Llevaba tiempo dándole vueltas a tener un blog y colgar poemas, textos, novelas, listas de la compra, recetas de enemas, la fórmula de la puñetera coca-cola y unos cuantos etcéteras que pudiera ocurrírseme.

Varias razones me detenían. La primera es que poco me importa llegar al público. De hecho, no existe tal cosa como el público. El público es una invención o, en realidad, todos somos público por lo tanto no podemos entender ese ente como algo diferenciado o distinto de nosotros mismos y quienes nos rodean.

Público soy yo cuando me releo o tú cuando alguien te pone un texto delante sin siquiera algo de anestesia.

En realidad, caímos como imbéciles en las garras de los negociantes y saqueadores que se quedaron con la pasta a costa del esfuerzo y el talento de otros y otras, al igual que los intermediarios se quedan con el dinero de las patatas cuando son otras las personas que hacen el esfuerzo de plantarlas y recogerlas.

Por eso, antes de ahora y el malbendito Internet, la gente se dejaba los sesos sobre un texto, muchas veces las yemas de los dedos sobre la prodigiosa y sensual Olivetti 64, pumba, pumba, pumba y ya cuando se decidía, se escribía la palabra fin y se buscaban las direcciones de las editoriales.

Las editoriales, imagino, no tenían un batallón de seleccionadores de textos esperando que a Pedro Lima Pérez de Betanzos, A Coruña, se le ocurriera escribir una novela y allí estaban esperando para poder leer lo que a Pedro se le hubiera ocurrido mientras molestaba a los cohabitantes de su casa y, tal vez, a los vecinos con ese Olivetti taladrando las tardes mientras Perico pensaba que estaba pariendo Ulises. Lejos de ello, me da que las editoriales, antes y ahora, se la sudaba muchísimo lo que hubiera querido ser Pedro en la vida y todo lo que Pedro pudiera pasar del blanco al blanco marcado por signos de un código usado para significar. Oh, sí, la puta película americana en la que Pedro, Peter, escribe la novela y la editorial lo flipa y luego aparece el libro en las estanterías de las librerías de Nueva York. Lo’ cohone’ el Lele.

Pedro mandaba el libraco después de haberse gastado lo más grande en fotocopias y en encuadernación y, en el mejor de los casos, alguien leía unas cuantas páginas y lo tiraba a la basura. En el peor, alguien lo tiraba a la basura sin leer una sola página. Y luego ya está el modo pirata en el que la editorial recibe un original que gusta, pero como lo ha escrito Pedro Lima Pérez pues se le manda a algún escritor de la editorial para que le cambie un poco la chapa y la pintura, pero manteniendo el motor igual con lo que Pedro, años después, lee el libro que era el suyo, pero con cambios y

  1. piensa que ese célebre escritor tuvo la misma idea que él, vaya casualidad
  2. se caga en los muertos de la editorial y del escritor, pero tampoco puede hacer nada porque ponte tú a demostrar que ese vil acto ha sido realizado por una editorial de prestigio cuyo dueño ha comido en La Zarzuela más de una vez o cuyo escritor ha vendido millones de libros y ha recibido los más insignes premios y cómo carajo se le ocurre a alguien pensar que ha plagiado a un tal Pedro Lima de Betanzos.

No, imposible. La verdad es la verdad que nos dice Pedro Piqueras, Matías Prats o Ana Blanco y deja de pensar conspiraciones y mierdacas varias porque todo es evidente para el espectador (público) porque ahí están los imparciales medios de comunicación para salvaguardar la verdad empírica y desnuda, absolutamente nada que ver con ningún interés empresarial respecto al relato que cale en la masa. Y la luna está hecha de queso Camembert.

Por tanto, me parece interesante saltar a las editoriales como si se tratase de un charco con barro y restos de heces de animales o humanos. E Internet permite eso. Por unos pocos euros al año, te dan estos un portal para publicar.

¿Pero si no te importa el público para qué carajo vas a publicar?

Como dijo Whitman: “¿Me contradigo? Es que soy muchos”.

Pues sí, soy muchos. Me dominan varios yoes en cada momento del día. Como la canción de Crowded House, Four seasons in one day, dependiendo quién esté a los mandos aquí arriba, opero de un modo u otro.

