse de metáforas sin perder su capacidad para el diálogo. Fueron puliéndose los versos a medida en que las lecturas van afeando los primeros poemas donde nos vemos inocentes y pueriles, porque ya no somos eso y hasta nos sorprende que una vez lo fuéramos. Pero lo fuimos. Y sin aquello no habría ni podría haber esto. Esa es también la belleza del asunto. “Vivir de corrido”, pero haciendo poesía, Silvio.

Y tan contentos de que Gotor, ya más civilizado, ya con menos o ninguna cucaracha en su cocina, siga produciendo textos para retorcer y estrujar las palabras y ser capaz de alumbrar una imagen o una metáfora en ese verso cuando parecía que iba a sonar el gong y se terminaba el asalto. Eso es también el mérito de este poeta. Porque entre las voces de Mario, Hank y Leonard ya aparece también la suya, no como un dueto sino como un monólogo de poeta cierto, un poeta de verdad que no necesita masajes del establishment, que entiende toda la fealdad del asunto y por eso evita las cuartos oscuros con “dueños” de editoriales o la complicidad con esos próceres que no se sabe muy bien por qué (Imagine y no precisamente de John Lennon) abren las puertas de incautos jovenzuelos/as que creen haber llegado al Nirvana y resulta que ahora empieza tu obligación de vender el libro. Porque nada hay sagrado en este puto mundo y se prostituyen hasta las monjas por cinco minutos de prime time.

Hablando de prostitución y ya acabando, pongo aquí un poema que escribió Gotor en, o a la vuelta de, Tailandia, cuando comprendió que si bien en todos aquellos establecimientos de masajes se daban masajes, en algunos – bastante identificables una vez allí- no sólo se daban masajes:

Posibilidad de final feliz           

(a las mujeres de los salones de masaje de Tailandia)        

de nuevo el ejercicio de olvidarse

mientras abandonas el dudoso palacio arrabalero

mientras la noche que llega y esta humedad

mientras cien mosquitos y este barro eterno

estas suelas rotas del maldito tsunami

este blanquito centroeuropeo ya tan ebrio o quizá aún

olvidarse de recordar el presente y tu nombre tan ajeno

olvidarse el corazón y el asco y olvidarse sobre todo de la niña

olvidarse del hambre y los somníferos

olvidarse de aquello que solo fue un sueño

y alejarse del cuerpo propio lo más posible

de nuevo la rutina del vicio se especifica aquí en Bang Tao

de nuevo mientras la calle se principia y las luces ya tan rojas en la oficina

y hay que pensar en la niña y olvidarse de cuántos te habrán

pensar en bahts y en crema de manos

en el bolso siempre cerca bien preñado de condones

en la sonrisa tan difícil e incluida en el servicio

pensar que no hay miedo aun sabiéndose inquilina

pensar en masajes que nadie se cree

entrar al gélido deseo por la puerta de empleadas

ponerse lo mínimo y exhibirse lo antónimo

y de nuevo el ejercicio de olvidarse

enfrente de tus esfuerzos de olvido y escote

ya sin duda de noche y con esta humedad

sucumbe en una terraza para primermundistas

la cerveza de otro turista cincuentón

y os miráis y él te hace así despacio con la cabeza

tú desearías que le dolieras en el corazón

pero algo de cotidiano en su sonrisa te dice

que apenas serás

una vez acordado el precio

otro souvenir

otro nimio jarrón en su pasillo del remordimiento.

No es fácil escribir un poema que es como un cortometraje en el que todo lo ves a través de esos versos. Por otra parte, me parece sublime el verso final “otro nimio jarrón en su pasillo del remordimiento” que hasta nuestro querido Don Mario, witja mediante, quisiera reclamar para sí mismo. Y no es fácil que Don Mario, en toda la paz ganada a pulso en una vida de buena persona y mejor poeta, quiera molestarse en reclamar verso alguno.

Gotor en el Lago Ness con más frío que siete viejas:

Y ya para terminar y demostrar que hablamos del mismísimo Dorian Gray sin que nadie haya apuñalado su retrato, una imagen actual del interfecto:

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