Hay días que un yo se ha apropiado enteramente de mí y no deja que otro yo me domine. A veces, puede durar eso semanas o meses. Luego aparece otro y otro otro. Soy múltiple, uno y trino, como los pájaros enjaulados a quienes se les abre la jaula y retrepan hacia dentro. También soy ese mierda, sí.

En cualquier caso, a nadie ha de importar quién sea el autor por eso escribo con seudónimo. Mentira.

Escribo con seudónimo por culpa de mi profesión en la que trato con cientos de personas y no tengo ganas de explicar ningún texto a ningún pseudo desconocido y, menos aún, que de algún modo sea juzgado por ellos.

Además, hay gente que no se toma a bien estas cosas de ir a la contra, rascarse los sobacos, en resumen, imitar con poca fortuna a aquel trabajador de correos alcohólico al que le encantaba apostar en el hipódromo y que de algún modo se hizo mundialmente famoso pariendo textos como hijos la mujer de Ruiz Mateos. Ciertamente, en alguno de ellos me conmovió. Y como dijo alguien que conocí una vez – resultó ser con el tiempo bastante impresentable, pero hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces por día- “necesitamos conmovernos”.

Por lo tanto, como

  1. jamás pensé que mi nombre real mereciera aplauso
  2. me importa la trascendencia literaria tanto como la cotización del zloty
  3. tampoco es que piense que mis textos o mi seudónimo vayan a trascender. El tema es que google es capaz de encontrarte al lateral derecho del Mortadelo juvenil preferente de mediados de los noventa, ese que cuando entré en el campo de la Renfe aquel día para los últimos veinte minutos le dijo al central que no habría problema conmigo. El muy cabronazo. Dos años menos que tú tenía, cacho cabrón. Por desgracia, tenía razón el sesomierda y no hubo problema conmigo.
  4. No quiero a conocidos ni vecinos googleando mi nombre real.
  5. Me gusta el efecto nazareno, el ver, pero no ser visto. Observar el mundo sin que haya ninguna manifestación ad hominem.

Entonces por todo ello soy Charly Beteta y he creado este blog para ir poniendo textos. Eso sí, tienen ciertas taras:

  1. son textos (poemas o relatos) que no voy a presentar a esa curiosa cosa que son los concursos literarios (en los que igual se gana un kilo de chopped, pero quieren virginidad de publicación incluso de internet esas criaturas y son las criaturas que ponen las condiciones ). No lo voy a hacer porque no creo que puedan ganar por su calidad o porque no creo que puedan ganar por su contenido, pues la mayoría de esos concursos son pagados por ayuntamientos y no tiene el concejal de cultura ganas – y aun menos el excelentísimo alcalde- de ponerse al lado de un, pongamos, Irvine Welsh que presentara un relato en el que Spud se caga en las sábanas en la casa de su novia y a la mañana siguiente, la madre de ella tira de esas sábanas hasta provocar una lluvia de mierda en su cocina. Por más hilarante que me pueda parecer – y no es fácil hacer reír mediante la literatura-, los concejales de turno no quieren que esos textos sean premiados en nombre de su ayuntamiento. Puede que, de hecho, el ayuntamiento de marras haya tenido más corrupción y menos ética que toda la pandilla de Renton cuando estaban enganchados al jaco, pero eso es otro tema y lo importante es hacerse la puta foto, echar el día y a otra cosa. Obviamente, tampoco quiere el ayuntamiento de turno dar un premio a alguien que ellos consideren demasiado rojo. Digamos que hay un grado de rojez aceptable, incluso para un concejal del PP, pero tampoco te vayas a pasar de rojo y nos confundamos, eh? Que esto es España, after all.

Por tanto, es este un blog para poemas o relatos con los que no voy a ganar un duro. No es que con los otros vaya a ganar una puta mierda, pero alguna posibilidad más hay. So to speak.

Dado que el blog es mío, iré poniendo lo que me salga del mondongo. No sólo textos propios sino de otros poetas; textos breves de otros escritores; música, arte, reflexiones. Lo que apetezca.

PD: fotos tomadas de Pixabay (skeeze (bolsa), Luis Fco Pizarro Ruiz (nazareno/a)). La de Edimburgo es mía y la de la piedra de Mostar también.

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